Cinque Terre

Julián Andrade

Escritor y periodista.

La catástrofe de los partidos y la paradoja del Verde

Los partidos tradicionales enfrentan una crisis que en algunos casos puede ser irreversible. La oleada que significó la votación por Andrés Manuel López Obrador dejó maltrechos al PRI, al PAN y al PRD, pero el primer año de gobierno los dejó en los huesos.

Esto se desprende del Procedimiento de Actualización de Padrones y Militancia de los Partidos Políticos que realiza el Instituto Nacional Electoral (INE).

Lo primero que llama la atención es que las fuerzas políticas tenían, en conjunto, 13 millones 549 mil 855 afiliados antes de la elección del 2018 y para enero de 2020, esta cifra se redujo a 4 millones 280 mil 465 afiliados, esto es, entre desencanto, errores y duplicidades, abandonaron la política activa 9 millones 269 mil 390 ciudadanos y ciudadanas.

Los más afectados son el PRI y el PRD, con una reducción del 76 y 75 por ciento, respectivamente. Le sigue el PAN con una caída del 38 por ciento, y el PT y MC con una baja de 51 por ciento cada uno.

Morena, en cambio, perdió un 12 por ciento de militancia.

La única organización que creció fue el Partido Verde, con un 51 por ciento de aumento en las afiliaciones.

La militancia no define todo en un partido, aunque sin duda da cuenta de su capacidad de operación y arraigo. Se pueden ganar elecciones con padrones bajos y se puede perder con listados abultados, el PRI (6 millones 546 mil 560 afiliados antes de la elección) y Morena (317 mil 595 registros) son el mejor ejemplo de ello, porque las contiendas tienen que ver mucho con el arrastre de los candidatos y más si lo que está en disputa es la presidencia de la República.

El priismo no ha encontrado su lugar en la 4T y por eso va reduciendo sus capacidades. Alejandro Moreno, su líder, no ha estructurado todavía la narrativa que los haga salir del hoyo en que se encuentran.

Que Morena pierda militantes es acaso el reflejo de los pleitos internos entre Yeidckol Polevnsky y Bertha Luján, ante modelos y visiones muy distintos, que de paso dan cuenta de ese nudo de interés, grupos y corrientes, que hizo posible su triunfo, pero que no necesariamente los mantendrá unidos.

El PRD es uno de los derrotados mayores, ya que buena parte de sus votantes, aunque no de sus militantes, se trasladaron a Morena y de modo concreto a López Obrador. Los esfuerzos de dirigentes como Fernando Belaunzarán y Jesús Ortega, no acaban de cristalizar en la presentación de una organización que sea capaz de seducir, de nuevo, a los votantes.

El panismo no es de grandes números en su militancia, pero ello lo suplen con buenas cuotas de abnegación, aunque ahora tendrán que enfrentar a México Libre, de Margarita Zavala y Felipe Calderón, quienes les diputarán un mismo electorado.

Movimiento Ciudadano está haciendo bien las cosas, pero no en lo que respecta a las afiliaciones, ya que inclusive se encuentran por debajo de la línea del registro y ahí hay una ardua tarea para Clemente Castañeda y para Dante Delgado.

La sorpresa es el Partido Verde, donde Carlos Alberto Puente y su equipo entendieron que la cercanía con la presidencia de la República, sin llegar a la subordinación absoluta (el tema de la reducción del financiamiento público a los partidos es un ejemplo) les podría redituar. Pero también están haciendo fichajes que suman, como los de los diputados Mauricio Toledo, el ex perredista que le ganó a Morena en Coyoacán y Ricardo Gallardo, quien tiene muchas posibilidades de llegara a la gubernatura de San Luis Potosí. Parte del aumento en la militancia viene justo de incorporaciones como estas.

El reto para los partidos, en todo caso, radicará en devolverle la esperanza a ese 75 por ciento de ciudadanos, que militaban en fuerzas políticas, y decidieron, en el último año, colgar la toalla.

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