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Ricardo de la Peña

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Presidente Ejecutivo de Investigaciones Sociales Aplicadas y Director Adjunto de la Revista Mexicana de Opinión Pública.

La cara oculta de la pandemia. Parte III. Un millón de casos después

“Es un hecho común que todas las cosas humanas tienen (…) dos caras muy diferentes.

La cara exterior marca la muerte; mira adentro, hay vida, o viceversa”.

Erasmo de Rotterdam[1].

Para el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud del Gobierno de México, Hugo López-Gatell, superar el millón de casos confirmados de Covid-19 en México “es un poco intrascendente, pero en términos de noticias pareciera atractivo cada vez que hay un número redondo”[2]. Esto, obviando el hecho de que en toda ruta se suelen colocar marcadores numerados o hitos que proporcionan puntos de referencia en el camino para indicar la distancia recorrida.

Es así como el 14 de noviembre de 2020, al finalizar la semana epidemiológica 46 del presente año, México alcanzó el millón de contagios confirmados, de acuerdo con la contabilidad oficial de casos y decesos que se reporta de manera cotidiana en una conferencia de prensa, acorde con la base de datos que también día con día se actualiza para informar sobre el desarrollo de la pandemia por el virus Sars-CoV-2 en nuestro país[3].

Pero, al margen del desprecio del servidor público a que se haga relevante el encuentro con estos hitos, tiene razón el comentario de que, debido a que el propio gobierno lleva diversas contabilidades alternativas, el número de contagios estimados habría superado el millón de casos desde días antes, a lo que se podría añadir que el número de positivos detectados por pruebas de laboratorio, la cifra más uniforme de contagios de la que se dispone, se alcanzará una semana más tarde.

Dejando de lado la relevancia del punto marcado, vale la pena recuperar los datos sobre cuál fue la ruta para arribar a este volumen de casos en México y cuál la dirección señalada por los datos para el futuro inmediato. Actualizar respecto a un ensayo previamente publicado[4] los datos sobre el devenir de la pandemia en nuestro país será el objetivo en este ensayo.

LAS PRUEBAS Y LOS CASOS

Al 14 de noviembre de 2020, luego de ocho y medio meses desde el registro oficial del primer caso confirmado de Covid-19 en México, se habían alcanzado casi los 2.4 millones de personas sujetas a estudio por posible infección con el virus Sars-CoV-2, de los cuales poco más de 973 mil habrían resultado positivos mediante prueba de laboratorio. Estos datos corresponden al cómputo que regularmente se había llevado a cabo para conocer la evolución de esta pandemia en nuestro país.

Sin embargo, a principios de octubre se ampliaron los criterios de inclusión en la contabilidad oficial, para incluir en la estadística los casos correspondientes a las personas que cumplen con la definición operacional internacionalmente vigente de caso sospechoso de enfermedad respiratoria viral, que abarca a los casos sin muestra de laboratorio pero que han tenido contacto en los 14 días previos con un caso o defunción confirmada por Covid-19, además de los casos confirmados mediante dictaminación por comités de especialistas[5]. Es por ello que el volumen de casos reportados alcanza a la fecha referida más de 2.6 millones, de los cuales más de 200 mil corresponden a casos para los que se careció de un resultado mediante prueba de laboratorio por cualquier motivo —sea que no se realizó o que no pudo ser analizada—, y cerca de 30 mil fueron considerados como confirmados mediante asociación clínica epidemiológica o a través de un dictamen. A partir de entonces se han incrementado, aunque de manera sumamente irregular (que supone incluso decrementos de un día para otro) los casos sin prueba incluidos en la base de datos acumulada de casos de notificación para Covid-19.

Cabe precisar que los cambios en la base de datos de casos asociados a la Covid-19 del 5 al 6 de octubre de 2020 no sólo consistieron en la incorporación de las opciones referidas, sino que también afectaron de manera significativa la cantidad y características de los casos estudiados, es decir, aquellos para los que se contó con una muestra útil para realizar una prueba de laboratorio. Es por ello que, como se refleja en los gráficos 1 y 2, en una única jornada el reporte oficial se eleva en una cantidad inusitada de casos: más de un cuarto de millón correspondientes a casos sujetos a estudio por contarse con material para prueba, que se elevan en más de cuatro por ciento respecto a lo previamente incluido en la base de datos.

Este aumento no supone una ampliación consistente con las características de los casos previamente reportados, pues supone la incorporación entre días de menos de una milésima parte de los casos detectados como positivos (660 casos), mientras que el volumen de casos negativos se eleva en 1.4 por ciento, lo que propicia que se reduzca la tasa de positividad, que pasa de 45.6% en los casos estudiados al 5 de octubre a 45.2% para el día siguiente.

Respecto a la trayectoria que ha tenido la pandemia de Covid-19 en nuestro país, podemos claramente detectar tres momentos: una fase de ascenso que arranca en febrero y que culmina hacia fines de julio pasado; un cierre de un primero ciclo, con una relativamente corta fase de descenso, que cerraría en la segunda quincena de septiembre, y una fase de repunte, que se prolonga por lo pronto por dos meses, desde mediados de septiembre hasta la fecha (ver gráficos 3 y 4).

No debiera dejar de mencionarse que los datos disponibles registran que la elevación hacia el final de la primera fase de ascenso correspondió a un aumento en el número de reportes de casos ambulatorios, puesto que las hospitalizaciones habrían sostenido una tendencia decreciente desde principios de julio. Eso ha impactado en la participación de cada tipo de paciente en el total de casos positivos por prueba de laboratorio, pues los casos ambulatorios han pasado de una participación inicial de dos tercios del total de casos con resultado a tres cuartas partes que es su participación actual.

Al estimar la cantidad de casos médicamente asistidos conforme a un procedimiento adoptado desde hace meses[6] —que supone la expansión de los casos ambulatorios para compensar el carácter muestral de los datos recuperados sobre este segmento de la población afectada por la pandemia— se encuentra que la curva de casos sintomáticos debiera ser prácticamente idéntica a la que se obtiene a partir de la base de datos oficial, con dos detalles: uno, la mayoría de los casos (197 de cada 200) correspondería a ambulatorios, y dos, la altura media y el volumen de casos considerados se elevaría de manera sustancial, al pasar de un pico por debajo de 10 mil casos reportados en un día (lo que no necesariamente corresponde con la fecha de aparición de la sintomatología, sino únicamente con la fecha de inclusión en la base de datos) a una estimación de casi 150 mil casos en una sola jornada en el momento más álgido hasta ahora de la pandemia (gráfico 5). Los cálculos al respecto nos llevan a estimar un total, al 14 de noviembre, de casi 13.5 millones de personas que se han contagiado del Sars-CoV-2 y han recurrido a asistencia médica (gráfica 6).

LOS DECESOS POR LA COVID-19

La ruta de los decesos provocados por la pandemia de Covid-19 en México no es idéntica a la de los contagios. Si se observan solamente los casos confirmados (gráfico 7), el pico de fallecimientos habría ocurrido hacia fines de junio, un mes antes del acmé de los contagios, cayendo luego en una prolongada meseta, para que a partir de agosto y hasta mediados de octubre se pasara a una fase descendente, sobreviniendo a partir de entonces un repunte. El punto máximo de decesos confirmados por esta enfermedad habría apenas superado los mil fallecimientos reportados en un único día (aunque ello no supone que hayan sido muertes ocurridas en esa jornada, sino que tan sólo se reportaron en la misma).

En total, a la fecha de corte, se tenían casi 95 mil decesos confirmados a casos de COVID-19 (gráfico 8). Conforme al cómputo oficial casi nueve de cada diez muertes habrían sido de personas hospitalizadas.

Esto, sin embargo, no sería así si en lugar de considerar los volúmenes de muertes reportadas en la contabilidad oficial, que corresponde exclusivamente a los casos confirmados mediante pruebas de laboratorio, se considera el total de decesos atribuibles a Covid-19 conforme la estadística también oficial del exceso de mortalidad registrado en el país que pudiera haber sido propiciado por esta pandemia[7]. Al respecto, la cantidad de fallecimientos que pudieran ser atribuidos directamente a esta enfermedad significaría un incremento a 1.7 veces el número de casos oficialmente contabilizado entre los casos confirmados y para los que se tiene una prueba de laboratorio positiva. Esto supone que el número máximo de muertes atribuibles a esta infección que se hubieran tenido que reportar de disponerse del universo de defunciones, habría superado los 2 mil casos en las peores jornadas y mostraría un pico en la media semana que se habría alcanzado hasta fines de junio pasado, con tres y medio meses de reducción posterior y un nuevo aumento a partir de mediados de octubre pasado (gráfico 9).

El paso de las muertes en casos confirmados al total de decesos atribuibles a la Covid-19 supone ubicar la mayoría de casos no incluidos como confirmados en el registro de casos ambulatorios, bajo la premisa de que la mayoría de los casos de hospitalización estarían siendo contabilizados. Al hacerlo, la proporción de decesos en casos ambulatorios pasa a tener un peso similar que la de muertes entre hospitalizados.

A partir del repunte reciente, el número estimado de fallecimientos en instituciones médicas ha superado a las que ocurren entre casos ambulatorios, lo que pudiera ser reflejo de una mayor capacidad de detección y atención de los casos graves de esta enfermedad (gráfico 10).

Y si bien casi cuatro de cada diez hospitalizados con Covid-19 terminaría falleciendo, la estimación de la letalidad global sería muy distinta según se consideren solamente los casos confirmados, donde rondaría en torno a 10 por ciento, que si se incluye la totalidad de contagios sintomáticos estimados, que reduciría esta tasa a niveles más próximos a lo estimado mundialmente, al situarla en apenas un poco más de uno por ciento (gráfico 11).

UN INVIERNO COMPLICADO

Por múltiples medios se ha advertido no solamente del repunte reciente de contagios provocados por el virus Sars-CoV-2 en México y en muchas otras naciones de América y de Europa, sino de la expectativa de que este ciclo al alza pudiera extenderse durante todo el invierno boreal, que sólo se superaría al elevarse las temperaturas en la primavera o por el arribo de vacunas que pudieran disminuir el número de infectados que presenten la enfermedad.

Pero ¿qué tanto podrá elevarse el número de contagios y cuál sería el alcance de la pandemia hacia fines del invierno?

Entre mayo y octubre de este año el gobierno federal dispuso de un modelo matemático que genera una curva unimodal sigmoidea, que describe el crecimiento de la pandemia de manera asimétrica, con un arranque más lento al comienzo y al final de un período de tiempo dado[8]. Este modelo Gompertz,  desarrollado y seguido mediante actualizaciones semanales por el Centro de Investigaciones en Matemáticas (Cimat) para el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), aportó proyecciones de la fecha en que se alcanzaría el pico de los contagios, la fecha de cierre de la pandemia (cuando se alcance 95 por ciento de los casos) y la cantidad esperada de contagios que se acumularían.

Sin embargo, las limitaciones de este modelo fueron claras desde un principio (gráfico 12): no permitió realmente una temprana detección del acmé de los contagios en la primera ola, sino que se ajustó cuando éste se registró realmente; la fecha de conclusión de todo el ciclo se fue alejando durante unos meses, hasta alcanzar su punto más distante en las estimaciones de fines de julio, cuando ubicó que se alcanzaría 95 por ciento de casos hasta septiembre de 2021, para aproximar este momento en las estimaciones realizadas durante agosto, estabilizando la fecha de cierre a principios del año entrante, hasta que tuvo que desplazar nuevamente esta fecha al comenzar el actual repunte, para de plano abandonar este esfuerzo previsivo a partir de noviembre.

Paralelo a la detección de la fecha de cierre de la pandemia, el volumen estimado de contagios totales por Covid-19 en nuestro país se elevó desde las estimaciones de un poco más de 200 mil casos, en mayo, hasta superar el millón a fines de junio y llegar a más de millón y medio a principios de agosto, para luego descender bruscamente en tres semanas nuevamente a niveles por debajo del millón de casos no solamente superados ahora por la realidad, sino que han forzado la adopción de un nuevo modelo que prevé más de 2.3 millones de casos totales por esta enfermedad (gráfico 13).

Este fracaso de los esfuerzos por proyectar correctamente el patrón de desarrollo de la pandemia a partir de un modelo relativamente simple que produce una curva unimodal, debe ser abandonado ahora. Lo que queda es un cálculo que renuncie a fijar amplitud y altura de la curva por venir, como lo ha hecho la proyección oficial, o asumir uno que suponga generar una nueva y segunda curva de ascenso y descenso de los contagios a partir del punto de arranque del repunte y con un crecimiento relativo que tienda a decrecer de manera exponencial con el tiempo, hasta llegar al total de casos esperados conforme la propia estimación del segundo modelo sigmoide desarrollado por el Cimat, lo que hemos hecho en los gráficos 14 y 15, con los que cierra este análisis.

De asumirse que en esta segunda oleada se llegaría hasta 2.3 millones de contagios totales, es de esperarse que a fines del invierno se hubieran superado ya los dos millones de casos confirmados, lo que significaría que para entonces  alrededor de 25 millones de residentes en nuestro país, cerca de una quinta parte de sus pobladores, se habrían infectado y presentado síntomas de Covid-19.

Y ahora, estando cerca de los 100 mil decesos confirmados por Covid-19  —que suponen 170 mil fallecimientos atribuibles a esta enfermedad y alrededor de 240 mil muertes en exceso— lo previsible es que se llegue a 186 mil muertes en casos confirmados de Covid-19 para fines del invierno, 266 mil fallecimientos que serían atribuibles a esta enfermedad y un total de decesos adicionales en un año de cerca de 260 mil personas, por lo que la Covid-19 será la principal causa de muerte en un país en que se alcanzará el millón de muertos en un año.

Resultaría fuera de lugar intentar vislumbrar el futuro luego de esta fase ascendente y el eventual descenso para la primavera de la cantidad de contagios y decesos vinculados a la pandemia de Covid-19 en México, más cuando es esperable que para entonces arranque un plan de vacunación que paulatinamente inocule a la población del país, lo que propiciará reducciones significativas en el volumen de casos que se presenten, sobre todo en los primeros meses de una campaña de vacunación. Esto, partiendo del supuesto de que se comenzaría por vacunar a los segmentos poblacionales con mayor riesgo de contagio y letalidad por este virus: personal médico, personas mayores y enfermos de padecimientos no contagiosos pero vinculados con la enfermedad. Aunque la cobertura universal de las vacunas se alcance hasta principios de 2022, sería, sin embargo, esperable que el número de contagios y sobre todo de muertes se abata significativamente en el curso de la primavera del año entrante, de disponerse para entonces de una vacuna con una eficacia elevada.


REFERENCIAS

[1] Traducción propia de la versión en francés: “toutes choses humaines ont (…) deux faces fort dissemblables. La face extérieure marque la mort; regardez à l’intérieur, il y a la vie, ou inversement.”. Érasme de Rotterdam, Éloge de la Folie, traducido del original en latín(1511) por Pierre de Nolhac, Garnier-Flammarion, 1964, pp. 36-37; disponible en: https://fr.wikisource.org/wiki/ %C3%89loge_de_ la_folie_(Nolhac)/XXIX.

[2] Secretaría de Salud del Gobierno de México, Informe diario sobre coronavirus, conferencia de prensa en la Ciudad de México, 15 de noviembre de 2020; disponible en: https:// www.youtube.com/watch?v=ZOkM50a3zDw.

[3] Las bases de datos abiertos sobre los casos asociados a COVID-19 en México se encuentran disponibles en https://www.gob.mx/salud/documentos/datos-abiertos-bases-historicas-direccion-general-de-epidemiologia.

[4] Ricardo de la Peña, “La cara oculta de la pandemia. Parte 1. El tañido de la campana”, en: etcétera, México, 4 de agosto de 2020: disponible en: https://www.etcetera.com.mx/opinion/cara-oculta-pandemia-tanido-campana-i/.

[5] Cfr.; Ricardo de la Peña, “Y al tercer día, resucitó”, en: etcétera, México, 22 de octubre de 2020; disponible en: https://www.etcetera.com.mx/opinion/y-al-tercer-dia-resucito/.

[6] Ricardo de la Peña, “La cara oculta…”, op. cit.

[7] Véase: https://coronavirus.gob.mx/exceso-de-mortalidad-en-mexico/.

[8] Ricardo de la Peña, “La cara oculta…”, op. cit.

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