Cinque Terre

Rubén Aguilar Valenzuela

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Consultor, profesor y articulista y exvocero presidencial

Convento de San Agustín

Centro Histórico, Ciudad de México

Historia

En 1533 llegaron a la Nueva España los primeros frailes de la Orden de San Agustín (OSA). En un principio se alojaron con los dominicos y poco después en una casa en la calle de Tacuba. Gracias a las limosnas pudieron obtener el terreno, para construir el conjunto conventual, que era donde hoy está la Biblioteca Nacional en el Centro histórico.

Cuatro años después de su arribo el obispo Zumárraga en 1537 intercedió ante el Consejo de las Indias, para que se les diera una encomienda como tenían los dominicos. Carlos V les concedió una en Texcoco.

Antes de 1540 se había construido una estructura provisional de adobe. La primera piedra del nuevo edificio la puso el virrey Antonio de Mendoza en 1541 mismo que se terminó en 1587. La Corona aprobó el proyecto siguiendo la traza de San Gerónimo en Salamanca, España. Las piedras fueron traídas de canteras en Tacuba.

Al inicio el trabajo se hizo con la mano de obra y los ingresos de su encomienda en Texcoco. En 1544 San Román y Jorge de Ávila se vieron con Carlos V y consiguieron una renta de 3,000 pesos anuales mientras se terminaba la iglesia. Esta concesión fue después confirmada por Felipe II.

En 1554 el edificio no estaba terminado, aunque la iglesia ya contaba con bóvedas, lo que se obtiene de una referencia de Cervantes de Salazar en su Dialogus secundus. En 1561 la construcción se encontraba en peligro y la reparación hacia 1569 requería 180,000 ducados, que era una cantidad enorme.

Para esa época en el convento vivían 70 frailes agustinos que incluía a los novicios. Funcionaba también como hospital y seminario. En 1575 dos ingleses, Miles Philip y William Lowe supervisaron el trabajo de los indígenas que continuaban las labores en la iglesia. Se concluye finalmente en 1587, pero sus arreglos continuaron. (G. Kubler).

En 1604 el piso de la iglesia tuvo que ser levantado vara y media. En 1676 un gran incendio destruyó el conjunto. Los agustinos iniciaron la solicitud de limosnas entre los vecinos dos días más tarde, para llevar a cabo la reconstrucción. Un año más tarde colocaron la primera piedra. Lograron terminarlo en 1692. El resultado fue tan suntuoso que al ser informado Carlos II de la cantidad que se había gastado exclamó: “Decidme, ¿acaso los muros son de plata?”. (De Mauleón y Pérez Gay).

Tras la expedición de las Leyes de Reforma, se destruyó el convento y se desmontaron los altares. En 1867 se ordenó que el edificio albergara la Biblioteca Nacional y los fondos bibliográficos expropiados se dieran a otros conventos. En 1975, la biblioteca tenía medio millón de libros. Por falta de espacio se decidió trasladarla a Ciudad Universitaria. Ahora la vieja iglesia está en proceso de restauración.

Descripción

Del convento del siglo XVI de San Agustín o de Santa María de Gracia, como lo registra G. Kubler, no se conserva nada. Las estructura y elementos arquitectónicos se destruyeron en el incendio de 1676. Lo que se conserva son edificaciones de finales del siglo XVII.

Iglesia

Exterior

La fachada de la iglesia de San Agustín es de estilo barroco y tiene cuatro niveles. En el primero un arco de medio punto enmarcado en columnas dobles con capiteles dóricos. El segundo nivel tiene una relieve con la figura del obispo San Agustín al centro rodeado de otros santos agustinos. Lo enmarcan dos columnas dobles de estilo salomónico con capiteles corintios. En el tercer nivel la ventana del coro que es octagonal enmarcada en columnas dobles con imágenes al centro de las mismas. El cuarto nivel es un frontón semicircular. En la parte superior al centro unas figuras.

Es una portada elegante con labrados de gran calidad. Se conserva muy bien. Ahora, junto con todo el edificio ha sido restaurada.

Interior

En el siglo XIX, los altares se desmantelaron y repartieron. La nave central con altares laterales después pasó a ser la sala de lectura de la Biblioteca Nacional.

La sillería del coro, es una obra maestra labrada en nogal con escenas del Antiguo Testamento, es un trabajo del maestro Salvador Ocampo. Fue rescatada por Gabino Barreda, en ese entonces director de la Escuela Nacional Preparatoria. Recuperó 143 sillas que hoy se encuentran en la Sala Ceremonial el Generalito en donde estuvo la preparatoria y ahora es el Museo de San Ildefonso, edificio que fue de los jesuitas.

El retablo del altar mayor es un trabajo de Tomás Suárez y de los maestros doradores Simón y Nicolás de Espinosa. La virgen de la Paz tenía trono de plata y un manto de raso carmesí bordado de florones de oro y de 63 000 perlas y otro manto de seda azul, que era como el de raso, y la virgen lucía en su pecho una joya de diamantes y esmeraldas.

Iglesia anexa

De la construcción que se hace después del incendio de 1676 y se termina en 1692 existe una iglesia anexa que todavía está abierta al culto. Está en la calle de la República de El Salvador.

Portada de la iglesia anexa. El estilo es barroco. Al centro un arco de medio punto enmarcado en dos columnas. Remata en un triángulo. En la parte superior una ventana octagonal. Después de cruzar esta puerta se entra a un espacio desde el que se ingresa a la iglesia. Es algo así como un nártex. Es una estructura peculiar.

Portada interior de la iglesia anexa. El estilo es barroco. Tiene tres niveles. En el primero al centro un arco de medio punto alargado enmarcado en dos columnas. En el segundo un relieve con una figura al centro rodeado de otras. El tercero un remate de un frontón triangular abierto.

Convento

Fue demolido en su totalidad después de las Leyes de Reforma. Era uno de los más grandes en la Nueva España. El sitio fue lotificado y los lotes se vendieron para la construcción de casas.

Contaba con una extraordinaria biblioteca. Fuentes de la época comentan (Rivera Cambas) que los libros y manuscritos quedaron a merced de quien quisiera llevárselos. Multitud de libros destrozados y esparcidos por claustros y celdas, otros tirados por el suelo en el más completo desorden.

Antes de las Leyes de Reforma los agustinos nunca vendieron la propiedad, pero sí, cuando ya eran pocos los que vivían en el convento, alquilaron espacios de dos grandes patios, que daban hacia la calle. En estos patios se pusieron establecimientos como bodegas, pensiones de caballos, coches o carros. Estuvo también el circo de un italiano de apellido Chiarini.

Noviciado

El convento comenzó a crecer y a llenarse de novicios. A fines del siglo XVI, los agustinos obtuvieron un predio ubicado en la calle trasera —la actual República de El Salvador— y “para pasar cómodamente la calle sin bajar a ella” construyeron un pasadizo en forma de arco que la cruzaba por lo alto. Dicha calle fue llamada, desde entonces, del Arco de San Agustín. Debió tener un aspecto extraordinario. Lamentablemente, el arco fue derribado en 1825. (De Mauleón y Pérez Gay)

En el edificio con fachada en tezontle donde estuvo el noviciado, hoy ocupado por una farmacia, está una placa, la que se ve a la derecha de la puerta, que dice: “Aquí estuvo el noviciado del convento de San Agustín comunicado por un arco a través de la calle. 1575-1823” y lo firma la Dirección de Monumentos Coloniales y de la República.

Comentario

En 1676 las crónicas de la época cuentan que el incendio fue tan grande que en solo tres horas todo quedó destruido. En 1692 se termina el nuevo conjunto conventual. De eso solo queda el edificio que fue la iglesia y una iglesia anexa construida en la misma época. Se conserva también el edifico que alojó el noviciado.

Resulta una tragedia que se haya destruido el convento que estaba considerado como uno de los más bellos en la Nueva España y en toda la América española. Para conservar esta gran obra de la arquitectura se pudo haber utilizado como edifico público, como ocurrió con la iglesia. No fue caso único así se destruyó también el convento franciscano de Mérida.

La fachada-portada de la iglesia es lo más notable junto con el interior que después se utilizó para biblioteca. Es un barroco elegante. El labrado de las columnas e imágenes es muy bueno. Lo es también la portada interior de la capilla anexa. La UNAM desde hace años trabaja en la restauración del edificio. Todavía no se abre al público.


Fuentes consultadas

  • Notas de las visitas.
  • Kubler, George, Arquitectura Mexicana del Siglo XVI, FCE, México, 1983.
  • De Mauleón, Héctor y Rafael Pérez Gay, Centro Histórico. 200 lugares indispensables, Gobierno de la CDMX, México, 2018.

Visitas

En 1973 hice un primer recorrido con cuidado, para identificar el espacio del conjunto conventual. Después, en diversas ocasiones, he visitado la sala de la Biblioteca Nacional y la iglesia anexa. He estado también en lo que fue el noviciado. Todavía se ve la estructura de las celdas.


Twitter: @RubenAguilar

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