Cinque Terre

Walter Beller Taboada

[email protected]

Creo en ti y en tu pureza puesta a prueba

No son pocas las organizaciones religiosas que, siendo herederas directas o indirectas del temible Santo Oficio, se mueven socialmente bajo una densa red de complicididades para ocultar distintos delitos sexuales. No hablamos de la fe y las creencias personales –derechos inviolables, sin duda–, sino de actitudes y conductas que llevan a exculpar a priori a los dirigentes y representantes de algún credo cuando se conoce que han cometido algún delito sexual. No es lo trascendente lo que nos ocupa, sino lo terrenal, o sea, lo demasiado humano.

Un fenómeno en la base de la apología inquebrantable en favor de ministros del culto, ocurre siempre que haya feligreses dispuestos a equiparar sus creencias con la defensa irrestricta de sacerdotes y líderes religiosos. El colectivo de creyentes desplaza sus creencias a los representantes religiosos y les otorga una confianza total. Es –dirán– un verdadero santo, y los santos están más allá de las tentaciones mundanas. No son como nosotros: pecadores. La distinción: ellos son son impolutos y son el rasero de nuestra existencia; nosotros, en cambio, somos irremediablemente malos y vivimos dominados por nuestros incontrolables apetitos. Por eso ellos tienen que ser absolutamente buenos y su sexualidad no es realmente sexualidad, porque son espíritus extraordinarios. De esta manera, el binominio perverso queda sellado por una complicidad entre pastores y su grey.

Como en los episodios de amor épico –cuando se atribuye al ser amado perfecciones y dones que solo existen en el imaginario del que ama incondicioalmente–, así pasa con esas masas de creyentes ante sus líderes: el colectivo les deposita una confianza de forma incondicional. Pero como objetivamente los líderes religiosos casi nunca tienen las virtudes atribuidas, la explicación del porqué de tal confianza implica la pregunta por cuáles son los impulsos del colectivo para depositar esa máxima confianza.  ¿Qué hay en el alma  del colectivo para superar los límites de toda sospecha (por mínima que sea) sobre su amado guía?

Se trata de un convenio. Claro, no es un convenio explícitamente pronunciado. Se confía aunque en principio ni siquiera se diga: es un supuesto obvio. Los creyentes parten de su sentimientos de culpa –o, para decirlo en términos psicoanalíticos, de un goce– que los lleva a caracterizar a un Otro, el sacerdote o ministro, como alguien ajeno a las cadenas de la sexualidad y a la vida de placeres mundanos, ajenos a la tentación carnal que inevitablemente bulle en la mente y vida de los pecadores asumidos. Los líderes deben estar revistidos de ideales superiores y solo así funcionar verdaderamente como líderes espirituales. Es como si el líder religioso debiese abandonar lo humano y existir únicamente consagrado a lo divino. En el mundo occidental monoteísta, la sexualidad es ajena a la esfera divina. Por ello, pareciera que el oficio religioso implicara el ser inmunes a las incitaciones dominantes en los simples mortales.

La película El crimen del padre Amaro, considerada la más taquillera y polémica de la historia del cine mexicano, pone a Amelia (Ana Claudia Talancón) en el papel de ese pueblo que cae bajo la seducción de los símbolos que, paradojicamente, son también polos de atracción sexual en la figura de un joven sacerdote (Gael García Bernal). “Hasta los santos cometen errores, lo importante es reconocerlos”, dice el prelado al que interpreta Ernesto Gómez Cruz. Pero no pasa nada porque –pese al aborto al que es sometida Amelia– todos, religiosos y feligresía, se reconocen igualmente vulnerables ante las pulsiones carnales y las apetencias del dinero. El filme es una radiografía de los sacerdotes que tienen amantes, devotas que caen bajo el efluvio de una sexualidad pulsante, una jerarquía que mira para otro lado siempre que reciba una compensación económica del poder, sea económico o delincuencial.

POR LAS MERAS ESTADÍSTICAS

Los escándalos reales sobre abusos sexuales de parte de religiosos son tema recurrente en los medios informativos; se convertido en un mensaje tan reiterado que ya no sorprende a nadie. Solo cuenta el número de victimas o la jerarquía del inculpado. Esta es una atroz naturalización del abuso y la violación sexual entre sacerdotes católicos, principalmente, pero también entre los evangélicos.

El caso de Marcial Maciel y los Legionarios de Cristo ejemplifica la sumisión de los creyentes. Cuando empezaron las denuncias en su contra, una mayoría –incluidos algunos no creyentes– desoyó a las víctimas e inció una campaña en defensa masiva contra todos los que elevaban cualquier insinuación sobre la conducta “irregular” de Maciel, al tiempo que condenaban como difamación las expresiones de lo que muchos sabían y ocultaban dentro y fuera de la congregación. El silencio se transformó en una ruidosa defensa militante. La airada indignación llevó a la amenaza y chantaje sobre algunos medios de comunicación. Hasta que el Papa intervino y a la grey no le quedó otro remedio que aceptar los crímenes del padre Maciel. Inclusive se habló de la desaparición de Los Legionarios, pero poderosas razones crematísticas lo impidieron.

Hace unos meses se informó que el Episcopado mexicano ha suspendido al menos 152 sacerdotes en los últimos nueve años, acusados de haber cometido abusos sexuales a menores de edad en el país. Se mencionó que algunos están purgando condenas en las cárceles, pero no se han dado a conocen mayores datos al respecto. Las autoridades guardan silencio. Nadie hace olas.

La reciente detención del líder mexicano de la organización religiosa ‘La Luz del Mundo’, Naasón Joaquín García, ha conmovido a sus miles de seguidores, distribuidos en más de 15.000 templos alrededor de todo el mundo. Por supuesto, la mayoría confía ciegamente en su líder y cree que las acusaciones en su contra son infundadas y calumniosas. El escándalo aun no termina. García al igual que Maciel se involucraron con los poderes fácticos mexicanos. García intentó tejer vínculos políticos en el sexenio de Calderón y al parecer no prosperaron del todo, pero ‘La Luz del Mundo’ no tuvo cortapisa alguna para crecer y desarrollarse en México. Con Morena la atención del poder en esa institución adquirió renovados bríos.

POR SUS OBRAS LOS CONOCEREÍS

El tema no es solo moral sino económico y político. Pero sobre todo las iglesias van perdiendo credibilidad ante los creyentes no fanatizados. Eso se traduce en pérdidas que vulneran las finanzas de la institución. Es conocido el hecho de que la Iglesia católica disminuye, sin perderla totalmente, su presencia en el territorio nacional y compite ante otras iglesias que se expanden con diferentes normas y rituales. La cuestión es también política. La convivencia y alianza estregégica del PRI con la institución católica pervivió hasta los años 90 del siglo pasado. La alternancia que significó el asenso del PAN profundizó esos horizontes. (¿Quién no recuerda a Fox anarbolando un crucifijo en su toma de posesión, o besando, inclinado, el anillo papal durante la visita correspondiente de Juan Pablo II?) Políticos y empresarios estaban dispuestos a pagar favores y devolver apoyo. Por supuesto, ni preguntar por el Estado laico.

La mengua de la intitución católica se compensa para la clase política con el crecimiento de otras iglesias que continúan la alianza estratégica. No es extraño que estas otras iglesias, dentro de las cuales está la denominada ‘Luz del Mundo’, colaboren de diversas maneras con el partido Morena. Hoy sus ministros religiosos se exhiben con singular desplante en actos públicos, sin el menor recato ante la obra institucional de Juárez. Esa colaboración ha incluido financiamiento de campañas políticas. El partido ‘Encuentro Social’ destaca por celebrar esta alianza con el oficialismo.

De modo que junto con la confianza absoluta de la feligresía, las iglesias tienen una base de sustetación política. Pero se ha venido desatando una guerra entre ellas no solamente por la feligresía sino por obtener alianzas con los grupos políticos que, en ultima instancia, pagarán favores en función del número y presencia de adeptos. Para mantener el juego de las apariencias, no convienen ni pederastas ni críticos al régimen. Amén.

 

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password