Cinque Terre

María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Biden: año uno

Se cumple un año del arribo de Joe Biden a la Casa Blanca tras los accidentados comicios de 2020, los cuales estuvieron flanqueados por la pandemia del SARSCoV2, agente causal del COVID-19 -así como también la contagiosa enfermedad ha estado al acecho en los primeros 12 meses de la administración del demócrata. Las elecciones presidenciales mostraron a un Estados Unidos dividido al que hay que sumar las acciones emprendidas por un Donald Trump que incluso defenestró a la democracia y a sus instituciones llegando al extremo de instigar un asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021, en un hecho que produjo cinco muertos y múltiples destrozos. Muchos atribuyeron la derrota de Donald Trump a su terrible gestión de la pandemia, aunque el controvertido republicano se mantiene con vida y ha logrado la pervivencia del trumpismo en la política estadunidense. Por su parte, Biden ha insistido en la importancia de la unidad y de gobernar para todos. Empero, a un año de distancia se observa no sólo a un país polarizado y fragmentado, sino también a un Partido Demócrata fraccionado, lo que puede resultar en una debacle en los comicios de medio término para esa institución y el Presidente, en noviembre próximo.

2021 fue un buen año para la economía estadunidense, con una tasa de desempleo menor al 5 por ciento; un incremento en el salario mínimo y el aumento en el consumo. Sin embargo, la inflación, animada en parte por el elevado precio de los combustibles que ha llegado a crecer hasta en un 58. 1 por ciento, son factores que pegan al ciudadano de calle, lo que ha llevado a un desplome de la popularidad del Presidente, incluso por debajo de los números de Donald Trump.

Así como la pandemia pegó a Trump, también lo hace con Biden. Cierto, él puso énfasis en la vacunación, aunque, a la fecha, sólo el 63 por ciento de la población cuenta con esquema completo, y un 24 por ciento tiene ya el refuerzo. La vacunación no ha progresado al ritmo deseado, en parte por el escepticismo y el poderoso movimiento antivacunas. Biden ha echado mano de influencers y celebridades para convencer a la población sobre la importancia de la inmunización, pero, aun así, se mantiene como el país más golpeado por la pandemia con 68 572 066 casos confirmados y 857 781 defunciones, lo que significa que uno de cada cuatro habitantes ha contraído la enfermedad. En los pasados 28 días la variante ómicron ha hecho estragos al contribuir a infectar a 17 015 407 personas y provocar 42 811 defunciones. Estas cifras abonan al escepticismo de quienes afirman que no tiene sentido vacunarse cuando las personas siguen contrayendo la enfermedad y perecen por su causa.

Biden tiene puestas las esperanzas en los programas sociales del Build Back Better, que a través de impuestos a las grandes empresas se propone gestionar recursos por 1. 75 mil millones de dólares. El objetivo central de Build Back Better es el combate de la pobreza y posibilitar que las familias con menores de edad reciban apoyos sustanciales para sus necesidades básicas, incluyendo el acceso a salud y medicamentos. Mejorar la salud pública, crear servicios de guardería gratuitos, posibilitar licencias de maternidad remuneradas, son algunos de los beneficios que se derivarían de esta iniciativa que, lamentablemente, se ha enfrentado a múltiples obstáculos en el Congreso estadunidense. La pugna entre demócratas moderados y demócratas progresistas tiene atorado el proceso legislativo y si Biden no logra superarlo y generar resultados que beneficien al ciudadano promedio en los siguientes meses, seguramente que ello repercutirá electoralmente en los comicios de noviembre próximo. Aun cuando actualmente los demócratas dominan ambas cámaras, lo cierto es que, para como van las cosas, en noviembre, que es cuando se renovarán 35 escaños en el Senado y la totalidad de los 435 asientos en la Cámara de Representantes podrían quedar al frente los republicanos ante quienes Biden vería bloqueadas gran parte de sus iniciativas y por supuesto su aspiración a reelegirse.

El 2 de noviembre pasado, en los comicios para gobernador celebrados en Virginia y Nueva Jersey, dos estados en que, un año antes, Biden había obtenido una clara victoria sobre Trump, las cosas cambiaron. En Virginia, los republicanos con Glenn Youngkin se impusieron, en tanto estuvieron muy cerca de obtener la victoria en Nueva Jersey donde, a duras penas el demócrata Phil Murphy ganó, literalmente, “por una nariz.” Lo interesante de la victoria de Youngkin es que se apartó de Trump, lo que no deja de llamar la atención dado que presenta otro rostro entre los republicanos, menos obsceno y radical que el del ex Presidente y que podría ser empleado por el partido rival de los demócratas en las contiendas electorales por venir.

Ahora bien, entre los temas internacionales hay también logros y sinsabores. Biden buscó recomponer las relaciones con sus aliados y no retiró a su país de la Organización Mundial de la Salud (OMS), como pretendía Trump. Al invertir 500 mil millones de dólares para combatir el cambio climático, ha dado un giro a la política de su antecesor, llevando así a que otros países asuman compromisos más firmes ante la crisis ambiental. Biden también propuso que EEUU pagara de una sola vez todas las cuotas atrasadas que se le deben a la Organización de las Naciones Unidas (ONU). También reinstaló el mecanismo de la Cumbre de Líderes de América del Norte, luego del impasse de la era Trump, fomentando el diálogo y la concertación con México y Canadá. Los aspectos más delicados en su política internacional en este primer año incluyen ciertamente la propuesta de reforma migratoria -aunque este es también un tema de integración social-, las relaciones con Rusia, por un lado y con la República Popular China (RP China) por el otro, y el retiro de las tropas estadunidenses de Afganistán.

La reforma migratoria propuesta por Biden -no bien llegó a la Casa Blanca en enero de 2021-, es un proyecto muy ambicioso que plantea regularizar la situación de unos 11 millones de indocumentados en el país. De ser aprobada, los migrantes sin antecedentes penales y que hayan pagado impuestos, gozarán por 5 años de un estatus temporal y al termino de ese lapso podrán permanecer legalmente en el país mientras gestionan su ciudadanía. Lo anterior sólo aplicará a quienes hayan entrado al país antes de enero 2021. Asimismo, los dreamers, las personas víctimas de desastres naturales, los trabajadores agrícolas y las personas que enfrenten violaciones graves a sus derechos humanos podrán obtener la residencia de manera inmediata. Biden también busca reducir la migración a EEUU atacando sus causas, por ejemplo, apoyando con inversiones por 4 mil millones de dólares a los países del llamado triángulo del norte -El Salvador, Nicaragua y Guatemala. En cualquier caso, la ambiciosa reforma migratoria deberá seguir un tortuoso camino y para ser aprobada requerirá 51 votos en el Senado y 218 en la Cámara de Representantes antes de ser ley. Por otra parte es de destacar que desde el despacho oval, Biden, recién instalado en la silla presidencial, derogó un decreto de su antecesor, eliminando restricciones a nacionales de 11 países musulmanes.

Las relaciones con la RP China no han mejorado sustancialmente desde el arribo de Biden a la Casa Blanca. El pasado mes de noviembre, Biden y su homólogo chino Xi Jinping sostuvieron una reunión virtual de casi cuatro horas de duración, en la que se buscó reducir las tensiones entre ambos países alrededor de temas tan discordantes como la situación de los derechos humanos en el gigante asiático y Taiwán. A propósito de la isla de Formosa, un mes antes de este encuentro, la aviación china había sobrevolado con 150 aviones el espacio aéreo taiwanés, a lo que Biden respondió con una declaración que causó consternación en Beijing: si el gobierno chino atacaba Taiwán, entonces EEUU ayudaría militarmente a la isla de Formosa. Sin embargo, un poco después Biden recapacitó y se limitó a reafirmar la importancia de la paz y la estabilidad en la región. Hoy nuevamente el diferendo entre ambos países escala ante la decisión de las autoridades estadunidenses de no enviar a ningún funcionario a los Juegos Olímpicos de Beijing que se inaugurarán el próximo mes, como represalia, de nuevo, por la situación de los derechos humanos; la polémica alrededor de la tenista Peng Shuai -quien había acusado de abuso sexual a un dirigente del gobierno chino y que luego desapareció de la vista pública, para luego reaparecer y negar lo que dijo-; y la represión de activistas en Hong Kong. Este boicot suave no se equipara a aquel decretado por el gobierno de James Carter contra la URSS cuando se produjo la invasión a Afganistán, lo que llevó a los estadunidenses y sus aliados a no participar en los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980. En esta oportunidad, los atletas de EEUU y algunos de sus aliados que tampoco enviarán funcionarios de alto nivel a Beijing sí podrán competir. En el plano comercial subsisten las acusaciones de Washington contra la RP China de robo de propiedad intelectual, práctica comerciales desleales y altos subsidios del Estado chino que impactan negativamente a los trabajadores estadunidenses. Es decir, la guerra comercial subsiste.

@KamalaHarris

Con Rusia los desencuentros no son menos importantes. En marzo del año pasado Biden se refirió a su homólogo ruso, Vladímir Putin, como “asesino” y sentenció que pagaría caro haber intentado socavar su candidatura a la presidencia en los comicios de 2020, que se suman a la injerencia eslava en los de 2016 para favorecer a Donald Trump en ambos casos. De manera más reciente, las tensiones bilaterales han escalado con motivo de la prueba ASAT de noviembre pasado realizada por Rusia para destruir un satélite propio que generó basura espacial y puso en peligro, según las autoridades estadunidenses, a la Estación Espacial Internacional (EEI) y, también por las maniobras militares desarrolladas por el gobierno de Putin en la frontera con Ucrania. A las sanciones aplicadas desde 2014 cuando Rusia se anexó Crimea, Biden ahora anticipa más sanciones, esta vez “fulminantes” si Moscú decide invadir Ucrania. En el fondo, esta crisis se enmarca en la posibilidad, cada vez más remota, de la incorporación de Ucrania a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) algo que Rusia rechaza de manera categórica por considerar al territorio parte de su zona de seguridad.

Finalmente, en lo que toca al retiro de las tropas estadunidenses de Afganistán, si bien su salida ya se había venido anticipando desde los tiempos de Trump, correspondió a Biden hacerla efectiva, lo que le ha acarreado críticas en Estados Unidos, por lo que se considera una acción que puede llevar a que el país asiático sea un santuario para el terrorismo internacional o bien para el tráfico de estupefacientes -que, de hecho, lo es. Ciertamente la salida de Estados Unidos de Afganistán genera vacíos estratégicos que vaticinan reacomodos que no necesariamente favorecerían a Occidente.

En suma, Biden se ha distanciado de su antecesor, pero la sombra de éste en el primer año de gobierno del demócrata, sigue pesando. Trump destruyó. Biden busca construir, o mejor dicho, reconstruir. Pero no logra acomodar a Estados Unidos en un mundo donde la RP China ya es una gran potencia, y en el que Rusia se reserva el derecho de reafirmar su presencia en su zona de influencia. A Biden le ha tocado gobernar a un Estados Unidos disminuido, pero que aún tiene la oportunidad de proyectar liderazgo y coadyuvar a enfrentar los desafíos globales. Internamente, sin embargo, el declive de su popularidad y el posible fracaso de su Build Back Better le auguran meses y años muy complicados.

 

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