Cinque Terre

Germán Martínez Martínez

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Escritor. Fue director artístico del DLA Film Festival de Londres y editor de Foreign Policy Edición Mexicana. Doctor en teoría política.

¿Los Cuarentínimos de quién? Un libro expandido

Que los libros son objetos es perogrullada. Cuando se habla de algún supuesto “libro objeto” con frecuencia se hace alusión a mamarrachadas. Los armatostes resultantes suelen guardar escasa relación con un libro pues no son instrumentos de lectura. Incluso a editores competentes, que publican libros de merecida lectura, les pasa que eligen formatos extravagantes que, por ejemplo, dificultan leer por lo alargado de las hojas y sus renglones. En cambio, con los Cuarentínimos para la cuentena estamos ante un libro imaginado para los lectores.

El escritor Jorge F. Hernández en Madrid.

El título, editado por Minerva Editorial con la Universidad Autónoma de Nuevo León, es principalmente —al menos en apariencia—, una colección de prosas breves de Jorge F. Hernández. Pero también presenta dibujos de Miguel Rep. Ahí comienza la riqueza de libro. La relación entre la obra gráfica de Rep y los relatos de Hernández no es de ilustración, entendida como una imagen que da forma visual a lo escrito. En varias de las parejas entre cuento y dibujo, la relación fue inversa: primero Rep propuso una imagen y después Hernández escribió su texto. Además, varias de las obras de Rep tienen cerca la figura de un lápiz. Esto remite a la aplicación Lápiz —desarrollada por la empresa tecnológica ArtOlin—, que se activa ante los dibujos de Rep. Vemos entonces, en nuestro teléfono y a mitad del contexto en que nos encontremos, videos en que se registró el proceso de creación de la imagen. Al mismo tiempo oímos la voz de Hernández leyendo el cuento correspondiente. En balance con la imagen en movimiento y la lectura, se oye también la música ejecutada tanto por Sebastián y Santiago Hernández Zarauz, intérpretes en un par de agrupaciones, como por Rodrigo Grillo Grillasca, compositor con formación académica en jazz y música contemporánea. Así, un pequeño libro se desdobla en galería y foro.

Los Cuarentínimos han sido tratados en reportes de prensa como relatos sobre el confinamiento del 2020. Desde mi perspectiva, si bien hay referencias explícitas a la cuarentena, su materia es de otra índole. Es cierto que, por ejemplo, los primeros textos parecen reflejar la descomposición mental que se ha experimentado durante la pandemia. Pero más significativo que su circunstancia es el carácter literario de las composiciones de Jorge F. Hernández. Parte de esto tiene que ver con el juego permanente con referentes de literaturas hispánicas, que en la academia se suele nombrar intertextualidad —llamo la atención sobre su “Retrato de Quevedo”. Hernández vincula sus textos desde autores como Cervantes, hasta Borges, pasando por Pessoa; al mismo tiempo que alude a personajes televisivos, musicales, cinematográficos o a individuos típicos que él nombra con acierto. La escritura de Hernández se divierte hablando argentino, brasileño, italiano… que son parte de la diversidad de registros, espacios y tiempos abordados. Y en tiempos de la mal llamada corrección política —que en realidad es represión expresiva y vital—, Hernández de nuevo hace uso de la literatura para sortear el obstáculo, pues describe a una vecina diciendo que “su ingesta diaria de carbohidratos iguala al consumo promedio entre cuadrúpedos”. La concisión de las prosas de Hernández es inversamente proporcional a su carga lingüística, cultural y de humor.

Quiero insistir en la cualidad material de esta obra de Minerva Editorial. Además de las texturas en las imágenes de REP, el libro mismo es táctil. La dimensión del volumen está pensada para ajustarse a las manos de tamaño promedio. La encuadernación japonesa, con lomo de tela, lo vuelve flexible y resistente. Los Cuarentínimos son amigables al tacto, tanto en sus pastas como en sus hojas. Su tipografía es émula de esa suavidad, incluso en su tamaño. Es, como decía al principio, un objeto concebido por lectores, para lectores.

La riqueza de los Cuarentínimos, considero, tiene un riesgo y una valiosa oportunidad. Por décadas se ha hablado de la muerte del autor, que en la práctica es el nacimiento de la obra al concretarse en lenguaje que abre posibilidades de interpretación —más en sentido de ejecución individual que de desciframiento de significados. La adición de voz, música e imagen, sobre todo al ser un recurso reiterado, podría cerrar ese abanico de opciones interpretativas. Como en el cine expandido que va más allá de la proyección y suele acompañarse de música en vivo, los Cuarentínimos también tienen naturaleza mixta y de ejecución. Por ejemplo, es notable la capacidad histriónica de Jorge F. Hernández. Su manejo de la voz, al leer sus cuentos, a momentos lo lleva a la imitación y alcanza también una especie de heteronimia lúdica. La escritura desbocada se complementa con sus interpretaciones orales —que incluyen dar voz a Sancho y al Quijote—, además de los múltiples acentos derivados de los textos. Pensando, además, en Rep y los músicos, las posibilidades de ejecución permanecen abiertas. Proyectos editoriales futuros, sin embargo, tendrían que evitar la repetición mecánica.

Está también la pertinencia de la plataforma tecnológica y literaria que representa los Cuarentínimos. Por largo tiempo me ha intrigado que no haya, o que no cobren importancia, los libros que introduzcan fragmentos audiovisuales que sean parte orgánica de la obra, no ilustraciones o extras. Santiago Hernández Zarauz y Alberto García Grillasca —el diseñador—, animadores de Minerva Editorial, han creado —con ArtOlin—, una alternativa que podría servir a diversos creadores, quienes harían bien en descubrir y expandir las potencialidades de la plataforma. García y Hernández, además, ponen en evidencia las virtudes de la colaboración. ¿Quién es el autor de la forma actual de los Cuarentínimos? ¿Fue una idea del editor, del diseñador, del escritor, del dibujante, del músico, de alguien más, de todos juntos? La escritura, tarea solitaria, se vuelve un libro coral en los Cuarentínimos.

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