Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

Breve tipología de los fanáticos de Morena

Esta es una breve tipología de buena parte de los seguidores de AMLO y Morena. A ver qué les parece.

1. “Ya los hubiera querido ver así de críticos con EPN o Calderón”, dicen como una cantaleta interminable que, además, los hace sentir con gran superioridad moral. Pobres, con eso en el fondo aceptan los cuestionamientos a su líder y lo equiparan sin querer con la mafia en el poder.

2. “Últimamente veo que eres muy obsesivo para criticar a AMLO, hay otros temas”, proclaman. Esos me dan risa porque prefieren presionar para que el otro no escriba sobre el tema que les incómoda y quieren dictar otros temas; claro, habitualmente no sugieren otros, no les da para más.

3. “Lo bueno es que ya se te acabó el chayote”, dicen, sin saber o a propósito, que la asignación de publicidad no es chayote y que esa misma asignación la hará el próximo gobierno (ya veremos cómo). Pero su acusación de chayote, claro, jamás la demuestran.

4. Esto es bien bonito: cuando dicen, como el menso de Jenaro Villamil, que 30 millones de votos respaldan a AMLO para todo. Se equivocan, primero porque otros tantos millones votaron en conjunto por otras opciones o se abstuvieron y, segundo, porque el voto no significa que López Obrador pueda hacer lo que quiera.

5. Qué me dicen de los políticamente correctos que casi convulsionan porque le dicen López al licenciado López, como si ellos no le dijeran Peña a Peña o Calderón a Calderón o Salinas a Salinas y así hasta el infinito (y más allá).

6. A mí me caen bien quienes se crean un enemigo a modo desde el lado opuesto, porque también fanatismo hay contra AMLO, y sopas perico, lo tunden con todo y, claro, ellos ganan.

7. No me caen bien, no me parecen buenas personas, quienes frente a la crítica a su líder no encuentran otro cosa qué hacer más que acusar a quien la ejerce de ser del PRIAN o algo así. Sólo busca minar la credibilidad del otro para restarle solidez a la crítica, según ellos.

8. Los maromeros. Esos son chistosos porque buscan formas para defender su causa aunque con ello, en el fondo, chinguen esa misma causa y, claro, ellos quedan del nabo. Por ejemplo frente a las críticas sobre el bodoque fifí, en vez de argumentar algo, lo que sea, dicen algo así como “no te vi diciendo los mismo de la Gaviota”.

9. Ah, y aquellos que, como niños malcriados espetan algo similar a “usa vitacilina para el ardor”. Naturalmente, a muchos de nosotros nos ardió, digámoslo así y seamos francos, el triunfo del riesgo populista para el país. ¿Pero y eso qué? La vida sigue y el intercambio público también, en todo caso la vitacilina, como decía el comercial, cura rasponsitos, cortaditas, quemaduras, que sean leves… Pero lo que definitivamente no cura es la renuncia a pensar del fanatismo.

10. Los mudos. Ahí están, miren, un ejemplo: lucharon contra un lago que no es lago, en favor del deterioro ambiental de un lago que sí es lago. Y no dicen nada. Lucharon, dijeron, porque el NAIM en Texcoco estaba lleno de corrupción, así sin pruebas, pero no demandan que se les meta a la cárcel si tienen responsabilidad y no dicen nada, pero nada, cuando AMLO invita a esos mismos contratistas ¿corruptos? a Santa Lucía.

11. Y finalmente, los dueños de las manifestaciones que dicen qué marcha es buena y qué marcha es fifí. Que no marchen, cada quien es libre de manifestarse como quiera, cuando quiera y sobre lo que quiera.

Nota: Pronto me referiré al otro extremo del fanatismo.

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