Cinque Terre

Juan Carlos Servín Morales

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Coordenadas Políticas

En estos tiempos de angustiante incertidumbre, expectativas rotas y paradigmas fallidos, resulta difícil asirse a tal o cual “etiqueta” ideológica. Tanto para amplios sectores sociales como para los partidos y actores políticos, en muchas ocasiones resulta complejo o incluso incómodo autodefinirse. Máxime, cuando en nuestro caso vino un maremagnum que sacudió la correlación de fuerzas e instauró un nuevo régimen de partido preponderante frente al que varios buscan -necesaria y urgentemente- reconfigurarse.

La mayoría de los habitantes -ciudadanos o no- tiene otros asuntos que resolver antes de ponerse a pensar en si se es de izquierda, derecha o centro, los puntos cardinales que tradicionalmente se suelen mencionar en las proclamas realizadas por los políticos. Antes de asumir una posición o de “casarse” con “x”, “y” o “z” partido, está el comer, tener un techo y cuidarse ante las amenazas a su integridad. Lo demás, como suele decirse, es lo de menos. Así las prioridades.

Quien aquí se expresa, considera tener la fundada opinión de que para muchos mexicanos medianamente informados sobre el acontecer nacional, lo trascendental no es la ideología que abrace su gobernante o partido predilecto, sino que sean eficientes y eficaces para garantizarles seguridad (válgame, una tarea fundamental en la que falla notoriamente el Estado mexicano) y condiciones que propicien bienestar económico (re-válgame, una tarea en la que la actual administración ya empieza a naufragar).

Los partidos políticos mexicanos opositores a Morena quedaron, como usted lo sabe, diezmados. Unos más que otros. En lo que “si son peras o son manzanas”, buscan sobrevivir ejecutando tácticas en varios frentes. De cara al gobierno, algunos buscarán el acuerdo institucional (consustancial a la política), otros probarán si contrastándose pueden captar la preferencia de quienes se vayan desilusionando de la 4T y otros más perseguirán la negociación o los pactos más de naturaleza “metaconstitucional” (por denominar de algún modo a los acuerdos “en lo oscurito”). Habrá quienes pragmáticamente hagan un poco de todo… ah, la “realpolitik”. Y luego, en su comunicación política con “Juan pueblo”, ¿qué le “venderán” al electorado?, ¿lo tienen claro?, ¿tendrán mayor congruencia con un ideario?, ¿cómo se posicionarán? ¿serán capaces de ello?

Previo al resultado electoral de julio de 2018, estábamos acostumbrados a un sano tripartidismo que conformaban el Partido Acción Nacional, el Partido Revolucionario Institucional y el Partido de la Revolución Democrática. El PAN, históricamente identificado como “de derechas” (algunas más democráticas, otras de corte confesional y una que otra hasta filofascistoide); el PRI, ostentado como “nacionalista revolucionario”, de centro, centro-izquierda (o, ciertamente, según la hora que diga su presidente o lo que convenga en el momento); y el PRD, sin lugar a dudas, “de izquierdas” (dentro del cual convivieron muchas, algunas vanguardistas y otras de corte incluso autoritario). Así estaba el mapa, esas eran las opciones mejor posicionadas pues medianamente representaban a importantes fracciones del electorado.

El Movimiento de Regeneración Nacional (a.k.a. Morena) es definido por varios de sus lideres, intelectuales orgánicos, voceros, simpatizantes y militantes, como “de izquierda”, a pesar de que su líder máximo tenga -como ya hemos expuesto en este espacio- muy variadas, cotidianas e intolerantes expresiones que lo acercan más a un conservadurismo autoritario con tintes ambidiestros (y en ocasiones de derecha). A esa contradicción entre discurso y realidad, ya muy común en el día a día, añadamos al sector filo chavista de Morena (Yeidckol, Díaz Polanco, Taibo II), a quienes se formaron en el estalinismo y a los que provienen del nacionalismo revolucionario, por citar a algunas de las más notables facciones que navegan en los linderos de la intolerancia. Todas estas hacen un peligroso champurrado de tribus antidemocráticas. Sí, ajenas, distantes y contrarias a la democracia liberal, de la que se sirvieron para conquistar el poder presidencial pero a la que ahora anhelan minimizar.

FOTO: IVÁN STEPHENS/CUARTOSCURO.COM

En varias latitudes se han fortalecido las agrupaciones extremistas de “izquierdas” y“derechas” que, como en el caso citado, amenazan a las democracias liberales. Y no, no es exageración calificarlas así. Se trata de agrupaciones que bien podrían estar transgrediendo el “principio de tolerancia” (John Rawls), según el cual todas las concepciones (filosóficas, ideológicas, doctrinarias o religiosas) que sean racionales y razonables deben ser respetadas (toleradas) en una sociedad que se considere democrática y moderna. La libertad del intolerante, nos dice Rawls, sólo ha de limitarse en casos especiales, cuando se hace necesario para conservar la libertad misma. ¿En el seno de Morena anidan intolerantes poco racionales y poco razonables? ¿Nuestra joven democracia resistirá sus embates? Reflexionemos.

Sería saludable que se fortaleciesen los partidos de oposición. Sí, PAN, PRI, PRD y uno que otro más. De verdad, dado el contexto, urgen más frenos y contrapesos. Tienen -eso creo- incentivos para cambiar y pelear por su supervivencia volviéndose atractivos para el electorado. Ya veremos.

A propósito de partidos, el PRD celebra su 30 aniversario este domingo 5 de mayo. Sea usted partidario o no de este instituto político e independientemente de sus yerros y vicios, de sus buenos y malos gobiernos, el “sol azteca” ha sido una fuerza indispensable con notorias contribuciones en la transición a la democracia en México. Ahora tiene la oportunidad de erigirse como la oposición de izquierda liberal que nuestro país necesita. Tiene una agenda que seguir impulsando. Debe reorganizarse, comunicarse con mayor eficacia y abrirse a lo mejor de la sociedad, a esos intelectuales, académicos, empresarios, artistas, estudiantes, trabajadores y una vasta pluralidad que desde ya está defendiendo las conquistas democráticas.

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