Cinque Terre

Julián Andrade

Escritor y periodista.

Colosio: Las dos balas que cambiaron a México

Luis Donaldo Colosio Murrieta murió hace 25 años en Lomas Taurinas, Tijuana. Como candidato presidencial del PRI, nada se oponía para su triunfo, aunque el contexto en el que se desarrollaba la campaña estaba rodeado de sombras y en particular las que provenían del alzamiento del Ejercito Zapatista en Chiapas y de las inconformidades de Manuel Camacho Solís con su postulación.

Para marzo, sin embargo, las heridas iban cicatrizando, al menos en apariencia y Colosio Murrieta recorría el país con una propuesta de transformaciones basadas en el desarrollo y en el reconocimiento de una agenda pendiente, por eso aquello de “México tiene hambre y sed de justicia”.

Camacho Solís, por su parte, negociaba con el subcomandante Marcos un pacto de paz y concordia.

El viaje de Colosio Murrieta a Tijuana no tenía una agenda relevante. El mitin en Lomas Taurinas y una reunión con maestros.
El lugar fue elegido por el trabajo de Solidaridad que ahí se desarrollaba y porque se encontraba cerca del aeropuerto. La movilidad era mala y las calles estaban cubiertas de lodo.

Llegaron al encuentro con el candidato una 4 mil personas, cuando en principio se habían contemplado mil 500. Las vallas de protección fueron superadas por colonos que querían saludar al candidato.

Colosio Murrieta quería cercanía con la gente, que pudieran conversar, plantearle problemas, hacerle peticiones. El general Domiro García, responsable de sus seguridad, sudaba la gota gorda.

A posteriori podemos deducir que muchas cosas fallaron aquella tarde del 23 de marzo, pero en ese momento parecía que los 14 elementos del Estado Mayor y los equipos que los auxiliaban serían suficientes para procesar un evento de rutina y sin impacto mediático alguno.

Mario Aburto Martínez tenía otros planes, formados en sus propios delirios y en una personalidad peligrosa, como definieron los estudios criminológicos posteriores.

Se pudo acercar a Colosio Murrieta , porque el candidato bajó del templete por el lado derecho, cuando se tenía contemplado que lo hiciera por el izquierdo. No hubo forma de ordenar la salida, porque la aglomeración era intensa.

Aburto Martínez efectuó dos disparos, uno de ellos en la cabeza de Colosio Murrieta, y cambió la historia de México para siempre.

El golpe en el sistema político resultó contundente. Muchos proyectos se desbarrancaron, y el PRI ya no se recuperaría del ácido que empezó a corroer todas sus estructuras.

Lo urgente aplastó a lo importante y la necesidad de una indagatoria profesional y creíble se empalmó con la necesidad de buscar un relevo, de intentar que la elección no descarrilara, generando ingobernabilidad.

Por ello, desde los primeros minutos era necesario tener claridad de lo ocurrido en Lomas Taurinas y de sus probables extensiones, sobre todo si el asesino material contaba con cómplices.

Para nada resulto sencillo llegar a la verdad de los hechos, a la fría constatación de que Aburto Martínez actuó en solitario. Los fiscales Manuel Montes, Olga Islas de González Mariscal, Pablo Chapa Bezanilla y Luis Raúl González Pérez son un reflejo de las presiones alrededor del expediente y sus hipótesis.

Montes planteó la hipótesis de una acción concertada, que deshecho pronto, pero que anidó en el imaginario colectivo. Islas de González Mariscal perfeccionó la indagatoria y profundizó los elementos de culpabilidad del detenido, Chapa Bezanilla se perdió en los laberintos de la político y cayó en la trampa de utilizar a la PGR con fines distintos a los de procurar justicia.

González Pérez estableció el 18 de septiembre de 1996 un listado de 26 dudas que tendrían que ser aclaradas para llegar a conclusiones sólidas.

A lo largo de seis años de indagatorias, la averiguación previa del homicidio llegó a sumar 174 tomos, consistentes en 68 mil fojas. Comparecieron mil 460 personas, de las cuales 533 ampliaron sus declaraciones y se realizaron 326 dictámenes periciales.

“El Informe de la investigación del homicidio del licenciado Luis Donaldo Colosio Murrieta” es público y se puede consultar en sus cuatro tomos.

La verdad siempre es sospechosa. Es irremediable que año con año las dudas, bien o mal intencionadas, permeen en el debate público, pero conviene atender el alcance y solidez de las indagatorias.

El asesino solitario, después de todo, no tranquiliza a nadie y más bien refleja la fragilidad a la que están expuestas la sociedad y sus instituciones.

Después de todo, no se necesitó un complot para poner en jaque al gobierno e inclusive al Estado. Proviene de ahí, creo yo, uno de los miedos profundos, pero también de sus múltiples advertencias.

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