Cinque Terre

Ricardo Becerra Laguna

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Economista. Fue subsecretario de Desarrollo Económico de la Ciudad de México. Comisionado para la Reconstrucción de la Ciudad luego de los sismos de 2017. Presidente del Instituto para la Transición Democrática.

El chantaje de nunca acabar

Metidos en un debate infantil, inverosímil y candoroso (si no estuviera plagado de tanta grilla) no caemos en cuenta hasta qué punto ha infectado el trumpismo, nuestro propia discusión nacional.

Analistas admirables y sensatos abandonan su posición para decir esto: “…López Obrador tuvo la habilidad para negociar sus diferencias con Trump, una hazaña mundial por donde se le mire…”. Y de otro flanco, esto: “… el Presidente ha hecho un ignominioso pacto a cambio de nada, sin el menor intento de resistencia y lleno de miedo ante la confrontación”.

Pero la retórica de los gobiernos, allá y acá, no deja de asombrar por sus grandes dosis de “posverdad”, exageración y engaño. Dice el señor Trump: “¡México aceptó, inmediatamente, comprar grandes cantidades de productos agrícolas de nuestros patriotas, grandes agricultores!” (misterio no confirmado, tampoco claramente desmentido). En tono muy diferente, declaró nuestro Presidente, en Tijuana: “Vigilaremos nuestra frontera, respetaremos los derechos humanos, daremos bienestar, salud, educación y oportunidades a los migrantes” como si no fueran –desde siempre- nuestra obligación.

Ambos lados de la frontera celebran “su triunfo”, dejando tras de sí un espectáculo que no corresponde a una conversación adulta, rigurosa, racional, partiendo de la única certeza política que tenemos en las narices: la amenaza seguirá y el chantaje se volverá parte de nuestra cotidiana relación.

AFP

La actitud del gobierno estadounidense hacia México y los mexicanos nos obliga a tomar en serio y en toda la línea, cada una de las bravatas del señor Trump. Hay que asumir sin pánico pero sin disimulo, la vasta emergencia que plantea ese personaje intolerante y conservador, pues lo cierto, es que no hay novedad.

Como recordamos todos, su campaña estuvo articulada por mentiras reiteradas, sus propuestas en materia de política interior han escindido a la sociedad estadounidense y el carácter iracundo de sus iniciativas en el plano internacional son una amenaza global ahora mismo.

Por el gobierno norteamericano actual, vivimos de hecho, una regresión geopolítica que desconoce los compromisos y la legalidad creadas -tan laboriosamente- en las instituciones internacionales como las Naciones Unidas.

Así que los llamados genéricos a la “tranquilidad”, la reiteración de fraseos nacionalistas, el mensaje a nuestra dignidad, los llamados a la unidad sin contenidos concretos ó la invocación a nuestra “solidez económica” no solo no inyectan certidumbres, sino que exhiben una orfandad estratégica que debemos superar lo más pronto posible. En resumen, dejar nuestra inocencia consentida e intentar una estrategia nacional, deliberada y acordada, a la altura del contexto en el que sabemos, de todos modos vamos a vivir.

No tiene ningún sentido político ni intelectual minimizar lo que ha ocurrido esta última semana bajo el chantaje de Trump, pues está abriendo un capítulo de convulsión en casi todos nuestros frentes: desde los derechos humanos, hasta la economía; desde la política internacional y la migración, hasta la condición ambiental de nuestro país.

Dado el tamaño de nuestra vecindad; dadas nuestras inmensas disparidades y dada la densidad de las relaciones mutuas, ningún otro país como México padece tanto, las consecuencias de la llegada y de la posible reelección del señor Trump a la Casa Blanca.

Repito, subrayo: hay que comenzar una amplia conversación nacional organizada y sistemática -sociedad y el Estado- para enfrentar una agenda agresiva y discriminatoria, como no había sido conocida en la historia democrática, o al menos, en la historia de las relaciones internacionales de los Estados Unidos (una argumentación de qué y cómo puede leerse en https://tinyurl.com/y2dwhtko formulada hace más de dos años por el IETD).

Y como lo recordó ayer, Raúl Trejo, es el Senado de la República, la instancia corresponsable de acordar y conducir la política exterior. No se si la cancillería o la Presidencia están dispuestos a elaborar una respuesta común, genuinamente nacional. Pero el Senado no puede seguir volteando para otro lado. Sería una omisión costosa y muy difícil de olvidar.

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