Joyeria de plata mexicana para cautivar
Cinque Terre

Alejandra Gómez Macchia

Caitlyn Jenner y otras bellezas ‘trans’

A pesar de la supuesta tolerancia que existe en nuestros días hacia las personas con preferencias sexuales distintas, seguimos mirando horrorizados cuando un hombre (bien rudo y bien macho) aparece por la calle con algún artículo de uso estrictamente femenino.

Pero este tipo de manifestaciones se han dado desde tiempos inmemoriales… un caso que ha quedado estampado en los anales de la historia es el del emperador romano Heliogábalo, que ha sido nombrado como el primer transexual célebre del que se tenga registro.

De este personaje estrambótico se han dicho muchas cosas, pues siendo un soberano relativamente joven se casó en varias ocasiones con mujeres, aunque en la íntima intimidad de su palacio solía vestirse de mujer para recibir a sus amantes varones.

Su comportamiento lo hizo acreedor a un desprestigio descomunal hasta su muerte, estadio sagrado que no logró salvarlo del juicio histórico ya que el vilipendio lo persiguió por siglos (incluso en las diferentes vertientes artísticas donde fue esbozado como un libertino, como el ser más abyecto y desviado del que se haya tenido razón).
Edward Gibbon (el historiador más docto en el tema romano) dijo sobre Heliogábalo: “se abandonó a los placeres más groseros y a una furia sin control”.
Por su parte, Dión Casio (senador e historiador romano): “Heliogábalo se pintaba los ojos, se depilaba y lucía pelucas antes de prostituirse en tabernas y prostíbulos, e incluso en el palacio imperial: Finalmente, él reservó una habitación en el palacio y allí cometía sus indecencias, permaneciendo siempre desnudo en el umbral, como hacen las prostitutas, y moviendo la cortina que colgaba de anillos dorados, mientras que en una voz suave y conmovedora se ofrecía a los que pasaban por el corredor”.
En este tenor podemos seguir enumarando casos. Otro ejemplo que registro en este momento es la escultura de Ovidio que se encuentra en el Museo de Louvre donde la figura del poeta autor de “La Metamorfosis” aparece con notables formas mujeriles. Es en su propia obra (La Metamorfosis), donde bordea el tema de la transformación de los cuerpos: de femenino a masculino hasta la delirante conversión del alma de Julio César en una estrella.

Pero dejemos a los romanos en sus latitudes y en los tomos de Gibbon, y acerquémonos al jocoso cine mexicano.
Quién no recuerda la película “El lugar sin límites” dirigida por Arturo Ripstein (con guión de José Emilio Pacheco, José Donoso y Manuel Puig), donde Roberto Cobo muestra el músculo actoral (y el brasier en el pectoral) al interpretar a “La Manuela”: un trasvesti dueño del prostíbulo que cuida a “La Japonesita” (la hija que le engendró con cierto recelo a “La Japonesa” (Lucha Villa) como un favor especial entre “amigas”.
A pesar de haber preñado a la comadre, “La Manuela” es esencialmente una mujer. Se siente mujer, vive como mujer, baila como mujer y besa (en este caso a Gonzalo Vega) como una mujer.

Es exactamente lo que les ha sucedido a muchos hombres: nacen encerrados en un cuerpo que desconocen como suyo, y al no ser liberado a tiempo, tienen que obligarlo a ejercer las funciones “propias de su sexo”.
Pero dentro de este proceso de aceptación (desde el descubrimiento sensorial hasta la salida del clóset), hay un largo trecho que sólo comprende el que lo vive.

Hoy Bruce Jenner es la persona que “siempre quiso ser”. Es una mujer en cuerpo y alma.
No es más el atleta olímpico: el del bicep marcado, el trapecio saltado y las pantorrillas de acero.
Tampoco es el personaje sórdido y timorato que estaba casado con la mamá de Kim Kardashian. Aquel andrógino que los morbosos miramamos en el reality show más anodino de la historia.
No, ya nada queda de ese Bruce: del hombre, del padrastro, del freak, del doble gringo de Alfredo Palacios…
Hoy su más caro sueño infantil se hizo realidad: es toda una mujer que presume su “belleza otoñal” en la portada de Vanity Fair, ¡Ay nomás!
Enfundada en un corsé rosa, la transexual más famosa del momento fue fotografiada ni más ni menos que por Annie Leibovitz: célebre fotógrafa que fuera la última en retratar a Lennon y que de paso fue pareja sentimental de Susan Sontag.
La portada de la revista es sobria y reveladora (incluso hay quien dice que Bruce luce mejor que su ex mujer), y la cabeza del reportaje es al mismo tiempo un epitafio y un acta de nacimiento: “Call me Caitlyn”.
Ya el tiempo dirá si el cambio de identidad abona a su mediocre paso por la farándula, pero lo que natura non dat… una teta non prestat.

Este artículo fue publicado en Sexenio el 02 de Junio de 2015, agradecemos a Alejandra Gómez Macchia su autorización para publicarlo en nuestra página

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password