Cinque Terre

Julián Andrade

Escritor y periodista.

La CNDH en el país de nunca jamás

Decía Jorge Carpizo, el fundador de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) que se requería de una alta calidad moral para ejercer el cargo de ombudsman (ahora ombudsperson), porque el modelo requería de enorme confianza de la sociedad, para que las recomendaciones fueran acatadas por las autoridades.

En efecto, desde las primeras apariciones públicas y en casos relevantes, la CNDH formó alianza con los medios de comunicación y con organizaciones no gubernamentales para hacer posible su trabajo.

Jorge Carpizo MacGregor en imagen de archivo de junio de 2011. Foto José Antonio López / La Jornada

En un aspecto en el que se puso sumo cuidado, fue en el de desligar a los titulares de la institución de los partidos políticos y de sus intereses. No es que los ombudsperson fueran ajenos a simpatías y hasta aspiraciones, sino que estas no se podían mezclar con el trabajo diario, porque este radica, en buena medida, en observar violaciones a los derechos humanos cometidas por autoridades.

Esta lejanía y trabajo eficiente motivó que las crisis de seguridad y de procuración de justicia terminarán atendidas por quienes habían conducido a la CNDH. Así resultó con el propio Carpizo y con Jorge Madrazo Cuéllar, ya que ambos fungieron como procuradores generales de la República.

Tampoco es que aquello resultará ideal, pero las coyunturas y la gravedad de los problemas hicieron que tuvieran que entrar al quite, Carpizo para resolver los problemas estructurales de la PGR, justamente relacionados con malas conductas de la Policía Judicial Federal y Madrazo para desentrañar, y desenredar, las indagatorias de dos casos criminales de alto perfil: Los asesinatos de José Francisco Ruiz Massieu y de Luis Donaldo Colosio.

La CNDH, con los años, adquirió la calma institucional necesaria para impulsar proyectos de largo aliento y para incidir decididamente en la vida pública del país y para bien.

Sin la atención de la CNDH en muchas de las coyunturas, y sobre todo las relacionadas con la seguridad pública, las cosas habrían sido todavía más difíciles.

Por eso inquietan, por decir lo menos, las descuidadas formas con que designaron a Rosario Piedra como titular de una de las instituciones protectoras de derechos más grandes del mundo.

Se trató de reponer el procedimiento de su nombramiento en el Senado, ante las diversas dudas sobre la legalidad del mismo, pero una alianza entre los senadores de Morena y del PRI lo impidió.

Para los primeros se trataba de seguir una instrucción de Palacio Nacional y para los segundos de tener elementos para impugnar la situación ante la Suprema Corte, aunque saben de antemano que ahí no va a ocurrir nada distinto.

Esto da cuenta de la debilidad de una parte de la oposición y del desamparo en el que se encuentran corrientes y visiones ciudadanas que ya no tienen cobijo ante expresiones políticas de han mudado de piel en este último año.

El PAN, hay que reconocerlo, tuvo una actitud digna y decidida para intentar impedir un atropello que lastima la independencia y que pone en ridículo al Senado, donde imperaron toda clase de triquiñuelas.

FOTO: GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM

Rosario Piedra, además, es una clara militante del partido en el poder y hasta buscó una diputación.

Sostiene que ésto no le impedirá actuar con autonomía, pero minutos después de rendir protesta, señaló que no se violan derechos de los migrantes y desconoció los riesgos que los periodistas padecen en nuestro país e inclusive negó que existieran casos de homicidios durante este último año.

Esto mereció, otra novedad, la primera queja de su periodo en el CNDH es contra ella y presentada por la Red de Periodistas Desplazados, quienes exigen, cuando menos, una disculpa pública.

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