Cinque Terre

Leo García

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Diseño y coaching de estrategias para manejo de redes sociales. Experiencia en análisis de tendencias en línea.

Capitalismo de datos

Hasta finales del siglo pasado la economía y la industria se basaban principalmente en la transformación de materias primas en bienes y la cadena necesaria para comercializarlos y distribuirlos. Las tecnologías de la comunicación han cambiado el modelo.

Producir bienes requiere de medios de extracción, procesamiento, transporte, almacenaje, con las respectivas inversiones necesarias para hacer funcionar el ciclo completo, y el gasto en el consumo por parte de quienes integran estos mismos medios. Cualquier materia prima, bienes intermedios y productos terminados, además de los insumos y la energía necesaria cabe en ese modelo.

El factor común es la necesidad del uso de energías a lo largo de todo el ciclo, que es lo que le dio el poder e influencia al petróleo.

Pero ahora hay un modelo económico que se mueve por un bien intangible y renovable a un punto casi inagotable: la información. En los pasados 20 años las más grandes industrias que han surgido, crecido y cambiado al mundo se basan en los datos e información.

Al igual que sucedió con los modelos de producción basados en transformación, la industria basada en datos tiene influencia económica, política, social e incluso ahora también se entiende como elemento en la guerra. Según un estudio de la consultoría IDC para el 2025 podremos estar alcanzando la cantidad, imposible de imaginar, de 180 zettabytes de datos generados al año. Eso se representa como un número 180 seguido de 21 números cero.

Estos datos son generados, segundo a segundo, por todo cuanto hacen los usuarios de dispositivos digitales conectados a internet. Ofrece un medio a través del cual se conduce el mayor, incesante, en tiempo real, estudio de mercado jamás antes realizado, donde es posible conocer a cada momento y con alta precisión el comportamiento, preferencias y gustos de los usuarios conectados.

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Y sabiendo cómo aprovechar esos datos, esta información, generar estrategias para influir en los usuarios, no solo por medio de internet.

Con el análisis de datos se pueden deducir de manera muy exacta rasgos de la personalidad del mercado como nunca antes. Se tiene la certeza de que el algoritmo de Facebook, por ejemplo, puede deducir inclusive el estado psicológico y emocional de sus usuarios. Estamos viviendo la industria de los datos modelada por la personalidad que deduce nuestros gustos, preferencias y tendencias más íntimos como ninguna encuesta puede hacerlo y ese es uno de los mayores valores altamente monetizables de la tecnología de la información moderna.

Clicks, likes, tuits, retuits, videos vistos, canciones escuchadas, horarios, hábitos de uso, dispositivos utilizados, ubicaciones, lenguaje utilizado, con quién y cómo interactuamos, todo cuanto se hace en línea, da valor económico a los datos e información que fluyen por el entorno digital, pero no solo en su uso o aplicación, sino también en su comercialización.

El mayor valor de la industria de datos se basa en la capacidad de predecir, influir y modelar a la sociedad misma a partir del usuario en lo individual y su integración en lo colectivo.

Las estrategias basadas en análisis de datos tienen capacidad el poder de influir en la percepción social del usuario cambiando su comportamiento, entendiendo por comportamiento llamar a la acción, lo mismo que a comprar un producto que a generar polarización ideológica.

Es por esto que se ha dado en decir que la información es el nuevo petróleo y como tal el factor de influencia que tienen las empresas que dominan el sector es equiparable a la influencia económica política y social que tuvieron las grandes petroleras el siglo pasado.

Sin embargo, como sucede con cualquier materia prima, la obtención de la información y los datos no es exactamente lo más importante sino tener la capacidad de procesarlos y ofrecerlos a manera de información que sea útil y pueda ser consumida. Así podemos explicar que la empresa que inició la informática comercial como IBM no tenga el tamaño ni el valor financiero de las empresas al alcance del usuario final como Amazon, Apple, Google, Facebook, Twitter, Microsoft y todas sus filiales.

Y por lo mismo no se puede dejar de mencionar la implicación social, donde el principal origen de los datos es el mismo usuario, quienes los aportan a las grandes empresas de información que lo que hacen es poner un medio para captarlos y procesarlos a manera de poder volverlos a ofrecer al usuario para que los consuman, y repetir el ciclo.

Los datos son la nueva industria, la información es la nueva materia prima y el usuario es la nueva mercancía.

Los gobiernos

Si el usuario queda reducido a una mercancía que se construye a partir de sus propios datos e información, al igual que sucede con el antiguo modelo industrial de transformación de materias primas y bienes, los gobiernos tienen la tentación de regular el mercado, que potencialmente no es algo lejano a lo que ya está sucediendo en este momento en China.

Los nuevos retos económicos políticos y sociales del modelo actual de manejo de información y datos son el desafío de nuestra época. No tenemos precedente, no hay manera de tener algún referente dado que, a diferencia de la transformación de materias primas en productos y servicios, en la economía de información y datos, la principal fuente de dónde se obtiene la materia prima es el usuario y su entorno social, que como consecuencia directa tiene implicaciones éticas y morales, siendo la primera y la más fácil de identificar: la privacidad.

Cuando surge una nueva industria de crecimiento tan rápido, con un alto valor y potencial económico, pero con retos sociales aún desconocidos y dominados por tan pocos agentes, con la principal característica de una alta especialización, el primer contrapeso real que se puede pensar está en las autoridades y gobiernos. Así pues, tal vez la referencia más cercana que podamos hacer es nuevamente es el mercado petrolero del siglo 20.

Pero también para los gobiernos la tentación de regular la industria de la información les abre posibilidades en dos grandes conceptos: vigilancia y control. De esto, la próxima semana.

Hagamos red, sigamos conectados.

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