Cinque Terre

Javier Solórzano

De futbolistas y dictámenes

El portero de la selección nacional, Guillermo Ochoa, asegura que a los futbolistas se les ve “peor que a los políticos; nos señalan por todo”. Andrés Guardado, capitán del Tri, ahonda más en la imagen y crítica a los futbolistas; asegura: “somos vistos como delincuentes”.

Los jugadores de la selección, efectivamente, están en la mira, más que bajo la crítica, y son conscientes de ello. A un portero al que le meten siete goles, como le pasó a Ochoa ante Chile, en un partido infame y difícil de olvidar, deriva en que la prensa y los aficionados se sientan con el derecho de crucificarlo.

Para esto y mucho más da el futbol. Es el juego, de todos y todos tenemos el derecho de hablar y emitir opiniones y juicios de cualquier índole. Esto lo hace fascinante y brutal. Todos sabemos de futbol; y más si tenemos un micrófono enfrente.

Poco o nada importa lo que piensa y siente el portero al que le meten siete goles; al que falla una jugada clave o un penalti. Es una de las condiciones del juego.

Así es como se establece la crítica en materia de deportes y, sobre todo, en el futbol. Se ha creado una tendencia, quizá más bien una moda, que desarrolla una visión del juego muchas veces despiadada.

Los jugadores lo saben. Lo que hacen es hacerse a un lado y optan por no ver. Para los que están en el extranjero, el hecho de no saber lo que pasa en México y lo que se dice de ellos “es lo mejor que nos puede pasar”. Los medios son el eje de la crítica y los aficionados nos regodeamos con ella, bajo una relación de amor-odio.

Los jugadores tratan de tener el menor contacto posible con los medios de comunicación. Lo hacen sólo si les cae bien el periodista o si no les queda de otra, debido a la gran de cantidad de compromisos que les impone la comercialización millonaria de la selección. Pocos negocios en el país son tan buenos y productivos como el llamado Tri.

Los jugadores se sienten perseguidos e incomprendidos. A menudo se les escucha decir: “nos importa que no crean en nosotros”. El futuro de la selección es un enigma. No hay muchos elementos como para la esperanza; pero como ésta es infinita, hay espacio para la ilusión.

Los medios se subirán al tren de la victoria, si ésta llega; y serán severos y quizá despiadados ante la derrota. Es una vieja historia.

Veremos con esperanza y una dosis de realismo el futuro futbolero.

RESQUICIOS.

Así nos lo dijeron ayer, sobre la sentencia de los magistrados en el caso de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala, Sergio López Allyón, director del CIDE: Es una sentencia debatible con luces y sombras. Hace un cuidadoso análisis sobre la investigación hecha por la PGR y muestra la gran cantidad de deficiencias que tiene; es un rosario de irregularidades.

Es importante el hecho de que considere a los padres de los estudiantes como una parte activa en el caso. Los magistrados encuentran que se debe integrar una “comisión de la verdad”.

Esto crea una instrucción judicial para originar un órgano que no está en la Constitución. Los efectos de la sentencia no están claros y pueden generar un problema de mediano plazo.

¿Puede un Tribunal Colegiado crear un órgano de esta envergadura? En mi opinión, está por encima de la Constitución. Se quiere resolver un problema, pero podemos meternos en otro.

Samuel González, doctor en derecho: es una sentencia polémica que me sorprende, porque rebasa el ámbito constitucional. No puede el Poder Judicial estar por encima de la Constitución.

En la sentencia hay pedazos de lo judicial, político y legislativo. El procedimiento es tramposo; pusieron todos los elementos en un solo paquete. El juez le da valor a un informe, que es más bien una opinión de un funcionario de tercer nivel de la ONU. Los magistrados hicieron una combinación con los elementos que tenían para presentar un resultado político.

El dictamen crea, además, una ley desde el Poder Judicial, siendo que quien lo debe hacer es el Legislativo. Hay elementos para presentar una acción de inconstitucionalidad.


Este artículo fue publicado en La Razón el 8 de junio  de 2018, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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