Cinque Terre

José Buendía Hegewisch

Chicas superpoderosas

El acceso al poder es un asunto de derechos, pero también de que el tamaño de la representación sí importa.

¿Qué fue de la paridad en las urnas? Se habla de la candidatura independiente y su impacto en la pérdida del monopolio de acceso al poder de la partidocracia, pero aquella otra novedad también tendrá consecuencias importantes en la evolución de la ciudadanía y las formas de hacer política de los partidos: por primera vez habrá 210 mujeres legisladoras, casi 42 por ciento de la Cámara de Diputados, en una legislatura fragmentada y obligada a la negociación, el acuerdo y las alianzas.

El avance es resultado de la lucha del movimiento de las mujeres, como el agrupado en la Red de Mujeres en Plural, primero por la cuota de género para candidaturas y luego el principio de paridad en la última Reforma Política. Han tenido claro desde hace mucho tiempo que garantizar el acceso al poder es un asunto de derechos, pero también de que el tamaño de la representación sí importa para influir en las decisiones. Con frecuencia citan a Michel Bachelet, presidenta de Chile, cuando dijo que si una mujer entra en la política cambia la mujer, pero si son muchas, cambia la política. En efecto, el objetivo es que la universalización de la ciudadanía y la igualdad jurídica traiga nuevos enfoques de política pública y mejores leyes en favor del interés común de la ciudadanía ¿Cuál es el impacto de la mayor presencia de mujeres en el Congreso?

Con los independientes, por ejemplo, se rompe el control de los partidos de los cargos de elección y ahora poderes económicos o fácticos pueden impulsar opciones por sí solos. Su presencia en el juego de distribución del poder cambia los equilibrios de fuerza en la negociación con los partidos y abre nuevos espacios de participación a la ciudadanía en asuntos públicos.

El club cerrado de los partidos se abre y la ciudadanía evoluciona, al igual que sucede con la paridad, la política se hace más competitiva e incluyente. Si los independientes abren el “ostión” de los partidos, la paridad limita el control de las cúpulas y las nomenclaturas masculinas en su interior en los puestos de toma de decisión. Les abre la puerta a las mujeres, por ejemplo, para introducir perspectivas de género transversal en la política pública, aunque eso no significa nuevos enfoques o políticas en temas como seguridad o en la política económica. También la apertura a nuevos liderazgos y estilos de negociación, que se necesitarán ahora en el Congreso ante la mayor dispersión política.

Ésta fue la primera prueba para la paridad en las urnas y el resultado entre los partidos es desigual. Morena es el que más mujeres lleva a la Cámara de Diputados (54.2 por ciento) seguido del Partido Acción Nacional (51.8 por ciento mientras los más rezagados fueron el Partido Verde (25.5 por ciento) y el Partido Revolucionario Institucional (38.9 por ciento), igual que el nivel promedio de 2012 cuando la cuota de género era de 40 por ciento.

La igualdad de género es un tópico de corrección política, pero en la práctica su avance ha tenido que saltar obstáculos y sobre todo pelear en los tribunales. Esta vez las impugnaciones fueron en ocho de los 17 estados en los que hubo elecciones. No fueron abiertos fraudes a la ley como el conocido de las juanitas en que candidatas una vez electas dejaban el cargo a sus suplentes varones, pero sí resistencias como ponerlas en distritos perdedores.

Es probable que por ello el avance de la paridad en la Cámara no se haya dado en la misma proporción en cargos como gobernadoras o presidencias municipales. Pero el hecho de que muchas se impusieran en los distritos donde su partido no había ganado es un incentivo para que aumente su postulación en las 12 elecciones estatales del próximo año, además del 2018, a la que ya se anotó otra candidata Margarita Zavala. Seguramente habrá muchas más y las nuevas mayorías tendrán la oportunidad de responder si el poder cambiara de género o puede esperarse una transformarán de la forma de ejercer el poder.


Este artículo fue publicado en Excélsior el 21 de Junio de 2015, agradecemos a José Buendía Hegewisch su autorización para publicarlo en nuestra página

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