Cinque Terre

Fernando Dworak

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El derecho de réplica según el ejecutivo

Quien define el significado de las palabras gobierna. Por ello se ha visto en este espacio la forma en que numerosos términos han cambiado de contenido y se han usado fuera de contexto con el fin de apuntalar la legitimidad de un régimen. Es útil conocer la forma que el lenguaje es alterado para no caer en las trampas del gobierno: usar sus expresiones es fortalecerlo.

El ejecutivo ha dicho en repetidas ocasiones que ejerce lo que llama su “derecho de réplica” a través de sus conferencias matutinas, particularmente mientras descalifica e insulta a medios que no le son afines. ¿Qué significa esto? ¿Cómo debemos tomarlo?

Una definición técnica del término es: el derecho de toda persona a que sean publicadas o difundidas las aclaraciones que resulten pertinentes, respecto de datos o informaciones transmitidas o publicadas relacionados con hechos que aludan, que sean inexactos o falsos, y cuya divulgación le cause un agravio ya sea político, económico, en su honor, vida privada y/o imagen a un imputado.

FOTO: MISAEL VALTIERRA /CUARTOSCURO.COM

¿Le corresponde a una institución ejercer un derecho de réplica? No: le corresponde informar, con apego a las leyes de transparencia. Este proceso no siempre es completo, por lo que se requiere de una prensa crítica que presione y ponga a la luz lo que un gobierno desea mantener en la opacidad. Así funcionan las democracias.

Veamos la forma en que el término se tergiversa. En primer lugar, el ejecutivo se asume no como el titular del poder ejecutivo, sino como la encarnación del mismo: toda crítica y cuestionamiento no son parte del juego democrático, sino ataques personales. De esa forma afianza sus afirmaciones ante su público como algo más verídico que cualquier dato oficial.

Sus declaraciones y los desmentidos de las dependencias o todo dato oficial que le contraste son parte de una estrategia de comunicación orientada a meter en una ruta de desgaste a la opinión pública. En palabras de Leo García, se trata de una estrategia basada en cuatro “D”: desmentir, distorsionar, distraer y desanimar, donde las conferencias matutinas son una pieza clave.

En segundo lugar, el tono de amenaza contribuye a la polarización en la sociedad. Si él encarna al gobierno, entonces lo que dice no es un insulto, sino la verdad. Por lo tanto, él no es parte del ambiente de linchamiento que se fomenta contra la prensa: eso lo hace el “pueblo bueno”.

El uso del término no es nuevo, e incluso ha apelado a su “derecho de réplica” para evadir toda explicación de sus actos y encausar cualquier discusión a terrenos que él puede controlar. Así sucedió a finales de 2000, cuando en lugar de debatir con Diego Fernández de Ceballos lo denostó y lo presentó como miembro de la “mafia del Poder”. También hizo lo mismo en abril de 2005, cuando presentó una larga cátedra sobre victimización ante la Cámara de Diputados, en vez de explicar su causa ante un inminente desafuero. Por lo tanto, también es una estrategia de comunicación que le permite al ejecutivo reforzar su discurso personal, mientras se dirige a su público y refuerza su imagen y legitimidad ante ellos.

¿Qué hacer? No se recomienda reaccionar directamente, pues se cae en su juego. En lugar de esto, hay que refrendar el derecho a la libre expresión. Es necesario ignorar los calificativos y trampas discursivas, como asumir que el diario Reforma es un medio “fifí” o un “pasquín de la derecha”: conviene señalarlas como las falacias que son. También se recomienda usar las herramientas que tenemos como ciudadanos para contrastar, como la transparencia pública, el acceso a la información. Representemos algo distinto: podemos hacerlo mejor.

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