Cinque Terre

Rafael Hernández Estrada

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Fundador y consejero nacional del PRD, fue su diputados federal y representante electoral. Se desempeña como asesor parlamentario y analista político.

El circo de la “rifa”

Con la mal llamada “rifa del avión presidencial”, el Presidente de la República ha incurrido en faltas como un manejo indebido de recursos públicos y en absurdos como la auto-compra de boletos de la rifa, todo en aras de la escena culminante de este espectáculo, que será la entrega de los premios a los afortunados en cadena nacional de radio y televisión.

Para el guionista del espectáculo, que es el propio López Obrador, bien han valido las infracciones cometidas contra la ley y los reglamentos, el descalabro económico que muy probablemente implicará el saldo de esta supuesta rifa y hasta el ridículo internacional que lo señala directamente. Lo que le importa es la representación de la escena final del guion, pletórica de sentimentalismo, de agradecimientos a su persona y el efectismo mediático de dotar a un hospital de los insumos, medicinas y equipos que su política de austeridad le ha arrebatado a todo el sector salud.

Se sabe que Televisa y TV Azteca ya preparan la producción del show, con no pocas cargas de cursilería y melcocha al estilo del Teletón, para que desfilen y den las gracias por el favor presidencial los 100 agraciados: gente humilde y de clase media agobiada por el desempleo, algunos emprendedores quebrados por la crisis, directores de hospitales desmantelados y por qué no, algún que otro alto funcionario del gobierno federal que se desprenderá heroicamente de su premio para donarlo a la causa de la salud del pueblo, aunque el boleto lo haya adquirido voluntariamente a fuerzas.

Pasados los nada espontáneos agasajos de la “rifa”, el gobierno deberá rendir cuentas de esta operación. Detalladas auditorías tendrían que hacerse por la Secretaría de la Función Pública y la Auditoría General de la Federación, que deberán concretarse en observaciones y resarcimientos, pues es evidente que el gobierno ha incurrido en múltiples irregularidades y malos manejos. Entre otras, algunas de las cuestiones que se deberán aclarar y sancionar, en su caso, son:

Los 2 mil millones de pesos de Gertz Manero. El 10 de febrero anterior, compareció el titular de la Fiscalía General de la República en la diaria conferencia presidencial y le entregó al presidente un cheque por dos mil millones de pesos. El presidente López Obrador dijo ahí mismo que ese dinero serviría “para pagar los premios (de la rifa) del avión presidencial” y que “lo que obtengamos de la venta de los cachitos, de los boletos de la lotería, pues nos va alcanzar sin ningún problema para destinar 2 mil 500 millones de pesos de equipo médico”. ¿Dónde quedaron estos 2 mil millones de pesos?

La auto-compra de boletos. Diversas dependencias del gobierno federal hicieron compras masivas de boletos, para lo cual utilizaron indebidamente recursos públicos que tenían otro fin presupuestario, lo que implica violaciones a la Constitución y a diversas leyes, tipificadas como desvío del dinero público de que disponen los servidores públicos en virtud del cargo que ocupan.

Obligar a comprar boletos. Es público que diversas dependencias, incluidas empresas productivas del Estado, así como estructuras asistencialistas como los Servidores de la Nación, forzaron a sus empleados y beneficiarios a comprar boletos para la “rifa”. Tal conducta incurrió en el abuso de funciones, que consistente en la utilización de su posición jerárquica para cometer actos arbitrarios. Además de violar los derechos y la economía de quienes así fueron forzados, esto afectó el mercado y los ingresos de los titulares de los expendios autorizados de venta de boletos de la Lotería Nacional.

Hasta la fecha no se ha hecho pública la información detallada de la venta de boletos, de las auto-compras masivas, del monto de las comisiones ganadas por los expendedores reconocidos ni, por tanto, del monto recaudado para el fin que supuestamente motivó la “rifa”.

Pero, por lo visto, la recaudación para dotar de insumos y equipo a los hospitales públicos es lo de menos, lo que importa al presidente son los efectos propagandísticos que alcance con la “rifa” del avión presidencial.

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