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Walter Beller Taboada

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Si en CDMX usted votó izquierda en 2018, lo estafaron

En una de las más dramáticas actuaciones filmadas en México, Pedro Infante encarnó en La Oveja Negra (de Ismael Rodríguez, 1949) a Silvano Treviño, un joven decididamente sojuzgado a la autoridad de su tiránico padre, Don Cruz Treviño Martínez de la Garza, soberbiamente interpretado por Fernando Soler. En el filme hay una escena que pinta el patetismo de la relación entre padre e hijo: ocurre cuando, por motivo de una contienda electoral en la que se enfrentan ambos por la prefectura del pueblo donde viven, Silvano la gana, pero en su más absoluta soberbia Don Cruz le ordena que en público le limpie los zapatos, se incline y baje la cerviz, así nada más por el gusto de humillar al hijo y mostrar que el dominio paterno no conoce límites. Silvano accede y voltea, furioso, a ver a quienes se ríen de él ante tal denigración; pero le limpia los zapatos porque no quiere violentar la autoridad de Don Cruz.

Después del trágico accidente en la Línea 12 del Metro capitalino, se reunieron a puerta cerrada el presidente López Obrador, el ingeniero Carlos Slim y Claudia Sheinbaum. A la salida no hubo ninguna declaración. Pero luego Claudia expresó que se va a reactivar el servicio hoy interrumpido a causa del accidente en que le murieron al menos 26 personas y 80 han tenido diversas afectaciones en su salud y su vida: “Es importante reactivar, pero lo más importante es que se dé de manera segura, es importante que el Presidente está atento a ello. (…) Vamos a seguir informando a la ciudadanía conforme vayamos avanzando. Tengan la certeza de que va a haber absoluta transparencia en todo”, añadió. Pero luego aclaró que el único que va a informar de todo ello es el Presidente de la República.

En los hechos, la Jefa de Gobierno de la CDMX abdicó como Jefa de Gobierno. Quedó en el papel de empleada del titular del Ejecutivo Federal. ¿Qué pensaran todos aquellos que alguna vez alzaron su voz para exigir que los chilangos tuviéramos un gobierno propio? ¿Qué dirán quienes gritaban a voz en cuello en los años 80 y 90 que no querían ser “ciudadanos de segunda”? ¿Dónde estarán todos aquellos que se rompieron la cabeza para encontrar las fórmulas para una armonización de leyes y normas a efecto de que el Distrito Federal se convirtiera en una entidad federativa más y que sus habitantes pudiesen elegir democráticamente a sus autoridades locales?

Foto: Apro

El proceso para llegar a ser la Ciudad de México fue largo, difícil, complejo, pero existió una voluntad firme de mujeres y hombres empeñados en que, por ejemplo, las antiguas Delegaciones Políticas se transformaran en Alcaldías. Implicó una lucha de imaginación e ideas para que el Regente de la ciudad se convirtiera en una autoridad autónoma y se lograra la Jefatura de Gobierno. En pocas palabras, para que la autoridad de la ciudad no dependiera de las decisiones del Presidente de la República.

Con el triunfo del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, en 1996, se inició la larga senda por la reivindicación de los derechos de una ciudadanía numerosa, activa y pujante en materia laboral, financiera y cultural. Al mismo tiempo que crecíamos los chilangos en derechos y libertades, la sociedad civil se fue fortaleciendo y la participación de los habitantes de la ciudad se fue convirtiendo en un tinte de orgullo. Eramos en la ciudad y no simplemente la habitábamos. Los chilangos salíamos con mayor frecuencia a las calles para manifestarnos; protestábamos contra los abusos de la autoridad, contra la corrupción que campea en las esferas políticas y en favor de una seguridad efectiva, como un derecho nuestro y como una obligación irrenunciable de la autoridad. Las llamadas minorías no dejaban de tener participación ciudadana. Sin premeditarlo, los chilangos se fueron decantando de manera automática hacia la izquierda política.

PARECE QUE FUE AYER

La izquierda también tuvo que crecer en el proceso. Después del 68 mexicano, la mentalidad de izquierda se aglutinó durante años en un pensamiento que, en honor a la verdad, no debe llamarse marxista sino más bien estalinista. El marxismo de Gramsci procuraba la libertad y la democracia; el estalinismo del PCM mantenía la inescrupulosa tesis de la democracia es solo un componente de la superestructura del capitalismo. Cualquier otra visión que no hablara de la “lucha de clases” era vista con recelo y descalificada como “social-demócrata”. Ser esto segundo equivalía a ser un “desclasado” (o como llaman ahora, un clase media). El Partido Mexicano de los Trabajadores, fundado en 1974, que tuvo registro legal en 1984, estuvo encabezado por Heberto Castillo, quería democracia y un espacio para el pensamiento de izquierda dentro de la instituciones.

Propugnar en aquellos años por nociones tales como la “apertura democrática” y no digamos “alternancia” en el poder, estaban duramente estigmatizadas por esa izquierda que no quería saber más que del triunfo de la “dictadura del proletariado”.

Los cambios inesperados en los antiguos países del bloque soviético, empezaron a dar la pauta de que el “socialismo real” no era más que un capitalismo de Estado, y que la “economía dirigida” era un total fracaso (excepto para los leales al poder). De modo que la “opción de la lucha armada” como medio de acceso al poder se fue diluyendo en la mayoría de los participantes en la izquierda. De manera no directa, zigzagueante, el camino que se fue pavimentando a favor de las libertades ciudadanas, los derechos humanos y el derecho a tener una vida libre de violencia.

CARAS VEMOS, PORCENTAJES NO SABEMOS

La que fue activa participante de las luchas estudiantiles en el movimiento del El Consejo Estudiantil Universitario (CEU), que fue creado en octubre de 1986 por los estudiantes rebeldes y aguerridos de la UNAM; la doctora en física que decía creer en la ciencia y su utilidad para la mejora de la vida humana y su armonía con la naturaleza; llegó a ser Secretaria del Medio Ambiente con AMLO en la capital del país. No creo que se recuerden sus opciones para la protección y sustentabilidad del medio ambiente en la ciudad de México; pero sí se recuerda que el entonces Jefe de Gobierno le encargó las obras y la administración del Segundo Piso del Periférico (un cachito pequeño, por cierto) y que, como ocurre con habitual recurrencia con la 4-T, Claudia, disciplinada, reservó en el sigilo los montos y demás detalles de la construcción de dicha obra.

En este recuento rápido no olvidamos que apenas el 29 de marzo del año 2000, López Obrador consiguió su registro de una manera irregular ante el Instituto Electoral del Distrito Federal como candidato a Jefe de Gobierno del Distrito Federal; el 2 de julio ganó las elecciones con 37.5 por ciento de los votos emitidos, 4 por ciento más que el candidato del PAN, colocando al PRI en tercer lugar con 22.8 por ciento. Tomó posesión como Jefe de Gobierno el 5 de diciembre de 2000. Y con él llegó Claudia Sheinbaum a la Secretaría del Medio Ambiente. Para el 2018, la historia es conocida.

El nivel de aprobación ciudadana a la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, disminuyó 22 puntos, al pasar de 71 por ciento en abril de este año a 49 por ciento en mayo, tras el colapso de la Línea 12 del Metro. El porcentaje de desaprobación subió de 26 a 49 por ciento. O lo que equivale, uno de cada dos ciudadanos reprueba la actuación de Claudia como Jefa de Gobierno. ¿Qué hace Claudia para remediar esa caída?

Como esa vieja canción: ella solo quiere ser “la favorita de su profesor”. Y por eso le da la espalda a los ciudadanos, tanto los que la apoyan como los que desaprueban su gestión. Sigue las órdenes del Presidente de la República. Aunque es una cuestión de dignidad personal, el asunto de fondo es legal, constitucional, ya que como funcionaria dejó de ser Jefa de Gobierno y se convirtió en empleada de López Obrador.

¿Le importará verse reflejada en la triste imagen de Pedro Infante en La oveja negra? ¿Y la “democratización de la ciudad de México”? ¿Y los ideales libertarios? ¿Y la agenda de derechos? Nada, como Silvano Treviño, ella seguramente tendrá su “justificación” personal. No será legal, pero al fin y al cabo para ella todo ocurre en el mundo de la posvedad.

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