Cinque Terre

Tere Vale

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De Mamuts

En 2019 fue cancelado el Nuevo Aeropuerto Internacional de la CDMX; muchos mexicanos lo añoraremos y siempre será parte de uno de los mejores escenarios posibles para nuestro país. La obra estaba proyectada para ser grande, ambiciosa, espléndida arquitectónicamente hablando y quizá lo más importante, segura para los millones de viajeros de todo el mundo que llegarían y saldrían de él. A pesar de todo esto, como diría José José: todo se derrumbó. Así es la vida.

El recordado NAICM estaba a solo 15 kilómetros de nuestra capital (el Felipe Ángeles queda a 53 km. de la ciudad) y tenia todos los estudios técnicos, de factibilidad e impacto ambiental que les darían certeza a las más grandes aerolíneas de todo el planeta para utilizar con seguridad sus instalaciones. La organización de Aviación Civil Internacional, la IATA (Asociación de Transporte Aéreo Internacional), la MITRE (dependiente del Instituto Tecnológico de Massachusetts), el Poli, la UNAM, entre otras instituciones expertas, de prestigio y solidez técnica, participaron en la concepción de este enorme proyecto. Se realizaron estudios geotécnicos, hidráulicos, se elaboraron diseños sísmicos, de manejo de aguas residuales, etc.

Desde luego, en Texcoco estaban consideradas las vías rápidas y todos los servicios de transporte que harían de este lugar el aeropuerto más importante de Latinoamérica. Nada de esto llegó a ser realidad. ¿Qué tenemos ahora?

Pero, como ya sabemos, les tengo malas noticias. Antes que nada, recordemos que el NAICM se canceló no más por el capricho del presidente. Una consulta pública patito (o mejor gansito) lo definió todo. Y ese 3 de enero de hace poco más de tres años se anunció la construcción por parte del Ejército (como casi todo en este sexenio) del desdichado Aeropuerto de Santa Lucia. Una de las razones que se adujeron para la cancelación de Texcoco fue que había mucha corrupción…ahora si que no más se dijo, ya que hasta la fecha no se ha presentado una denuncia, ni nada que se le parezca para perseguir a los supuestos raterazos. Pura baba de perico, como diría mi abuelita, para salirse con la suya el señor de Tabasco.

El resultado de todo esto es que este 21 de marzo, 1400 invitados (entre la corte y otros distinguidos lambiscones) presenciarán la magna inauguración de un aeropuerto desde donde no puede haber nuevos vuelos a Estados Unidos por que nuestro país ha sido degradado (categoria 2) por la baja calidad en su operación, un aeropuerto que tiene una torre de control de las mas altas en México (costó 600 millones de pesos, bien baras) y tan solo ¡siete vuelos! entre ellos al parecer uno de una aerolínea venezolana que solo tendrá ¡una sola vez un viaje Maiquetía-Felipe Ángeles! Esto es, solo el vuelo inaugural para la foto. El aeropuerto carece hasta el momento de área de recepción de carga pesada, no hay forma de llegar por alguna vía rápida ni en el simulador en el que vimos al presidente y a la familia real desplazarse en ese video chistoso tipo Xbox (el tren suburbano estará dizque listo hasta el 2024).

Eso sí, si tiene usted mucha prisa, podrá tomar un taxi aéreo pagando 30,000 pesitos por un viaje en helicóptero (que saldrán de Polanco, todo bien austero) para que usted pueda llegar a tiempo a documentarse. No estoy bromeando, atención, todo lo que le digo es en serio.

El dinero se ha desperdiciado a raudales, se pagó todo lo que se debía por la cancelación del Aeropuerto de Texcoco (113 mil millones de pesos). De Santa Lucía, dice el presidente (desde la tradicional opacidad de la 4T), que no se ha rebasado el presupuesto original, pero los números reales dicen otra cosa: 116 mil millones. Y del aeropuerto Benito Juárez… mejor ya ni hablamos, descuidado, saturado y olvidado para poder obligar a las líneas de aviación a usar el Felipe Ángeles, lo que te viene siendo a huevo. Aunque se ponga en riesgo la seguridad de los pasajeros, ni modo, así lo dijo el rey y así ya está.

Todo lo operará el ejército, con cero experiencias en el manejo de un aeropuerto dizque internacional. ¡Estamos hundidos!

Por lo pronto, a pesar de mi gusto por los mamuts, habitantes comunes y corrientes en el mero Plioceno, ni siquiera por ellos creo que me aventuraré a ver su museo, ni el de los militares con tal de que no se me derrame más la bilis al ver tanto desatino junto. Los berrinches no me gustan ni en los niños, ni en los presidentes.

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