Cinque Terre

Julián Andrade

Escritor y periodista.

Cortés y la rebelión ante la historia de bronce

El próximo año será el de Hernán Cortés, ya que se conmemorarán los 500 años de la caída de Tenochtitlán. La efeméride es una oportunidad para reflexionar sobre lo que define a México como nación, pero también profundizará el debate sobre la conquista y sus consecuencias.

Cortés es un personaje poco comprendido y más odiado que conocido. Presentarlo como el gran demonio, funcionó en la elaboración de una historia de aleccionamiento en el viejo régimen y que hace todo por recobrar vigor en la actualidad.

Era más sencillo explicar la conquista y el papel del Capitán General, desde una óptica en blanco y negro, que ajustarse a las tonalidades grises de la realidad.

El tema es complejo, sin duda, porque la conquista dio pie a excesos, a brutalidades y a un encuentro de contrarios, a las hogueras inquisitoriales, por un lado, pero también a los sacrificios humanos, por el otro.

De errores estratégicos siniestros, como la matanza que desató Pedro de Alvarado en el Templo Mayor, asesinando a personales de la más alta jerarquía entre los mexicas.

El choque de culturas fue duro y hasta despiadado, pero Cortés está muy lejos de los niveles de salvajismo que caracterizaron a otros colonizadores y entre ellos al propio Cristóbal Colón.

Chirstian Duverger señala que una de las claves del proyecto de Cortés en la nueva España fue el mestizaje, que “como doctrina es una variante del humanismo del siglo XVI. No borra la violencia, no niega el conflicto, pero no lo reduce a la confrontación de flechas y de espadas. El mestizaje es una mezcla de sangres, una interacción más amplia que trastoca las costumbres, las creencias, la organización socio-política”.

Y, acaso lo más importante, “no postula la superioridad de una cultura sobre otra, mas parte del principio de que la diversidad es una riqueza y que el enriquecimiento siempre es mutuo”.

Cortés no intentó una reproducción de Castilla en la Nueva España, sino más bien promovió que se desarrollara una sociedad que retomara mucho de la cultura indígena, lo que se refleja en sus propias alianzas militares y políticas, y que esto permitiera generar una visión distinta, alejada de las intrigas de la corte y de los caprichos de la realeza, sujeta siempre a los apremios del oro y del financiamiento para las guerras. Eso no lo logró, o no del todo, pero el intento hace una diferencia importante. El mando de Cortés fue de apenas unos años.

Hay que tener presente que el poder militar de Cortés siempre fue endeble y que requirió del apoyo de pueblos que eran enemigos de los aztecas. Sin la ayuda de miles de indígenas, habría sido imposible su permanencia.

Cortés tuvo que luchar, en todo momento, contra las intrigas en la corte, ante un “monarca de vestíbulo, como Carlos V y sobre todo contra la voracidad de muchos de sus compañeros de aventuras.

A la luz de los siglos, valdría la pena hacer un ejercicio serio sobre varios personajes de la historia patria, que cargan con condenas que no les corresponden del todo y que en todo caso son muestra de la complejidad del siglo XVI y de las expansión de los imperios.

Leer a Duverger, en una de las biografías más acabadas: La vida de Hernán Cortes. La Espada y La Pluma, pueden servir en ese propósito y ayudar a despejar la demagogia que sin duda se desplegará desde el propio poder político, donde intentarán hacer de los 500 años de la toma de Tenochtitlán por los españoles, otro motivo para la división y el litigio.

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