Premio Nacional de Protección Nacional
Cinque Terre

Julián Andrade

Escritor y periodista.

El Covid-19 y las pulsaciones autoritarias

Las crisis son oportunidad, es cierto, pero también abren puertas a las pulsaciones autoritarias. La pandemia está generando que políticos de talante populista aprovechen la coyuntura para gobernar sin controles.

El caso más extremo es Viktor Orbán, el premier húngaro que obtuvo un poder ilimitado y no sujeto a temporalidad  ni a control alguno.

En Hungría, a partir de que iniciaron los contagios del Covid-19, las noticias “falsas” y las “alarmistas”, son sancionadas con cinco años de prisión. A nadie escapa que se trata en realidad de un instrumento que lo que pretende es disminuir la crítica o de plano silenciarla, algo que viene muy bien cuando la situación sanitaria está en los linderos del desastre.

La valorización de las informaciones no es emitida por algún organismo independiente, sino que está se sujeta a las propias necesidades y apetitos del poder.

Donald Trump, uno de los peores gestores de la crisis, quizá solo superado por el brasileño Jair Bolsonaro, está metido en una guerra con Twitter, porque este empresa comenzó a advertir sobre las afirmaciones falsas que emite el presidente de Estados Unidos con una recurrencia alucinante.

Bolsonaro, por su parte, ya destituyó a dos ministros de Salud, porque quiere terminar con la crisis por voluntad y no a partir de resultados, lo que está generando una situación  que sin duda tendrá consecuencias en el propio sistema y con una participación cada día más notoria de los militares.

En España las diferencias entre corrientes y partidos son cada vez más profundas, aunque la coalición que hace posible la gobernabilidad se mantenga, aunque a costos muy altos.

En Francia siempre está presente el fantasma de la ultraderecha y sin duda tratará de aprovechar las próximas elecciones.

En efecto, hay políticos muy poco tolerantes a la crítica, pero las condiciones de encierro y distanciamiento les están dando la oportunidad para que arrecien los ataques contra la prensa o contra instituciones que sueles equilibrar el poder.

Ninguna democracia está exenta de sufrir presiones con el objetivo de vulnerarla. En México la crisis ha significado un aumento de las tensiones y en particular con los medios de comunicación, que son vistos, desde las más altas esferas del poder, como agentes que difunden temor y generan angustia.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha señalado que algunos diarios son “alarmistas”, cuando lo que hacen es difundir los propios datos que presenta el gobierno y que muchas veces no tienen ni pies ni cabeza.

Por ello, las democracias y sus demócratas tendrán que hacer esfuerzos para superar la coyuntura  y generar incentivos que permitan que la disputa por el poder político esté sujetas a reglas y a las modalidades que se requieran bajo la lógica del derecho.

El Covid-19 hizo estallar por los aires muchas de nuestras certezas, pero hay que tener claro que es justo en democracia como se pueden y deben generar los proyectos que permitan la recuperación económica y que eviten una catástrofe todavía mayor a la que ya tenemos en puerta y en todo el planeta.

Hay un alto riesgo de que la crisis de salubridad se vuelva una de corte también político,  en diversas naciones y en particular ahí donde no exista la inteligencia y la prudencia para salvaguardar las libertades.

 

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