Cinque Terre

Javier Solórzano

Debanhi

Con el caso de Debanhi Escobar han aparecido los peores vicios de la justicia. Bajo las condiciones en que vivimos en los ámbitos de la justicia, y en particular con la violencia de género. En cualquier otro estado del país en que se hubieran presentado circunstancias similares nos tememos que el desenlace hubiera sido parecido.

La muerte de Debanhi Escobar refleja el estado de descomposición social. Su muerte no es un hecho aislado, forma parte de los escenarios de nuestra vida cotidiana.

Lo que hay de fondo es el desprecio a la vida, pero sobre todo a la vida de las mujeres. Un elemento clave para entender el estado de las cosas es el hecho de que en la búsqueda de Debanhi se hayan encontrado los cadáveres de cinco mujeres, de los cuales poco se ha hablado y de quienes poco se sabe.

Debanhi Escobar con razón acaparó nuestra atención. El tema se volvió mediático, porque al paso de los días se tomó mayor conciencia del estado de indefensión en el que viven las mujeres, se cruzó de nuevo la indignación a lo que se sumó que su padre no dejó pasar ningún momento para colocar la desaparición de su hija como un asunto de todos.

Mientras esto sucedía, las autoridades se la han pasado entre contradicciones. El gobierno y la Fiscalía de NL nunca se pusieron de acuerdo para al menos tener una estrategia común informativa, lo cual hubiera podido responder a una sociedad harta, enojada e incrédula.

Fueron 13 largos días de búsqueda de Debanhi. Según las cámaras y los testimonios de sus amigas y amigos había regresado a una singular fiesta pública de la cual, para variar, las autoridades no tenían conocimiento. Según algunos testimonios, los peritos pasaron en varias ocasiones por el lugar en donde finalmente fue encontrada Debanhi.

En el proceso se dio por válida la primera autopsia en donde de alguna manera la joven mujer era revictimizada. En el camino se llegaron a decir muchas cosas las que con el paso de los días nos dimos cuenta que no tenían fundamento. Lo que cada vez era más evidente fue que las autoridades se enredaban entre su incapacidad, contradicciones y quizá intereses soterrados.

Más allá de las muchas cosas que se comentan sobre el señor Escobar, lo cierto es que nunca bajó la guardia, no dejó de insistir en que la investigación estaba trunca y que el desenlace de esta oprobiosa historia era muy distinto al que había presentado la Fiscalía.

Buscó la manera de que se hiciera otra autopsia, la cual fue filtrada al diario español El País. Si bien la nota es de quien la trabaja, de nuevo en un asunto de primerísima importancia nos enteramos por medios internacionales de lo que pasa en nuestro entorno.

La autopsia efectivamente muestra conclusiones muy diferentes de las que dio a conocer originalmente la autoridad. Debanhi Escobar, según el estudio, habría sido golpeada en la cabeza, violada y arrojada, ya muerta, a una cisterna por la cual, reiteramos, pasaron en varias ocasiones los peritos.

Los gritos desgarradores del señor Escobar haciéndole ver a la autoridad que habían pasado en varias ocasiones en el lugar donde encontraron a su hija se convirtió en un momento imborrable del doloroso caso.

Es desesperanzador lo que ha venido pasando. Debanhi ya se convirtió en un referente de la violencia contra las mujeres y también muestra la incapacidad de las autoridades. La lentitud con la que se llevó a cabo la investigación, la falta de conexión entre las autoridades y también, habrá que consignarlo, el remolino en que se metieron los medios y las redes provocaron que se fuera perdiendo de vista la necesaria pausa para entender las cosas, terminaron por ser parte del lamentable ruido en el desenlace de la muerte de Debanhi.

RESQUICIOS.

Sigue sin vislumbrarse quién pudiera ser el candidato o candidata de la oposición en el 24, la caballada sí que está flaca. Mientras tanto las corcholatas del mandatario se mueven a su antojo sintiéndose con el futuro en la mano, ya les gritan “presidenta” o “presidente”.


Este artículo fue publicado en La Razón el 16 de mayo de 2022. Agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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