Cinque Terre

José Antonio Crespo

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Investigador del CIDE

Calderón, el Santa Anna del siglo XXI

A Andrés Manuel López Obrador le gusta hacer la comparación histórica de la actualidad con la del siglo XIX y principios del XX, en donde él personifica a Hidalgo, Morelos, Juárez y Madero, a quienes aspira a acompañar en nuestra historia oficial. Pero además de las muy distintas circunstancias que imperan hoy, hace dicha comparación a partir de un enfoque maniqueo, como en los libros de primaria, con héroes inmaculados y villanos irredentos con quienes identifica a todos y cada uno de sus críticos o adversarios, sin matiz alguno. Y así como ha comparado a Enrique Krauze con Lucas Alamán y a los científicos de hoy con el grupo político del Porfiriato, ahora identifica al villano favorito de la “4 T”, Felipe Calderón, nada menos que con Antonio López de Santa Anna. Se tardó un poco, pero terminó haciéndolo.

En su comentario del sábado 5 de septiembre, celebrando que el Instituto Nacional Electoral (INE) negara el registro a México Libre (ML) como partido, destiló todo su odio y rencor acumulados por el trauma no superado del 2006. De ahí su mayor animadversión a Calderón que al mismo Salinas de Gortari. Este le quitó el triunfo a Cuauhtémoc Cárdenas, lo que a AMLO le tiene sin cuidado (e incluso tiene en su gobierno al operador de ese fraude), pero Calderón se lo arrebató a él (a sus ojos). Y eso no se perdona tan fácilmente, ni se olvida. López Obrador insiste en que lo suyo no es la venganza, pero a diario la exhibe. Nada de República amorosa, sino una donde impera el odio, la revancha y la confrontación. Algo totalmente alejado de un genuino estadista y mucho más cercano a un demagogo que se mueve esencialmente a partir de sus resentimientos y agravios personales.

Pero volvamos a la analogía histórica que hizo sobre Santa Anna: se puede criticar a Calderón de muchas cosas (así lo hice en su momento), pero la comparación con el jalapeño es desproporcionada (aunque no para los obradoristas, que creen puntualmente en las ocurrencias de su líder). Pero supongamos que fuesen comparables ambas figuras y, que por tanto, como lo aseguró AMLO, la negativa del INE a dar el registro a ML equivale a la derrota histórica de Santa Anna. Para empezar, el pueblo no son los once consejeros del INE, que ni siquiera son representantes populares. La invitación que hizo Lucas Alamán a Santa Anna para que regresara a México sería equiparable a los cuatro consejeros que votaron por dar el registro a ML, entre ellos dos que son identificados como cercanos al obradorismo. Y habló también Andrés Manuel del liberal Miguel Lerdo de Tejada, quien advirtió a Santa Anna de mejor quedarse en Colombia, donde se hallaba exiliado. Ese papel lo habrían interpretado los consejeros que negaron el registro a ML, empezando por el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova.

Pero el presidente no se detuvo ahí, sino que habló de la derrota definitiva de Calderón (sin esperar a lo que diga el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación), comparándola con el destierro de Santa Anna tras la Revolución de Ayutla, cuando fue expulsado de manera definitiva. Eso podría decirse, si acaso, si ML hubiera obtenido su registro y competido en 2021, y lo perdiera por no alcanzar ni siquiera 3 por ciento de los votos que exige la ley. Pero no es el caso, y algunas encuestas sugieren que ML podría obtener una votación respetable, incluso del 10 por ciento. Justo por eso mismo convendría a Morena que ML participara, pues dividiría fuertemente la votación opositora, lo que facilitaría enormemente el triunfo del partido oficial. Los obradoristas debían haber lamentado la negativa del INE a registrar a ML, pero en cambio lo celebraron ruidosamente como un triunfo propio. Su profundo resentimiento rebasó el estricto pragmatismo electoral. El hígado prevaleció nuevamente sobre la razón.

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