Joyeria de plata mexicana para cautivar
Cinque Terre

Leo García

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Diseño y coaching de estrategias para manejo de redes sociales. Experiencia en análisis de tendencias en línea.

El camino de la Alfabetización Digital

La verdad y la confianza son elementos de la percepción construidos socialmente que, bien dice la sabiduría popular, se lleva una vida construirlas, se pierden en segundos y, una vez perdidos posiblemente no se recuperan jamás.

Actualmente el ecosistema digital, en especial las redes sociales y algunos sitios ofrecidos como medios alternativos, son instrumentos poderosos que están siendo utilizados para destruir la confianza en ciertas instituciones, medios de información, organizaciones, empresarios y, en el peor de los casos, en el prójimo mismo.

En México es una de las vías más explotadas para una extensa y compleja campaña donde se está buscando el replanteamiento del acuerdo social, siguiendo la abstracta idea de lo que llama el gobierno en curso “la transformación del país”.

En la época actual los medios tradicionales se han visto ampliamente rebasados como fuente principal de información para la gente, para la gran audiencia masiva en persona de los usuarios.

Como se ha explicado en este espacio no es un fenómeno que inició recientemente, sino que con los medios masivos tradicionales se generó una sensación de distancia con la audiencia, lo que permitió que la proximidad con las fuentes segmentadas e independientes de información cerraran esa brecha y ocuparan ese lugar en la preferencia de la gente.

Las redes sociales, los medios alternativos, la mensajería instantánea, son ahora las fuentes principales de información de las grandes audiencias, los usuarios. Y es entonces también donde sustentan su confianza porque creen encontrar la verdad.

Se pasó de la gran voz de un emisor unidireccional que hablaba las 24 horas del día, pero jamás escuchaba, a un concierto inmenso y estruendoso, donde las voces de emisor y receptor se alternan ininterrumpidamente desde tantas fuentes como usuarios puede haber conectados a Internet.

La situación toma un giro delicado cuando la audiencia cree encontrar la verdad en los espacios que le ofrecen información que consume en tanto confirma sus creencias preexistentes, aunque le mientan. Es decir, desinformación.

oxinoxi / Shutterstock

Vestir sitios políticamente afines al gobierno como medios alternativos, es la vía ideal para difundir propaganda disfrazada de noticias y eso ha propiciado un ambiente de “combate” informativo. El modelo es especialmente efectivo al confirmar y validar filias y fobias sociales, o en su caso ofrecer nuevos elementos sobre cuales construirlas.

Y no solo eso.

La velocidad e intensidad con la que la información se genera, se difunde y se consume en Internet hacen que la audiencia sea sometida a estímulos que además pueden llevar a reacciones manipuladas según convenga a los autores de la desinformación.

Como pasa siempre con la desinformación, no necesita ser mentira, solo se necesita que la audiencia a quien va dirija la acepte como la verdad. Así, en ese combate informativo también se puede propiciar el ataque a la confianza, la veracidad y el prestigio, de objetivos específicos.

Por ejemplo, inventando complots sustentados en documentos pésimamente fabricados u ofreciendo “noticias” basadas en supuestas, simples y meras oídas.

Un documento que no pasó por la prueba del mínimo criterio editorial y un dicho que ni siquiera llegaría a ser un trascendido, han sido, una vez más y como muchas antes, suficiente para emprender campañas que solo buscan dañar la reputación de personas, instituciones o empresas. Y en consecuencia, destruir la confianza que se pueda tener en estas mismas.

Es un problema grave y complejo para el que no hay una sola que sea la solución definitiva, sino que pasa por la urgente necesidad de alfabetización digital y de consumo de contenidos.

Una solución que se ha ido implementando es mediante la información contextualizada provista por las mismas empresas de redes sociales, aunque hay quienes opinan que abre riesgos que pueden resultar peor que el problema. De ahí viene la idea de considerar que las empresas de redes sociales no pueden ser los “árbitros de la verdad”.

Permitir que las redes sociales se autorregulen es lo que se supone se ha hecho hasta ahora y es precisamente lo que ha propiciado la situación presente. Esta opción de vuelve además peligrosa por la posibilidad que la regulación y moderación de contenido se haga desde una o varias instituciones afines o relacionadas con el gobierno, de cualquier país, que sería equivalente a establecer un límite a la apertura y libertad incipiente que se goza en internet actualmente.

En todos los casos, el problema que se puede notar casi de inmediato sería el acotar la libertad de expresión hasta perderla.

UNESCO ha propuesto una ruta que trabaja en recuperar la labor del periodismo y los medios tradicionales, empezando por cambiar la percepción que son enemigos a combatir al replantear su obligación y compromiso anteponiendo el de la audiencia, pero sujetos a un estricto código de ética periodística donde la acción de validación y confirmación de información sea altamente prioritaria.

Como se explicó en entregas anteriores, en Internet la obligación editorial del contenido que se comparte no cae, aun, en las empresas que proveen las plataformas digitales, sino que queda en mano completamente de los autores de esa información.

El choque de información, el desorden informativo, que causa encontrar posturas tan dispares tiene que encontrar alivio para la audiencia en tanto lo que se les presenta como información sea comprobable y verificable.

No es un reto menor. Significa avanzar lo más rápido posible en estándares de periodismo, enfocados a sumar respecto a lo que se da por llamar alfabetización digital.

Esa alfabetización digital abarca todas las formas de consumo digital, y así como los medios alternativos han contribuido para que sea el filtro personal lo que ha sido vulnerado explotando la disonancia cognitiva, ahora la alfabetización digital ofrece la ruta para recuperar ese camino desandado. Pero, ¿qué es exactamente la alfabetización digital? De eso, la próxima semana.

Hagamos red, sigamos conectados.

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