Cinque Terre

Martin F. Mendoza

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Periodista. Corresponsal de etcétera en Estados Unidos

De debates, expectativas, y estrategias

¿Quién pudo creer que el bufón que ocupa la Casa Blanca tuviera la más mínima intención de exponer una idea, compartir un punto de vista sincero, o aprender algo en un intercambio si no honesto, al menos formal? ¿Quién pudo pensar que no se comportaría en el debate como el perfecto patán que todos sabemos que es? La verdad es que nadie en su sano juicio.

Sus seguidores, la canasta de deplorables, entre los que se cuentan por supuesto, los extremistas “Proud Boys” a los que se negó a condenar, no se dan por aludidos. Tampoco lo hacen aquellos votantes “indecisos”. A estas alturas es dudoso que valga la pena invertir más tiempo y recursos en quien vacile acerca de las opciones, en quien esté calibrando si Biden “podrá hacer el trabajo”. La verdad es que en estos clústers de votantes hay mucho trumpista que no puede confesarlo, o más triste aun, no pocos que terminaran votando por corazonada, lanzando un “volado”, o simplemente no votaran. Lo que no tiene remedio, no tiene remedio.

La realidad es que esto de los debates es otro aspecto más de la necia insistencia del “sistema” en que hay resquicios de normalidad en Trump y su gobierno, en que su partido es en realidad una institución política y no una miserable tapadera del presidente más corrupto, incompetente, y peor aún, desquiciado en la historia de Estados Unidos. Nada, absolutamente nada, es normal en referencia a Trump, su partido, y sus seguidores. Esta insistencia, la cual asume que el país se encuentra en una encrucijada de opciones políticas altamente contrastantes y nada más, en realidad plantea un riesgo existencial como nación a Estados Unidos.

Así como las recientes publicaciones del New York Times, después de un arduo trabajo de investigación, demuestran que Trump es o un fracaso como empresario, o bien un descarado evasor fiscal en serie (lo más probable es que ambas cosas), la estrategia que el presidente está siguiendo en su campaña demuestra con total transparencia que él sabe que ya perdió la elección. Trump sabe que no hay nada qué hacer electoralmente hablando, y que todo se trata de preparar el terreno para la embestida judicial que prepara con la ayuda de sus secuaces.

Trump ya no va por más votos. Sus objetivos son mantener su base tan entera como sea posible (lo cual no es para nada difícil) así como sembrar la duda y sobre todo el caos en relación con los resultados de noviembre. Las impugnaciones que pondrá a andar serán tantas y tan absurdas que podrían empantanar el proceso por completo, demorarlo por todo lo que resta del año, y forzar una decisión en cortes (para ello ya se está encargando de “cargar” la Suprema Corte en una forma que le garantice el resultado cualquiera que sea el punto de conflicto especifico). Todo ello pasando, por supuesto, por el intento de manipulación de al menos algunas legislaturas estatales de mayoría republicana, a las que se trataría de forzar a desconocer los resultados locales para acabar otorgándole al presidente los votos electorales correspondientes. Ahí está Pennsylvania ya como ejemplo.

Entonces volvamos al horroroso debate y sobre todo a los debates que aún faltan (uno entre los candidatos a vicepresidente y dos más entre Trump y Biden). Si está claro qué es lo que busca Trump y cómo la plataforma que le da un debate maximiza sus ilegitimas ganancias, ¿para qué sostener más debates con él? No son pocas las voces que están urgiendo a Biden, a su campaña, y al Partido Demócrata, a cancelar al menos los dos debates pendientes, acaso dejando en el calendario únicamente aquel entre Mike Pence y Kamala Harris.

Biden ya cumplió, ya paso la prueba con un desempeño de bueno para arriba, no cayó en todas las provocaciones de Trump, pero sí le dijo dos o tres verdades en cuanto a su detestable personalidad. Mas importante aún, Biden se dirigió a la cámara (o sea a los hogares estadounidenses) en forma insistente, ignorando con frecuencia la pelea entre Trump y el moderador Chris Wallace, quien por otro lado no pudo evitar llegar a su “nivel de incompetencia” gracias a su timidez e indecisión en la primera mitad del debate, dejando que Trump “se le subiera encima” para ya no poderlo controlar por más que en la segunda mitad lo intentara.

Las primeras reacciones en la campaña de Biden expresan que, por supuesto que éste se presentara a los subsecuentes debates, ya que hay que seguirle dejando claro al votante quién es quién en las opciones. Esto es un error. Biden tiene muy poco qué ganar con los debates, él puede seguir trabajando en su campaña sin necesidad de servirle de comparsa a Trump. Los riesgos siempre estarán presentes por otro lado, una “metida de pata” de Biden por más inocente o corregida de inmediato que fuera, seria explotada ad nauseam por Trump y los republicanos. Habría que quitarle a Trump al menos esa plataforma.

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