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Tere Vale

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De espalda a la democracia

El asunto no es nuevo, ni comienza ni acaba con lo que sucede hoy en México. Por razones familiares tuve desde mi niñez la amarga experiencia de ver como una democracia, la venezolana, era capaz de desmoronarse frente a mis incrédulos ojos que en ese momento no comprendían bien a bien que estaba pasando, pero que sí sabían que era algo muy desafortunado para todos. Más allá de mis recuerdos y experiencias personales, es evidente que en varios países del mundo se está viviendo, una vez más, un retroceso democrático significativo. Y eso debe o debería de preocuparnos a todos.

Platón, por citar a un clásico, temía desde entonces a las palabras huecas y jactanciosas de los entonces llamados “demagogos”. Si le suena anacrónico este término, podríamos temer lo mismo ahora de los populistas o autoritarios que utilizando inicialmente el disfraz de la democracia nos acercan lentamente pero sin pausa a una tiranía. Lo estamos viviendo.

Esto es, los humanos, me atrevería a decir, tenemos (unos más que otros) una predisposición al autoritarismo y nos hemos tenido que dotar de candados para que el poder no enloquezca a los gobernantes. No desmontemos los controles a riesgo de perderlo todo.

El poderoso autoritario detesta los contrapesos, la diversidad, lo elaborado o complejo y prefiere la comodidad de un pensamiento único y homogéneo en el que nadie ose oponerse a sus ideas. La uniformidad es su zona de confort y pobre del que se atreva a oponerse a sus designios ya que será inmediatamente descalificado. Repito, todo esto lo estamos viviendo.

FOTO: MOISÉS PABLO/CUARTOSCURO.COM

Si no piensas como el dictador eres traidor a la patria, conservador, corrupto, neoliberal, chayotero, porque todos tenemos la obligación de pensar como él, de ver el mundo como él lo mira para decirlo fácil. Todos tenemos que ser y estar de la misma manera. Ni debates, ni negociación, ni nada de escuchar a los que no se parecen al tirano. No recibe a la oposición, a los LeBaron, a los Sicilia, a los científicos, a las feministas, a los famosos, a los intelectuales, a los ambientalistas… ¿para que perder el tiempo, si lo único que vale es lo que él dicta y cree?

Vemos hoy con estupor como la disidencia política, el periodismo crítico (como debe de ser por definición), la mismísima educación tienen que ser “a modo” y plegarse a lo que quiere que exista el todopoderoso. No podemos estar de acuerdo o quedarnos callados ante esta mezcla letal de soberbia, fanatismo y vileza. 

De la discusión y el debate surge el conocimiento, aunque para la cuarta transformación (cualquier cosa que eso sea) impliquen traición.

Estoy aquí para atreverme a decir, para disentir, para recordar, para discrepar. No permitamos que la irracionalidad, como en otros momentos oscuros de la humanidad, vuelva a hacerlo. No le demos la espalda a la democracia.

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