Cinque Terre

Luis Antonio García Chávez

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Corporativismo purificado

México tiene muchos lastres que han impedido el desarrollo pleno de nuestra sociedad. La cultura política dominante es la cultura priísta pues, por décadas, el PRI fue prácticamente partido único y por tanto la forma de hacer política en México era a su estilo. Esto ha ido cambiando poco a poco, pero no se ha erradicado y, en algunos aspectos, por el contrario, parece renacer con más bríos.
Desde su creación, como Partido Nacional Revolucionario, posteriormente Partido de la Revolución Mexicana y finalmente Partido Revolucionario Institucional, la finalidad del PRI era agrupar al interior del partido todas las contradicciones surgidas del proceso de la Revolución Mexicana, buscando resolverlas de manera interna para posteriormente generar una unidad política nacional absoluta.

Parte fundamental de lo anterior fue la organización de lo que llamaban “las fuerzas vivas de la Revolución Mexicana” o los sectores. Se creó la Confederación de Trabajadores de México (CTM), Confederación Nacional Campesina (CNC) y la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), en donde se concentraban a los trabajadores del campo y la ciudad, así como otros sectores organizados de las zonas urbanas del país.

El Partido tenía una relación permanente con los sectores a través de sus representaciones oficiales e incorporaba a las cámaras y gobiernos a sus más importantes dirigentes de modo tal que, hecho lo anterior, ellos se encargaban de organizar a todos sus agremiados para que, de manera aplastante, votaran por el Partido de Estado y los candidatos que éste propusiera.

¿Cuántas ventajas obtuvieron de ello los obreros, campesinos y miembros de organizaciones populares? La respuesta sería variada. En las bases, muy pocas, las condiciones de vida, con el paso del tiempo se fueron pauperizando. En las cúpulas, sin embargo, se obtuvo poder, dinero, impunidad, cargos, etc.

Décadas de lucha, sacrificios, pérdidas de vidas humanas y muchas otras cosas costó a nuestro país ir rompiendo ese control casi absoluto de las confederaciones sobre la población. Se exigió el respeto al voto libre y secreto, a que los ciudadanos pudieran participar políticamente de la manera más libre posible sin la coacción (o limitándola a su mínima expresión) de sus dirigentes.
Pero el voto corporativo no ha sido desterrado del todo. Se mantiene como una de las prácticas más obscuras y retrógradas del sistema político mexicano. Líderes sin escrúpulos que pactan ventajas particulares, ahora no sólo con el Partido de Estado, que como tal ya no existe, sino con todos los partidos del sistema político mexicano.

En ningún caso que conozca se dan debates intensos con las bases para definir si se apoya a algún partido, proyecto o candidato. En la mayoría de los casos son las direcciones las que establecen pláticas y acuerdos que, por lo general, tienen que ver con candidaturas o espacios de poder para ellos o sus allegados. Después se transmite la decisión tomada a las bases y se procede a la operación política para garantizar que los votos prometidos sean llevados a las urnas. También se busca el apoyo en los eventos de campaña, mítines, recorridos y, en algunos casos, otras tareas de campaña como la promoción política, la difusión de propaganda e incluso el resguardo de casillas.

Para convencer a la base pocas veces se ocupan argumentos políticos o de proyecto. En el mejor de los casos se dice que es lo que mejor conviene a la organización. La organización, por supuesto, es personificada en sus dirigentes, quienes al ser reconocidos con espacios de representación popular “ponen en alto” al conjunto de los miembros.
Pero en otros casos se utiliza también la coacción y el chantaje.

En las organizaciones obreras, quien cumple con los acuerdos políticos del dirigente tendrá acceso a mejores plazas y condiciones de ascenso laboral acenso en las que tenga intervención el sindicato. Al revés, quien se niegue a ello será condenado al abandono sindical, o incluso en casos peores a la represión franca y abierta.

En las organizaciones campesinas el acceso a créditos, apoyos y programas sociales, que son implementados por los gobiernos, pero aterrizados en la gente a través de convenios con dichas organizaciones, son en muchos casos el “incentivo” para que las bases se comprometan a llevar adelante los acuerdos de sus dirigentes. Sí se pretende tener acceso al programa social, al crédito, a lo gestionado por la organización, se tiene que cumplir.

En las organizaciones populares, de vivienda, taxistas, comerciantes ambulantes, el caso es el mismo. Tener acceso o no a los beneficios, tiene que ver con la disciplina militante.

Así se secuestran millones de votos que pueden marcar la diferencia en un proceso electoral y, por supuesto, alteran la calidad de nuestra democracia.

En las últimas fechas, MORENA, el partido de la resurrección del más puro PRI, ha dado paso abierto a la búsqueda del voto corporativo presumiendo incorporaciones de figuras, muchas veces cuestionadas, a cambio de caudales de votos. Los tres casos más paradigmáticos son los siguientes.

La firma de un acuerdo entre MORENA y organizaciones campesinas el 22 de enero de 2018. En el evento se habló de la incorporación de entre cuatro y cinco millones de votos a MORENA. Más allá de la exageración en la cifra cabe preguntarse ¿el voto no es libre y secreto?, ¿consultaron a cinco millones de personas para firmar el acuerdo?

Para el campo pocos beneficios. Algunos de los dirigentes lograron espacios, como José Narro Céspedes en el segundo lugar al Senado por el estado de Zacatecas. Poco se dijo en el evento del cuestionamiento lanzado por expertos en temas campesinos sobre la cercanía del proyecto de AMLO con Alfonso Romo, quien fuera dueño de una de las empresas que después dio lugar a MONSANTO, y menos aún que MORENA propone, en caso de ganar la Presidencia del República a Víctor Villalobos como Secretario del Sector, pese a sus vínculos claros y evidentes con MONSANTO. Esta empresa es la mayor acaparadora de grano y productora de transgénicos en el mundo, con lo que se ha deteriorado la calidad de la alimentación de millones de seres humanos y la calidad de vida de millones de campesinos, muchos de ellos mexicanos. Pero ahora se promete el voto de ellos mismos en masa.

Después vino el acuerdo con la familia de Elba Esther Gordillo. El acuerdo público es quitar “algunos elementos de la Reforma Educativa” entre ellos los que permitían a dirigentes sindicales como Elba Esther vender, heredar y negociar con plazas, así como tener miles de “delegados sindicales” cobrando en nuestro sistema educativo pero operando políticamente para el crecimiento de “la maestra”. El acuerdo privado acaso tenga que ver con la impunidad para “la Quina del peñanietismo”, difícil de saber. A cambio, otros millones de votos de maestros que viven todos los días en condiciones deplorables para la realización de su labor y que son usados como mercancía de intercambio nuevamente.

Finalmente, el domingo 18 de febrero, supimos de la incorporación de Napoleón Gómez Urrutia, “Napito”, a las listas del Senado de MORENA. Ahí la cosa es aún más clara. Fuero por votos, tal vez recursos económicos, pues Napito está acusado de robar 55 millones de dólares a los mineros de este país, eso podría ser un extra. Pero lo primero se dijo claramente. Hoy en MORENA hablan con claridad de 250,000 votos gracias a la suma del líder minero que, por cierto, heredó el liderazgo de su padre (tal vez Andy se sintió identificado) sin haber trabajado nunca en una mina.

Es decir. Si les creemos, en tres acuerdos MORENA habría cerrado siete millones de votos, suficientes para inclinar la balanza en la lucha por la Presidencia de la República. Siete millones de personas que no fueron consultadas sino burdamente negociadas por sus dirigentes. AMLO gana votos, y da cargos a no más de diez personas además de comprometerse con sus intereses, aún si estos son claramente contrarios a los de sus agremiados. Hacen un buen negocio. La presidencia está en venta para ellos y además la compran a crédito, la pagarán cuando lleguen con nuestro país.
Si millones de campesinos, maestros o mineros se van al carajo es lo de menos para ellos, cada uno obtiene lo que quiere y los demás los mantenemos.

No sé a ustedes, pero si eso es el futuro y la esperanza de México a mí me da nauseas, como me da nauseas el corporativismo.

Pero millones de mexicanos, incluidos los agremiados de las organizaciones que pactaron, tenemos la opción de demostrarles que están equivocados, que en México la democracia se consolida y el voto se empieza a liberar. Que la voluntad ciudadana no se vende como res en canal y que el interés de un puñado de dirigentes no está por encima del de millones de dirigidos. Espero que así lo hagamos.

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