Cinque Terre

Julián Andrade

Escritor y periodista.

Caímos en el blof de Trump

Donald Trump es un negociador experto. Acorrala, amenaza y obtiene resultados. Esto no es una novedad, así actuó en su vida empresarial y así lo hace en la responsabilidad política que ahora tiene.

Por eso estamos perdiendo la partida, por la ausencia de una estrategia bien sustentada y por una candidez que no es nada funcional en la política global.

El presidente Andrés Manuel López Obrador creyó que él podía ser la diferencia, que la transformación  de la relación provendría de un ejercicio de “llevarse bien” y de no responder a las provocaciones que de tanto en tanto lanza mandatario estadounidense.

En apariencia las cosas se iban acomodando, estábamos en la antesala de la ratificación del T-MEC, cuando vino el desastre, expresado en la amenaza de imponer tarifas de cinco por ciento a los productos mexicanos que ingresen a Estados Unidos desde el 10 de junio.

Como en todo hechizo maligno, hay un antídoto, muy caro o imposible: Terminar con la migración ilegal, deteniendo a los viajeros antes de que intenten cruzar nuestra frontera norte e implementar golpes severos a los narcotraficantes para terminar con el trasiego de sus productos.

JABIN BOTSFORD/THE WASHINGTON POST/GETTY IMAGES

¿Cómo llegamos a esta situación? Como en todo, mucho tiene que ver con la situación en el mundo y en particular en Honduras, Guatemala y El Salvador, pero también con errores del gobierno mexicano, y entre ellos no tener una política de migración clara. Cabalgamos entre el horizonte –hasta ahora no aceptable—de ser un tercer país seguro, y una suerte de relajación con respecto a los ingresos de personas migrantes. Sí, es un poco esquizoide, y por ello ya hizo crisis.

En efecto, a Trump no le falta razón cuando afirma alarmado que continúan entrando migrantes de modo ilegal a su país y que México no está haciendo lo suficiente. El reclamo se sustenta, además, en los propios ofrecimientos que se le hicieron con el propósito de mantenerlo apaciguado.

El tema de la seguridad es igual de complejo, porque estamos viviendo uno de los peores momentos de la historia, con homicidios que no ceden y con grupos criminales que vuelven a irrumpir para amedrentar a la sociedad.

Desde que se anunció que no se combatiría a los grandes capos del crimen, en EU más de uno levantó las cejas y fue almacenando información que pudiera servir posteriormente. Ya lo está haciendo, y con análisis que señalan que la política implementada por la Secretaría de Seguridad no está dando resultados.

No es que antes hubiera muchos éxitos, pero existían procedimientos de coordinación e inclusive esfuerzos para la fusión de inteligencia, que mantenían a las agencias, y entre ellas la CIA y la DEA, con niveles de nerviosismo aceptables. Es evidente que esto no es así, y existe la genuina preocupación de que la situación se desborde.

Por desgracia no hay recetas fáciles y a pesar de los empeños negociadores del canciller Marcelo Ebrard, es poco probable que salgamos victoriosos, aunque ahora lo esencial sea no salir tan golpeados.

Como en el póker, estamos pagando por ver y eso suele salir muy caro.

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