Manuel Cifuentes Vargas

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Doctorante en Derecho por la UNAM.

Los ciudadanos ya cumplieron ¿Y ahora qué?

Al llamado de las instituciones electorales, de las organizaciones de la sociedad civil, de académicos, así como de actores de algunos medios de comunicación, que en este proceso electoral desempeñaron un papel fundamental y protagónico, invitando a los ciudadanos a tomar colmada conciencia ciudadana y a ejercer su derecho al voto, los ciudadanos cumplieron. Por lo menos la mitad de la sociedad cuajadamente responsable con su compromiso cumplió y, en términos generales, cumplió bien.

Muchos ciudadanos comprometidos con el país y ligados con la democracia, salieron gustosos a depositar su voto de confianza y de esperanza, con la mira puesta en un horizonte de futuro cierto, responsable y con certidumbre en su andar. Bueno, pero los ciudadanos cumplieron, ¿y ahora qué sigue?

Lo cierto es que los resultados finales de la elección en términos generales, y no en las particularidades por circunferencias electivas que prefiguran una imagen diferente, no dieron ganadores ni perdedores, sino un empate entre los dos grandes bloques participativos, en la conformación del mapa de la nueva geo política electoral y, por lo tanto de gobierno, que redibuja al país. En efecto, la disputa por el poder de parte de los dos grupos que figuran en el espectro político nacional, paradójicamente los dos ganaron pero los dos perdieron a la vez. No fue una suerte de ganar ganar ni de perder perder para uno ni para otro; es decir, para ninguno de los dos.

Valga este juego de palabras, que me parce les queda a la medida: ganaron perdiendo y perdieron ganando, pues mientras uno avanzó ganando importantes espacios en la esfera local, el otro recupero terreno en el ámbito federal, con lo cual se coadyuvará a reacomodar los pesos y contrapesos políticos al interior de la propia Cámara de Diputados dándole una nueva fisonomía política representativa; a la vez que, con la nueva expresión popular, también se está aportando a re balancear y moderar el peso en la conformación del Congreso de la Unión, esto es, entre las dos Cámaras y, con ello, a enderezar el equilibrio en la División de Poderes Federal, básicamente en la relación entre el Legislativo y el Ejecutivo, lo cual seguramente tendrá sus efectos en el Judicial, así como su reflejo en las entidades federativas en la integración del Poder Constituyente Permanente.

CIUDAD DE MÉXICO, 20MAYO2021.- Vida Cotidiana en los azulejos de metro Candelaria de la Línea 1 del metro. FOTO: GALO CAÑAS/CUARTOSCURO.COM

Bueno, en el caso de los diputados ya ganaron y llevan todo el apoyo y respaldo de los ciudadanos que los eligieron en base al proyecto con el que se presentaron ante la población y a los que les dio su confianza el electorado. Creyeron en ellos y no los pueden defraudar y menos traicionar. Pero no basta con haber ganado. Ahora vamos a ver de qué están hechos los futuros diputados y la gente espera que le respondan, y que no den bandazos vendiéndose y pasándose  al partido contrincante, porque si no de nada sirvió el esfuerzo que hizo la sociedad saliendo a votar.  Sería una traición  a los ciudadanos que confiaron en ellos dándoles su voto para cambiar y no para seguir igual, y menos para  retroceder.

Estos nuevos representantes del pueblo, no pueden darle la espalda al pueblo, al no cumplir con lo que les mandató al votar por ellos y por determinadas opciones partidistas, y no por otras. No pueden convertirse en “ladrones de la esperanza” de cambio de la gente. Cuidado. El costo puede ser muy alto y se los cobraría a ellos y al partido político que se los presentó.

Deben conectarse con la gente para escuchar, reforzar y hacer suyos los “sentimientos de la nación”, a fin de llevarlos y exponerlos con firmeza en la cámara legislativa de la que formarán parte. Todavía tienen buen tiempo de volver nuevamente a conectarse directamente con la gente para bañarse y nutrirse todavía más de pueblo para que lleguen más completos y sólidos, de tal suerte que sean dignos, autorizados y legítimos interlocutores del pueblo en su tarea legislativa, porque su misión es legislar y legislar bien por el bien del país, y no de grupos políticos o de un poder determinado. Su razón es legislar bien y su misión es crear leyes justas, y no injustas, para bien de la sociedad entera, así como por la salud y el bienestar de todo el país. Albert Einstein dijo alguna vez con razón que “nada destruye más el respeto por un gobierno y por las leyes, que la aprobación de leyes que no se pueden poner  en ejecución.” Y yo agregaría, o forzadamente hacerlas vigentes, aunque no gocen del beneplácito de la gente y que, por el contrario, les genere malestar y las rechace. Siempre será mejor  construir contando con el acompañamiento saludable de la gente.

Recordemos que los moldes del pasado que convirtieron a las cámaras legislativas de simple trámite; en una especie de oficialía de partes o de control de gestión; o como escribía Andre  Chardenagor en “…una cámara de registro, dócil a las decisiones del ejecutivo”[1]; y que también en el mismo sentido, en palabras de Monique Lions, expresa que en la práctica se sustituyó el equilibrio de poderes, “… por la preponderancia… del ejecutivo frente a un legislativo, cuyo papel se reduce generalmente al de cámara de registro.”[2], ya no debe repetirse; esto es, ser una cámara a modo y acomodo del poder, porque envilece a los legisladores y de paso se llevan entre los pies a la institución legislativa; en este caso, a la Cámara de Diputados.

Después de los resultados electorales federales, ahora en la real politik, que normalmente el poder no deja de procurar y endulzar el oído de las personas que le pueden ser útiles para sus fines; el último recurso que le queda al poder, y lo va a hacer, pues de eso no debe caber la menor duda porque es parte de su naturaleza, es ir a la caza y compra de legisladores para lograr lo que necesita. Ahora la pregunta es: ¿Se van a dejar enamorar y se van a vender, y traicionar a la gente; a la sociedad votante que les dio su confianza?

No los pueden defraudar. Sería ilegal, inmoral e impolítico. Sería una ingratitud a la sociedad porque no estarían cumpliendo con lo que les mandató en el proceso electivo, donde quedó muy claro cuáles son los sentimientos políticos, sociales y económicos de la nación, con la dirección y sentido que le dieron los electores a su voto.

El Poder Legislativo sufre de desprestigio; razón por la que debe adquirir su natural y verdadera independencia, ya no de sometimiento, que no necesariamente es de antagonismo y de enfrentamiento a raja tabla y a toda costa, sino de respeto, diálogo y consenso razonado para construir el país que la sociedad quiere. Bien expresa Andre Chardenagor que “entre el Parlamento y el gobierno, el diálogo no será fecundo mientras sea desigual.”[3] Es buen momento de trazar la ruta de renovación en este sentido, en base a las exigencias del constitucional, aliento y sentir democrático que quiere la sociedad, pues como bien dice el mismo Chardenagor, el ciudadano “… quiere ver a su diputado en el más noble ejercicio de su función…”[4].

Hay que hacer emerger al Poder Legislativo con toda entereza y el significado histórico, constitucional, político y democrático que le corresponde y que debe tener para dignificarlo y que cumpla a plenitud con su razón, función y misión. Su resurgimiento no debe retardarse más, pues no debemos olvidar y echar en saco roto el desencanto que, por varios factores, tienen los ciudadanos sobre el Poder Legislativo; no con una sino con las dos cámaras. En efecto, en el imaginario ciudadano, la verdad es que,  de muchos años atrás, la percepción sobre los legisladores no es afortunada, pues la gente no está satisfecha con las cámaras legislativas.

Ahora el balón está en la cancha de los nuevos legisladores y de los partidos políticos que los abanderaron. Vamos a ver de qué están hechos y “vamos a ver de qué lado masca la iguana”, como figuradamente expresa la voz popular.


[1].- Chardenagor, Andre. Razón de Ser del Parlamento. Cámara de Diputados. LI Legislatura. México. 1981.  P. 17.

[2].- Lions, Monique. El Poder Legislativo en América Latina. Instituto de Investigaciones Jurídicas. UNAM. Serie B. Estudios comparativos. d) Derecho Latinoamericano. Núm. 3. México. 1974. P. 87.

[3].- Chardenagor. Ob. Cit. P. 64.

[4].- Ibidem. P. 15.

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