Cinque Terre

Orquídea Fong

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Periodista/comunicóloga egresada de la UNAM.

Dejen trabajar a AMLO, por dios

FOTO: SAÚL LOPEZ/ CUARTOSCURO.COM

No sé cuantas veces, pero muchas, he leído y escuchado la frase “dejémoslo trabajar y exijamos cuando ya haya tomado posesión”, para referirse a las críticas que muchos hacemos al actuar de Andrés Manuel López Obrador.

Curiosamente, es lo mismitito que decían los simpatizantes de Fox a todos los que lo criticábamos como candidato o como presidente. El propio Fox hizo del “no me dejan trabajar” la coartada perfecta para sus innumerables pifias y la justificación ideal para no cumplir el paraíso de ensueño que le prometió a sus votantes.

Paraíso de ensueño que, detalles más, detalles menos, se parece mucho al paraíso de ensueño que AMLO prometió a los suyos.

A quienes aman y respetan a López Obrador, las críticas en su contra les resultan ofensivas y estorbosas. Aún no es momento, dicen. Esperemos a que entre en funciones.

Como si el señor no estuviera ya impactando la vida nacional desde el día UNO de su triunfo (para no contar los 18 años de campaña), sin haber tomado posesión. En todo caso, quienes tenemos que exigir que no actúe como presidente en funciones somos nosotros y que “deje trabajar” a Peña Nieto. Digo, para aplicar la misma lógica.

Como si no fuera real que tiene a Manuel Bartlett a su lado o como si él hubiera esperado a tomar posesión para avisar que no, no podrá elevar el presupuesto federal para Ciencia y Tecnología. O para reunirse con Donald Trump. ¡Y resulta que no lo estamos dejando trabajar! En fin.

Por otro lado, pasa algo muy interesante: hay quienes dicen que las críticas que hacemos no son periodismo. De hecho, hay quienes consideran que las críticas EN GENERAL no son periodismo. Por supuesto, difiero totalmente.

Lo grave es que no son solamente ciudadanos “comunes” (perdón la expresión) los que expresan tal postura. Lo hacen periodistas. Los he leído en algunos muros y en algunos chats de WhatsApp. Eso me preocupa, ya que es muestra del lamentable estado que guarda el periodismo mexicano. No diré nombres, que se quemen solitos.

A mí, en lo personal, ya me han señalado que critico en exceso al presidente electo y lo que no saben es que yo siento lo opuesto: considero he sido bastante omisa en analizar cada una de las señales que ha lanzado AMLO desde el 2 de julio a esta fecha ya que, por motivos que no mencionaré, no he tenido tiempo ni enfoque como para escribir más sobre esta importante etapa.

Pero sigo.

La falsa lógica que usan los partidarios de López Obrador establece que si uno critica al personaje, de alguna manera que no se explicita, no lo está dejando trabajar. Como si le estuviera uno agarrando una mano, vamos. Como si se le cayera un pedazo.

Al tiempo, se señala que él todavía no empieza su gobierno, por lo que no es criticable. No obstante, sus partidarios lo llaman “presidente” y lo aplauden por su firmeza, su claridad o lo que sea de bueno que vean en él y se congratulan de que la Cuarta Transformación ya comenzó.

Tales argumentos no resisten un mínimo análisis. Es un “sí pero no”. Para lo que les conviene, AMLO aún no es presidente, pero para lo que no, pues no es y háganle como quieran, nos dicen.

Además, claro, está el hecho de que, ya sea como Jefe de Gobierno del DF, presidente legítimo, aspirante, candidato, líder del PRD, líder de Morena, virtual presidente electo, presidente electo o presidente constitucional, AMLO es una figura política omnipresente desde hace muchos años.

Desde mi punto de vista, AMLO es la figura política más notable de las últimas décadas. Y no es elogio. AMLO incide, impacta, influye en la vida política. No hay nadie con su historia política y eso, desde cierto punto de vista (el de la admiración), asombra y embelesa. Pero desde el punto de vista del análisis, preocupa.

Su relevancia política obliga a observarlo y criticarlo. Periodista que no lo hace (lo haga público o no) en los presentes momentos, falla en su deber.

Los dichos, hechos y decisiones de AMLO tienen más peso que las de otros personajes y esto es así desde el año 2000, por lo menos. Es aún más notorio e influyente que su odiado archienemigo, Carlos Salinas de Gortari. Es por eso que yo, en lo personal, pongo el acento en él.

Y claro, para quien me ha leído de manera fragmentaria, pareciera que es mi único tema, sobre todo si me miran con los anteojos de “no critiques a mi presidente”. A ellos les digo: pues googlen un poquito, hijos, vean que mi universo temático es amplio. Si no, pues no googleen y ya, no pasa nada.

Yo seguiré, hasta donde me alcance el tiempo y la claridad intelectual. Es mi deber como periodista y considero que en estos tiempos, lo que falta es crítica y lo que sobran son elogios y votos de confianza.

A un político no se le da tiempo, paciencia ni confianza. Se le exige, se le observa y se le critica. Sea quien sea, venga de donde venga, y mucho más, si lanza señales tan ominosas como las ha lanzado Andrés Manuel López Obrador.

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