Cinque Terre

Juan Villoro

Escritor, autor de "El Testigo". Ganador del Premio Herralde de Novela 2004 y del Premio Rey de España por su texto "La Alfombra Roja, el imperio del narcotráfico".

Daniel Goldin

Durante la pasada FIL de Guadalajara, Rafael Barajas El Fisgón habló de la necesidad de escribir la historia de la literatura infantil en México. En los últimos treinta años millones de niños han descubierto la literatura gracias a libros que antes no existían. Una pléyade de escritores, dibujantes, editores, libreros, diseñadores, cuentacuentos, maestros, padres de familia y promotores de la lectura ha logrado una revolución cultural desde la infancia.

Es mucho lo que falta por hacer, pero no es exagerado decir que las historias de Francisco Hinojosa, Mónica Brozon, Vivian Mansour, Antonio y Javier Malpica, entre muchos otros, forman parte de lo que en el futuro será visto como la Edad de Oro de la literatura infantil en México.

Nadie está más capacitado para narrar esa aventura que el propio Rafael Barajas, espléndido autor e ilustrador de cuentos para niños e impecable historiador de José Guadalupe Posada y la caricatura en México. En ese recuento, Daniel Goldin ocupará un papel decisivo.

Toda tarea mítica tiene incontables precursores. A principios de los años ochenta, Patricia Rhijn creó la editorial Cidcli y convenció a plumas de eminencia, como Salvador Elizondo, Álvaro Mutis, Margo Glantz y Emilio Carballido, de escribir historias para niños. Esos libros estaban maravillosamente ilustrados. Yo tuve la suerte de publicar en compañía de un jovencísimo Gabriel Orozco y la desgracia de no conservar sus dibujos, que hoy valdrían una fortuna. Patricia arriesgó y perdió dinero con valiente generosidad y puso en valor las ediciones infantiles. Esto preparó el terreno para la llegada en 1991 de Daniel Goldin a las ediciones infantiles y juveniles del Fondo de Cultura Económica. Desde la publicación masiva de los clásicos lanzada por José Vasconcelos ningún proyecto editorial había tenido tal resonancia. Custodio del pensamiento universal, el Fondo se convirtió también en una fábrica de lectores. La colección “A la orilla del viento” ofreció juguetes inteligentes que transformaban a sus usuarios. Esa travesía ameritaba a alguien capaz de divertirse en la tormenta sin perder la brújula. El catálogo diseñado por Goldin se convirtió en una carta de navegación admirada en todo el mundo. En 2010 asistí en Chile al congreso internacional de literatura infantil y juvenil organizado por la Fundación SM. Cuando Goldin subió al foro, con el pelo emblemáticamente despeinado de tanto estar “a la orilla del viento”, recibió la ovación de editores que, pudiendo competir con él, preferían aclamarlo.

Ese prestigio rebasó el marco de la lengua castellana y el autor e ilustrador inglés Anthony Brown le dedicó uno de sus celebrados libros.

Después de trabajar en el Fondo, Goldin dirigió en editorial Océano una colección sobre la cultura de la letra. Volvió a ser pionero y convenció a autores de escribir libros que no se les habían ocurrido. En el prólogo a Una infancia en el país de los libros, la antropóloga de la lectura Michèle Petit confiesa que su autobiografía como lectora fue una idea de Daniel Goldin.

Nada más lógico que un inventor de navegaciones se hiciera cargo de una nave que zozobraba, la Biblioteca José Vasconcelos. En vez de fortalecer la red de bibliotecas, el presidente Fox promovió un costoso monumento a los libros a través de un concurso internacional, públicamente criticado por uno de los jurados, el español Luis Fernández-Galiano. Esa polémica fue relevada por problemas de construcción y continuas inundaciones.

Goldin logró que la biblioteca saliera a flote y se transformara en uno de los lugares más visitados en el norte de la capital. Con pocos recursos lanzó miles de actividades. En forma previsible, fue ratificado por la actual administración, pero dejó el cargo a los pocos días. Más de sesenta notas han hablado del asunto. Saber si fue un despido o una renuncia provocada por un maltrato autoritario o por un desacuerdo es lo de menos. El propio Goldin evitó mencionar el tema en el elegante comunicado en que agradece el apoyo de miles de personas, entre ellas la secretaria de Cultura. Lo grave es que uno de los principales gestores del país no pueda continuar su tarea.

Numerosos funcionarios son una anécdota en la nómina. Ya histórica, la misión de Daniel Goldin se inscribirá en la leyenda.


Este artículo fue publicado en Reforma el 15 de febrero de 2019, agradecemos a Juan Villoro su autorización para publicarlo en nuestra página.

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