Cinque Terre

Rubén Aguilar Valenzuela

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Consultor, profesor y articulista y exvocero presidencial

Corrupción, políticos y ciudadanía

Un cambio fundamental de la cultura política ciudadana está relacionado con la manera de valorar la relación entre los políticos y la corrupción. En México, hace menos de 20 años, se asumía que todos los políticos eran corruptos, que no podían ser de otra manera y, en razón de lo mismo, como no iban a cambiar, lo que se pedía era que robaran, pero que a cambio, desde el gobierno, hicieran cosas positivas.


Por décadas funcionó en favor de los políticos corruptos el fatalismo y el conformismo ciudadano. En este tiempo la ciudadanía no cuestionó y tampoco exigió a los políticos que no fueran corruptos. En los hechos no los castigó con su voto. Ganó la idea, todavía presente en amplios grupos ciudadanos, de que la corrupción es inherente al ejercicio de la política. Siempre, junto a los corruptos, ha habido políticos honestos.


De 20 años a la fecha, la idea de la ciudadanía se ha ido transformando. El primer y fundamental elemento de este cambio es la consideración de que se puede ser político sin necesariamente ser corrupto. Se ha roto con la visión fatalista y conformista en la relación entre político y corrupción. Son cada vez más los ciudadanos que no están dispuestos a permitir la presencia de políticos corruptos.


El hartazgo ciudadano de la clase política, el rechazo creciente de los partidos políticos y la decepción de la política tienen su origen precisamente en la asociación que la ciudadanía hace de los políticos con la corrupción y la impunidad. Es un fenómeno que trasciende la realidad mexicana y se ubica como una tendencia en América Latina y el Caribe.


Están los casos de Guatemala y Brasil; la diferencia con México es que ahí sí se investiga por corrupción a políticos de primer nivel. A éstos se les ha probado su culpabilidad, se les ha juzgado y ahora están en la cárcel. Eso todavía no ocurre en México y no se ve que pueda suceder pronto. Están también los casos de Honduras, Bolivia y Argentina.


En México un punto de inflexión en la relación entre político, corrupción e impunidad tiene que ser el diseño y aprobación de la ley reglamentaria del Sistema Nacional Anticorrupción. En las próximas semanas el Congreso la va a votar. Está por ver si los políticos que la hacen están dispuestos a poner un alto radical a la corrupción.


Ésta siempre ha estado presente en la política de México. Ahora el monto de lo robado por los políticos es mayor que en el pasado. En razón del creciente tamaño de la economía y el presupuesto del gobierno. A la par de esos políticos corruptos, antes, y también ahora, los hay honrados. Así, corromperse o no es una decisión personal y no una necesidad del sistema.


Ahora, lo diferente es la existencia de una ciudadanía más educada, más informada y con una nueva conciencia y cultura que no tolera a los políticos corruptos. Eso sucede en México y en América Latina. Espero que cuando entre en vigencia el Sistema Nacional Anticorrupción se frene el robo y los políticos corruptos de primer nivel empiecen a ir a la cárcel, después de devolver lo robado.



Este artículo fue publicado en El economista el 06 de Marzo de 2016, agradecemos a Rubén Aguilar Valenzuela su autorización para publicarlo en nuestra página

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