Cinque Terre

Gerardo Flores Ramírez

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El autor es economista y fiel seguidor de Pumas. Ex senador de la República

Crecimiento nulo, el legado de la 4T

Ya hemos comentado en este espacio que la economía mexicana ya se encontraba en franco estado anémico, sin visos reales de recuperación a inicios de este año, cuando de pronto se presentó en escena el brote del nuevo coronavirus y el efecto dominó que empezó a ocasionar sobre las economías más importantes del mundo, como China, Japón y Corea del Sur, en Asia, o también Italia, España, Francia, Reino Unido o Alemania, en Europa; y desde luego, Estados Unidos (EU), Canadá y Brasil, en América.

A diferencia de todos esos países, la expectativa sobre el desempeño de la economía mexicana no era tan optimista, sobre todo por la caída en la inversión a lo largo del 2019 y la desaceleración que se preveía, en mucho menor grado que lo que se observa hoy, en la economía de EU, el principal destino de nuestras exportaciones.

Pues bien, aunque el gobierno de México se ha empeñado en desestimar los riesgos reales sobre la economía de nuestro país, es un hecho que diversos especialistas sí están dando seguimiento a lo que México está haciendo, pero sobre todo a lo que está dejando de hacer en cuanto a la estructuración de un paquete de medidas de estímulo que ayuden a que el golpe no sea tan severo. Al día de hoy ya sabemos que México ocupa los últimos lugares en el ranking del tamaño de los paquetes de medidas anunciados, como porcentaje del PIB de cada país, tema que también ya abordé en este espacio.

Entonces, sabemos que la economía mexicana ya venía al 2020 en estado frágil; que el gobierno realmente no sólo no está armando un paquete serio en términos del desafío que se tiene enfrente, sino que además pretende utilizar la austeridad como una política que aliente la recuperación, y que además, todo indica que estaremos entre los países que podrán regresar más tarde al ritmo de las actividades económicas que se observaba previo a la llegada de la pandemia del Covid-19. Para agravar más la prospectiva, está el empecinamiento del presidente y la Secretaría de Energía de seguir adelante con la refinería de Dos Bocas, un proyecto cada vez más irracional desde el punto de vista económico.

En este contexto, lo vivido ayer en el mercado petrolero es un signo de que aún vienen semanas muy complicadas en ese sector, en el que México y Pemex van a contracorriente de lo que están haciendo todos.

Todos esos factores son la combinación perfecta para que la economía mexicana sufra un descalabro que puede llegar a ser del doble que el experimentado en el 2009, e igual de preocupante, que la recuperación sea mucho más lenta que la que se observará en otras economías. Por ejemplo, Moody’s estima que en el periodo 2021-2023 creceremos máximo a una tasa de 2.0% anual. Ello apunta a que al cierre de la actual administración, la tasa de crecimiento promedio anual para los seis años de gobierno podría ubicarse entre 0.0 y 0.7%, no más. Parece que no se han dado cuenta que ese será el legado de la 4T, lo que tanto criticaron de los gobiernos a los que no se han cansado de tachar como neoliberales: una tasa de crecimiento mediocre, muy alejada de lo que México requiere para poder generar mejores condiciones de bienestar para todos.


Este artículo fue publicado en El Economista el 21 de abril de 2020, agradecemos a Gerardo Flores Ramírez su autorización para publicarlo en nuestra página.

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