Cinque Terre

Pablo Majluf

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Periodista.

Contra el derrotismo aliancista

Hace apenas unas semanas, la Alianza opositora se colgaba dos victorias al hilo: haberle hecho el vacío al presidente en su revocación de mandato y haber bloqueado la contrarreforma eléctrica en el famoso domingo de resurrección. La Alianza funcionó como lo que es: no sólo una coalición electoral que en 2021 le arrebató al régimen la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, la mitad de la Ciudad de México y algunas de las principales urbes del país, sino también un bloque de contención democrático, un dique de protección constitucional, la única fuerza capaz de detener la destrucción obradorista.

Sin embargo, a muchos opositores les invadió el derrotismo tras las pasadas elecciones locales en Hidalgo, Quintana Roo, Tamaulipas, Aguascalientes, Durango y Oaxaca. Es entendible. El régimen arrebató cuatro estados a la oposición y provocó otra desbandada priista. En ese sentido, la autocrítica siempre es positiva y la autocomplacencia nunca es recomendable. La oposición tendrá que hacer cuentas, afinar estrategias y corregir. Es sano y deseable. 

Pero una cosa es la reflexión y otra muy distinta la autodestrucción. Es necesario poner las cosas en perspectiva: la pasada elección ocurrió con un alto abstencionismo (56%) en estados muy disímiles entre sí, con poca resonancia nacional, y no representó ni el 8% del padrón electoral. Aun así, ya comenzaron a brotar los opositores derrotistas llamando a romper toda la Alianza rumbo al 2024, a dividirse, a respaldar a sus partidos desde el purismo. Olvidan que las únicas victorias de la oposición en esta elección fueron precisamente en Alianza; que, con todas sus desventajas, la Alianza tuvo el 50% de efectividad, pues ganó en dos de los cuatro estados en que compitió; y que cuando la oposición fue dividida, perdió. 

Tal vez tengan razón algunos detractores que apuntan que en Aguascalientes pudo haber ganado el PAN solo, y en Durango el PRI solo, sin coalición. No lo sabemos. ¿Qué pasaría en una elección nacional? En cualquier caso, la Alianza no sólo es un bloque de sumas electorales. Es una idea, un ejercicio antiautoritario, de defensa democrática, que no se limita a elecciones locales. Es una gran coalición nacional. Apenas ayer los partidos que la conforman firmaron una moratoria constitucional para que no avance ni un paso más la devastación populista. Impidieron así, entre otras cosas, la virtual destrucción del INE y la militarización definitiva de la Guardia Nacional. 

Un breve repaso al ascenso de los regímenes autoritarios –como el que ha hecho Ian Bassin en The Bulwark– confirma que las hegemonías generalmente se fraguan cuando la oposición está dividida. Así fue en la Hungría de Orbán, en la Polonia de Kaczyński, en la Rusia de Putin, en la Venezuela de Chávez, y en la Alemania e Italia del siglo XX. A la inversa, cuando la oposición se une, generalmente impide la consolidación del autoritarismo como en Bélgica y Finlandia tras la Primera Guerra Mundial, o en Francia en 2002. Los autoritarios siempre buscan dividir a la oposición porque les garantiza menos resistencia. Las notas de derrotismo y división que canta la propia oposición ante el menor revés son música para el régimen obradorista.

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