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Cuando Bettie Page dijo que no

Bettie Page es una imagen, sobre todo. Sí, me refiero a la preeminencia del cuerpo sobre su humanidad integral. Al menos cuatro variables la definen así: 1) el símbolo más destacado de las pin-up estadounidenses de los cincuenta (expandido en fotografías de revistas, carpetas sobre pedidos y el cine, ahí apareció en escenas bondage o nada más posando sin hablar; en el celuloide sólo hay un registro de su voz); 2) es el icono más destacado para registrar la censura en aquellos tiempos, que impedía la difusión de instantáneas de desnudos y 3) es el arquetipo de la mujer que disfruta su cuerpo en libertad (por lo que incluso posó para Playboy en enero de 1955).

A los 22 años Bettie Page quiso ser actriz pero fracasó, según varios biógrafos, porque la 20th Century Fox no hizo bien las pruebas por lo que parecía, según Bettie Page relató, “como una caricatura de Joan Crawford. Pero ahí mismo un productor la prometió una fulgurante carrera a cambió de que ella cediera a sus deseos sexuales y ella dijo que no, que él no le gustaba y que no se “acostaría” con él. En Wikipedia está la frase: “¡Era un fenómeno! Condujo en su gran auto y me regaño: ¡te arrepentirás! No lo hice”.

Bettie Page es una imagen en al menos cuatro variables, dije. Me falta la cuarta: Lo es como una representación de la mujer que no usó su cuerpo en el modo en que se lo pidieron y dijo no. Por eso tiene todos mis respetos.

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