Manuel Cifuentes Vargas

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Doctorante en Derecho por la UNAM.

Bicentenario de la Consumación de la Independencia de México. Tercera parte

I. El amanecer de México

Hoy es el feliz cumpleaños de la consumación de la Independencia nacional. Hoy cumplimos 200 años que nacimos libres, independientes y soberanos como país. Hoy es el bicentenario de México. Agustín de Iturbide, Vicente Guerrero y el Ejercito Trigarante con su bandera Trigarante en alto, entraron triunfalmente el 27 de septiembre de 1821 a la Ciudad de México. Juan O´Donojú, de acuerdo a lo pactado, los recibió y les entregó el nuevo país. Estos son los tres hombres clave de la consumación de la Independencia de México, y con la realización de ésta, se cierra el círculo virtuoso de la  dura lucha por la emancipación definitiva de España, y empieza el amanecer de México.

El preludio de nueve meses que endureció la cristalización final de la Independencia de México, considero que se desarrolló en  diez magnos movimientos: el previo intercambio epistolar que tuvieron, a iniciativa de éste, Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero en el que se expusieron propósitos y se llegó finalmente a un arreglo de futuro nacional[1]; el encuentro de estos dos jefes mayores de los ejércitos insurgente y realista que con el “Abrazo de Acatempan” el 10 de enero se estampa el proyecto político de la Independencia nacional; la expedición del Plan de Iguala formalizado por Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide el 24 de febrero, con el que se sella con tinta y en papel; esto es, en blanco y negro,  y se pone en marcha dicho proyecto, acompañado este evento con dos actos simbólicos inmediatos: la creación en sus orígenes del ejército mexicano[2] denominado éste en sus primeras raíces “Ejercito Trigarante” o “de las tres Garantías”, con la fusión de los ejércitos insurgentes y del español, así como también con la creación de la primera Bandera Nacional o Mexicana, llamada “Bandera de las Tres Garantías”[3]; con lo cual se pavimenta y cementa el camino hacia la realización de la Independencia de México. Esta fue la primera etapa de este proceso al interior del nuevo país que se enfilaba a la oquedad para su nacimiento.

Después, en una segunda etapa, vendría el contacto y relación con la nueva autoridad virreinal, celebrándose  los Tratados de Córdoba, estos firmados por Agustín de Iturbide y Juan O’Donojú en Córdoba, Veracruz, el 24 de agosto, con lo que se suma la representación virreinal al sentimiento independentista, es decir,  la España peninsular en nuestra tierra al nuevo proyecto nacional ; la entrada triunfal del Ejercito Trigarante con su bandera a la Ciudad de México el 27 de septiembre, que representó la consumación material de la Independencia Nacional, encabezada por sus dos máximas figuras militares del momento, las de los consumadores; la instalación de los dos primeros órganos de gobierno: la Junta Provisional Gubernativa y la Regencia el 28 de septiembre y, finalmente, la expedición del “Acta de Independencia del Imperio Mexicano” el mismo día y mes, con la que formalmente se fundó el nuevo país: México. Todos estos sucesos, en el mismo año de 1821.

Estos hechos que se dieron en este tramo de nueve meses de gestación y alumbramiento, como la naturaleza lo tiene determinado en otros casos, vinieron a significarse en la obertura de la alegre sinfonía que, a partir de entonces, México orgullosamente fue libre, independiente y soberano. Esos fueron los hechos y esos fueron los tres actores estelares del magno acontecimiento independentista.

II. Episodios político-militares previos a la concreción de la Independencia

  • El 13 de marzo de 1821, el ex realista José Joaquín de Herrera, retirado en Perote, Veracruz, con el grado de teniente coronel y ahora boticario, acaudilla a una columna de granaderos que se sublevan al virrey y se proclaman partidarios del Plan de Iguala, se les une una parte de la guarnición de la fortaleza de San Carlos y salen hacia Orizaba, tomada por los insurgentes. Al llegar a Orizaba, encuentra que la plaza fue tomada por los realistas, dirigidos por Antonio López de Santa Anna, quien, al ver la superioridad de Herrera y considerando la inminente caída del imperio español, se pasa a las filas de los afectos al Plan de Iguala.
  • El 5 de julio de 1821, ante la rápida adhesión al Plan de Iguala, en muchos lugares del país y el constante avance del Ejército Trigarante sobre importantes poblaciones ocupadas por los realistas, éstos, disgustados por la ineptitud del virrey Apodaca, se amotinan y lo destituyen. En su lugar nombran como el 62º virrey, al mariscal de campo Francisco Novella.
  • El 3 de septiembre de 1821, las fuerzas realistas de Durango capitulan y reconocen el triunfo de los insurgentes, para darle a México su Independencia.
  • Francisco Novella fungió como Virrey desde el 5 de julio al 26 de septiembre de 1821, al deponerse a Juan Ruiz de Apodaca.[4] Le entregó al grupo triunfante el mando y la Ciudad de México; específicamente a Juan O´Donojú que llegó ese día a la capital, para que al día siguiente entrara triunfalmente el Ejercito Trigarante a dicha ciudad, consumándose de esta forma la Independencia de México.

III. La entrada triunfal

Las imágenes plásticas de aquellos tiempos, nos muestran pasajes de la entrada gloriosa del Ejercito Trigarante a la Ciudad de México, comandado por Iturbide acompañado de Guerrero, entre otros dignatarios militares, en la que nos muestran en una espléndida imagen singular, la fusión del luchador pueblo insurgente y de la ex realeza en este nuevo ejército, ahora mexicano, y en el que claramente se ve su composición y el contraste en su vestimenta y armamento. Unos ataviados con sus arreglados y elegantes uniformes de ex realistas, y los ex insurgentes con su humilde vestimenta, pero todos juntos y unidos en un unísono festejo triunfal; el del logro de la Independencia del país.

Fueron actos de unidad, no de desunión ni de división; de concordia, no de discordia; de armonía, no de desarmonía; de libertad, no de opresión, represión o persecución de los opositores; de paz, no de intranquilidad; de sensibilidad, no de insensibilidad; de acuerdos, no de desacuerdos; en fin, fueron los tiempos de las coincidencias, no de las diferencias y de mirar por el bien superior; el de un solo proyecto, porque la libertad, la independencia y la patria eran primero, como siempre lo debe seguir siendo, antes que cualquier otra cosa. La libertad y el bienestar del país, debe estar por encima de todo

La trilogía independentista de raíces puramente insurgente se compone de tres grandes líderes político-sociales-militares y jefes supremos del movimiento de Independencia. Hidalgo, Morelos y Guerrero: el iniciador, el continuador y el consumador. Aunque realmente, en este hilo expositivo, deben ser cuatro, pues uno que casi siempre pasa desapercibido, lo es el michoacano Ignacio López Rayón[5], quien también forma parte de este hilo conductor independentista con jefatura suprema, aunque por un breve lapso como cabeza del movimiento. Pero debemos tener presente y recordar que a la muerte de Hidalgo, el que toma inmediatamente las riendas y conducción del movimiento es López Rayón, quien además instala la Suprema Junta Nacional Americana en agosto de 1811; pero que sin embargo, por indiscutibles méritos en campaña, renombre y prestigio que adquiere, Morelos retoma en sus manos la estafeta del movimiento armado y político insurgente.

Como a mí no me obnubila el chauvinismo, también quiero destacar en estas líneas que hay otros tres que igualmente pasan desapercibidos y que casi están olvidados como contribuyentes destacados de la Independencia del país. También fueron clave y pilares por el papel que desempeñaron en el momento que les correspondió, de acuerdo a las circunstancias que les tocó jugar  durante el trayecto de la Independencia: En la línea cronológica del tiempo, encontramos a Francisco Xavier Mina, quien reencendió la llama de la Independencia y le dió un reimpulso; Agustín de Iturbide como uno de los recios pilares de la consumación, y al otro que tampoco se puede omitir, pues también desempeñó un rol trascendente, es a Juan O´Donojú, al aceptar y firmar los Tratados de Córdoba para dar paso firme a la Independencia del país.

Por supuesto que se le debe considerar con relevancia a Francisco Xavier Mina, porque le suministró un nuevo soplo de vida al movimiento libertario ante el decaimiento que había tenido después de eclipsarse las principales figuras de los iniciadores de la revolución independentista. Francisco Xavier Mina llegó en el momento en que los ánimos andaban flacos ante la caída y muerte de Morelos, con lo que quedó diezmado física y moralmente el movimiento insurgente, para darle un nuevo respiro. Un hecho de armas importante que revivió los ánimos menguados, fue la derrota que infringió el 15 de junio de 1817 a los realistas de Armiñán, camino al altiplano, a la altura de la Hacienda de Peotillos, San Luis Potosí.

Cabe destacar, que la llegada a nuestro territorio de Mina, en buena medida fue movida por el incansable Servando Teresa de Mier, en su perseverante quehacer independentista con su pensamiento, voz, tinta y papel, así como con sus correrías tanto en nuestras tierras como por Europa, siempre en busca de apoyos y adeptos favorables a esta noble tarea por la Independencia.

También debemos considerar a Agustín de Iturbide, pues con el acuerdo y decidida aceptación de Vicente Guerrero, así como con el acompañamiento de éste y después con la suma de O´Donojú, los tres condujeron el movimiento en su recta final. Si realmente se quiere ser objetivo, no se puede negar el trabajo político y militar que llevó a cabo en favor de la Independencia, desde que se comprometió a la realización de la misma.

Juan O´Donojú, al firmar los Tratados de Córdoba[6]; convencer al entonces virrey y a los reductos  que aún estaban en pie de lucha leales a la corona española, sobre todo el que se encontraba asentado en la Ciudad de México, facilitando la entrada triunfal del Ejercito Trigarante sin que se derramara sangre, así como al entregar personal y formalmente la misma,  como autoridad virreinal, a su comandante general Agustín de Iturbide, así como a su acompañante principal, Vicente Guerrero, también en primera línea militar del mismo. El trabajo político desplegado por O´Donojú, también fue clave para el logro del objetivo independentista.

Son tres los principales personajes culminadores de la Independencia: Vicente Guerrero,[7] Agustín de Iturbide y Juan O´Donojú, colocados por orden alfabético de apellido paterno.

No podemos dejar que se oscurezca la claridad por motivos ideologizados radicales o poses políticas, donde prevalece la idea del todo o nada; esto es, o el panorama es todo blanco o es todo negro, pues no se aceptan matices, aunque la realidad muestre que existen y que no se pueden ignorar. Debe privilegiarse la razón, no la sinrazón. Reconocerlos a los tres como coautores del logro de la Independencia, no va en detrimento de nadie. Fue un trabajo conjunto de voluntad, decisión, dirección y mérito de los tres. Me atrevo a pensar que Guerrero no les regatearía este mérito a los dos. Tan es así, que solo leamos las expresiones que tuvo sobre O’Donojú en sus exequias.

Luego entonces, si en lugar de hacer restas sumamos a todos ellos, entonces fueron siete los principales independizadores en la línea recta del tiempo, aunque de diversos orígenes sociales y políticos, pero con una misma firme misión: la Independencia de la Nación Mexicana. Criollos americanos, españoles puros o peninsulares, indígenas mestizos y afrodescendientes. Hidalgo: criollo; López Rayón: criollo; Morelos: de origen indígena; Mina: español puro o peninsular; Guerrero: mulato; Iturbide: criollo pero con sangre paterna española peninsular, y O´Donojú: español puro o peninsular, aunque de sangre irlandesa por sus padres y abuelos, pero nacido en España. Un crisol;  un prisma de sangre multi social producto de la composición de la nueva sociedad que prevalecía en el amanecer independentista del siglo decimonónico mexicano.

IV. Los azares del destino

En este periodo independentista, también encontramos otro prisma de peculiaridades que se presentaron en las personas y acontecimientos de estos mantenedores de la lucha independentista que quiero señalar, algunas por tratarse de coincidencias, casualidades y fatalidades del destino.

En este sentido, se puede señalar que el 24 de febrero se firma el Plan de Iguala, se crea el Ejercito Trigarante y la Bandera de las tres garantías, y el 24 de agosto se firman los Tratados de Córdoba. Es decir, el mismo día, pero con seis meses de diferencia se formalizaron los dos documentos político-jurídicos que detonaron la Independencia del país; se puso la primera piedra de una institución armada emblemática y el antecedente remoto del símbolo patrio, y que los conservaron intactos los Tratados de Córdoba. Ambas instituciones, serían modificadas el 28 de septiembre del mismo año, con motivo de la culminación de la Independencia y de la instauración del Imperio Mexicano.

Por lo que hace a otro de los símbolos patrios, resulta interesante hacer mención que solo hay un lugar al que se cita en una de las estrofas del Himno Nacional, y este es Iguala, al decir lo siguiente: “… y de Iguala la enseña querida a su espada enlazada del laurel inmortal.” Claramente se puede observar que se está refiriendo a la ciudad de nacimiento de la Bandera Nacional, misma que con el tiempo ha tenido varias metamorfosis dictadas por las etapas evolutivas del país.

Ahora bien, con excepción de Ignacio López Rayón y Juan O’Donojú, que fallecieron de muerte natural, todas las primeras figuras del movimiento independentista, desde Miguel Hidalgo (primero en ser fusilado) hasta Vicente Guerrero (último de los iniciadores de la emancipación), fueron fusilados.

También debe mencionarse que, de todos los iniciadores del periodo libertario con mando militar activo, Guerrero fue el único que sobrevivió a este largo periodo. Esto es, fue iniciador al lado de Morelos y culminador de la Independencia, con el acompañamiento de Iturbide y de O´Donojú.

Guerrero fue uno de los iniciadores del movimiento de Independencia en el Ejército Insurgente del Sur, comandado por Morelos, y a él, con Iturbide[8] y O´Donojú, ya con el histórico Ejército Trigarante, le toca consumarla.

Finalmente, y al margen de enconadas y apasionadas ideologías, los dos consumadores militares de la Independencia murieron fusilados. Iturbide, de regreso al país al intentar recuperar el que fue su breve imperio de apenas ocho meses, que inauguró y que, al perderlo, quedó sepultado. Guerrero, designado presidente de la República por el Congreso respectivo y después de ocho meses y medio destituido por éste, al ser traicionado por su vicepresidente[9], y después nuevamente traicionado, pero ahora por el navegante genovés Francisco Picaluga, al facilitar su aprensión por las fuerzas militares gubernamentales en turno.

Quien sabe que le habrá dicho de convincente Picaluga a Guerrero, (porque Guerrero era una buena persona pero no inocente como algunos creen, ya que un general de su tamaño y experimentado ampliamente en la cruda brega, no solo durante toda la extensión del movimiento emancipador desde 1810, sino incluso en la primera línea de mando durante el último y más complicado tramo del movimiento insurgente), a pesar que uno de sus más cercanos compañeros y amigos de la lucha armada insurgente,  le advirtiera que no fuera a esa convivencia en el bergantín llamado “Colombo”[10] del navegante genovés de reprobable memoria,  de tal suerte que finalmente aceptó la invitación y asistió.[11] ¿O habrá sido tanta la confianza que le tenía?, sabiendo además que era perseguido político del gobierno que lo traicionó y que provocó su destitución;  y que además seguramente sabía que en cualquier momento podía darse otra traición para capturarlo, tal y como sucedió. ¿O fue un exceso de confianza en un momento de debilidad?

Guerrero fue hecho prisionero en Acapulco en enero de 1831 por Picaluga, quien lo condujo a la playa La Entrega, en Huatulco, Oaxaca. ¿Qué curioso nombre de la playa?, coincidente precisamente con la incalificable acción de la entrega de Guerrero por este mercenario, al gobierno traidor y perseguidor de Guerrero.

Miguel Hidalgo, Ignacio López Rayón y Francisco Xavier Mina tuvieron un efímero tiempo al frente de la lucha independentista, pues mientras el segundo sobrevivió hasta después de consumada la Independencia, Hidalgo y Mina fueron fusilados al ser capturados por el ejército realista.[12]

Curiosamente, los dos independizadores militares, a quienes debemos la culminación de la Independencia de México, fueron separados de la titularidad de su cargo en el Poder Administrativo por los congresos correspondientes que los invistió; perseguidos, arrestados y finalmente fusilados por los gobiernos en turno. Hice la aclaración de independentistas militares, porque, como ya lo hemos dicho en la segunda parte de este largo artículo, Juan O´Donojú, el otro independentista en su calidad de representante virreinal, falleció de muerte natural.

Los tres duraron poco tiempo con vida después de la independencia: Iturbide casi dos años diez meses (del 27 de septiembre de 1821 al 19 de julio de 1824). Guerrero diez años cinco meses, y O´Donojú once días después de consumada ésta.

Iturbide y Guerrero también duraron poco tiempo en el máximo cargo público del gobierno en el que sirvieron en el país: el primero imperial y el segundo republicano.[13] Los dos fueron designados y separados de su cargo administrativo, por el mismo Congreso que los nombró: Iturbide del 19 de mayo de 1822 al 19 de marzo de 1823, y Guerrero del 1° de abril al 17 de diciembre de 1829.[14]

Guerrero logró reconsumar la Independencia, pues durante su gobierno, se combatió y se venció el 11 de septiembre de 1829 a la intención de reconquista española al mando de Isidro Barradas en Tampico, Tamaulipas; es decir, consolidó para siempre la Independencia lograda en 1821. Esta finalmente fue reconocida por España el 28 de diciembre de 1836, con la firma del tratado de paz y amistad, conocido como Tratado Santa María – Calatrava.

Francisco Xavier Mina y Agustín de Iturbide de regreso a México, llegaron de Europa, específicamente de España, e ingresaron al país por Soto la Marina, Tamaulipas. Mina desembarcó el 22 de abril de 1817 y lo fusilaron el 11 de noviembre de 1817; esto es, siete meses después de que llegó a México en apoyo al movimiento por la Independencia. Agustín de Iturbide lo hizo el 14 de julio de 1824, Venía procedente de España donde se encontraba exiliado y pretendía iniciar una nueva guerra civil. Al desembarcar fue aprehendido por las fuerzas del general Juan José de la Garza. Declarado traidor a la patria, el 19 de julio de 1824 fue fusilado en Padilla, Tamaulipas; esto es, en el mismo Estado, cinco días después de su ingreso al país.

En 1829 Vicente Guerrero se convirtió en el segundo presidente Constitucional, por designación del Congreso al desconocer al presidente electo Manuel Gómez Pedraza debido al motín de la Acordada, y el primero y único presidente de nuestro país de ascendencia afro mexicana. Me parece que también fue el primero de este continente con estas raíces sociales. Esto es, de dos de los genes primigenios o puros de nuestro mestizaje: españoles y africanos: mulato.

Guerrero nunca se apartó de la doctrina de la independencia total, ni flaqueó en su lucha hasta lograrla, aunque al final, para obtenerla, sí momentáneamente de la doctrina republicana, al aceptar la creación de un imperio, con el fin de alcanzar la independencia definitiva de España; mismo al que combatiría después. El fin justifica los medios, reza una sentencia política del pensador florentino Maquiavelo. Desde esta óptica, podríamos decir que Guerrero pactó con los adversarios con el objeto de lograr el bien mayor, que era la Independencia nacional. El proyecto y la estrategia.

Veracruz fue el centro de las rebeliones contra el Emperador Agustín de Iturbide y contra el Presidente de la República Vicente Guerrero, para destituirlos de su cargo, las cuales rindieron sus frutos logrando el fin propuesto. Santa Anna con el Plan de Veracruz contra Iturbide y Bustamante con el Plan de Jalapa contra Guerrero.  El Congreso de 1822 aceptó la abdicación de Iturbide, y el Congreso de 1824 declaró a Guerrero incapaz para gobernar. Curiosamente las dos rebeliones se gestaron en Veracruz.[15]

Guerrero nació en Tixtla, el 9 de agosto de 1782 y el 14 de febrero de 1831 lo fusilaron en Cuilapan, Oaxaca. Tenía 39 años. En ese tiempo provincia de México. Luego entonces, nació en tierras pertenecientes en ese año a la Provincia de México, después Estado de México, y que hoy forman parte del Estado de Guerrero.

Escoltó fielmente y sin ningún dejo de preeminencia al Congreso de Chilpancingo de 1813 – 1814, todavía por indicaciones de Morelos y sin saber de su captura, en su migración a Michoacán, antes Valladolid, mismo que se instaló finalmente en Apatzingán, lugar donde se expidió la Constitución de 1814. Otra muestra de su desprendimiento, humildad y obediencia la dio, a pesar de que ya se había constituido en la primera figura del movimiento de Independencia, cuando escribe que “… mi solicitud no es movida de la ambición por la gloria de mandar -escribió al Presidente de la Junta de Juajilla en junio de 1817- sino por unos sentimientos que me animan a continuar mi carrera hasta  sacrificarme en las aras de la Patria, pero si esto no fuera asequible, seré conforme con su resolución, y de cualquier forma debe contar V. E. con que mi persona y mi tropa estarán a su disposición, pues no he aspirado a otra cosa que al restablecimiento del orden y gobierno, a quien protesto mi ciega obediencia, y en todo tiempo daré pruebas de mi subordinación …”[16]

Ahora bien, pasando a otro canal,  todos sabemos que hay cuatro estados cuyo nombre corresponde al primer apellido de los grandes insurgentes: Hidalgo[17], Morelos[18] y Guerrero[19]: con el del iniciador, con el del continuador de la lucha y con el del consumador de la Independencia del lado insurgente; y un cuarto que surgió tardíamente, el 8 de octubre de 1974, en el marco del 150 aniversario del federalismo, también con el apellido de Andrés Quintana Roo.[20] Cabe anotar que, con excepción del Estado de Guerrero,[21] ningún estado natal de los otros tres personajes históricos lleva el nombre y/o apellido de ellos.

Cabe aclarar que en la creación de los tres estados para darles el apellido de los tres más grandes jefes del movimiento insurgente, el estado que más se vio territorialmente afectado al tener que ceder parte significativa de su espacio, fue el Estado de México, pues si en la creación del primero: Guerrero, fue fundado con aportaciones territoriales del Estado de México principalmente, de Puebla y de Michoacán, en el caso de Hidalgo y Morelos, la totalidad de su territorio fue tomado, mediante los procedimientos legales correspondientes, del Estado de México.

Dicho sea de paso, lo mismo sucedió con la Ciudad de México, cuyo territorio también fue separado del Estado de México, pues en sus orígenes, sin irnos hasta sus ancestros territoriales prehispánicos e incluso coloniales, sino como país independiente, era la capital de este Estado.[22] Recordemos que en el caso del Estado de Quintana Roo, su territorio se conformó con segregaciones de Yucatán y Campeche.

En todos los casos no fue de buena gana, pues hubo resistencias políticas de los estados afectados, que obviamente no lo hicieron en mengua de los héroes, sino por la disminución de su territorio. Más en el caso del Estado de México, que fue el más perjudicado en este sentido, pero una vez superados los debates políticos, aunque “a regaña dientes” como dice la expresión popular, terminaron aceptando y cediendo el territorio correspondiente.

Vale subrayar que curiosamente en esta lógica de erigir estados para justamente engalanar a estos grandes héroes bautizándolos con su apellido, se empezó en sentido inverso a la cronología del tiempo independentista, pues el primero en surgir como Estado fue Guerrero, posteriormente Hidalgo, y tres meses después Morelos: el del consumador, el del iniciador y el del punto medio del tramo libertario. Guerrero el 15 de mayo de 1849; y veinte años después, Hidalgo el 15 de enero de 1869  y Morelos el 16 de abril de 1869.

Los gestores para el caso del Estado de Guerrero fueron Nicolás Bravo y Juan Alvares Hurtado, pero el presidente que publicó el decreto del Congreso fue Joaquín de Herrera y Ricardos. Para Hidalgo y Morelos, quien expidió el decreto fue Benito Juárez García, quizá pensando que si ya se había hecho justicia en este sentido a Vicente Guerrero, hubiera sido injusto e impolítico no hacerlo con estos dos padres fundadores anteriores a Guerrero.

Hay que apuntar que de las tres grandes transformaciones que ha tenido México, solo hay estados con apellidos de los grandes líderes de la primera transformación fundadora del país: Hidalgo, Morelos, Guerrero y Quintana Roo. De la segunda transformación, que es la de la Reforma, no hay ninguna entidad federativa con el nombre o apellido de sus personajes; solo Michoacán que, sin perder su nombre de pila del México Independiente, le agregó como complemento el apellido de Melchor Ocampo, para llamarse Michoacán de Ocampo, en honor de este ilustre hombre de la Reforma. Ni siquiera la hay de Juárez. Tampoco los hay de la tercera transformación; es decir, de la Revolución. Eso sí, existen ciudades y municipios con nombres y/o apellidos de prohombres de la Reforma y de la Revolución, así como también de la Independencia.

Por lo que hace a capitales de las entidades federativas, solo existe la de Morelia, Michoacán, en homenaje al Siervo de la Nación. Es el único héroe que tiene Estado con su apellido, y también capital con su apellido en su Estado natal.

Aprovecho el espacio, para llamar la atención en el sentido de que curiosamente solo en la avenida “Paseo de la Reforma” de la Ciudad de México, en recordatorio y homenaje a los personajes de este periodo histórico, se erigieron efigies individuales de ellos. Sin embargo, en las avenidas Insurgentes y Revolución, que han sido los otros dos magnos momentos en la evolución y transformación del país, no se ha hecho lo mismo.

Considero que también en estas avenidas debería existir, a manera de homenaje a sus protagonistas, la efigie de cada uno de los más notorios participantes en estos acontecimientos, independientemente de los magnos inmuebles existentes en conmemoración a estos históricos acaecimientos, como es el Hemiciclo a Benito  Juárez colocado en la Alameda central en la Avenida Juárez y el Monumento a la Revolución, no está instalado en la Avenida Revolución. Me parece justo, porque todos ellos nos fueron heredando un mejor país y, además, engalanaría más, histórica y culturalmente, a esta ciudad capital.

Por otra parte, y pasando a otra página sobre la Independencia, se puede decir que en las ceremonias del “Grito de Independencia”, así como a veces se omite el nombre de algunos de los héroes, se agregan otros, y viceversa, en otras no se pronuncia a estos últimos y se mencionan a los omitidos, En este sentido, no hay una regla que se respete, sino que más bien, se deja al libre albedrío y a criterio del presidente en turno, quien le da el sello propio de su gobierno. Pero en lo que sí existe una regla no escrita, es que invariablemente siempre se mencionan los nombres de Hidalgo, el iniciador de la insurgencia, el de Morelos, el de Allende el de Aldama y el de Abasolo.

Cabe escribir, que en ocasiones no solo se circunscriben a los patricios insurgentes, sino que han ido sumando a los de otros tiempos distintos a dicho periodo libertario, e incluso a veces se agrega a instituciones, valores, epítetos, hechos históricos, culturas y aspectos político-sociales, entre otros.

A lo mejor lo más razonable y saludable es que se debiera normar esta ceremonia, para guardar un protocolo determinado, que incluso comprenda y obligue a los gobernantes locales y a representantes en el extranjero, ya que cada quien hace su propia fiesta con esta sagrada ceremonia patria que nos debe exigir el mayor respeto, y no llegar a veces incluso hasta la “chunga”, a propósito de expresiones populares.

La ceremonia del Grito de la Independencia, como su propio nombre lo dice, es un rito solemne que se comparte  con el pueblo en una misma voz de amor patrio, al margen de las manifestaciones de alegría de la gente; es decir, es un culto que se rinde a los padres fundadores y, en su caso,  es aceptables que también se haga con otros refundadores del país, así como de los valores que representan, que solo está reservada tradicionalmente, desde que lo pronunció por primera vez el presidente Guadalupe Victoria el 16 de septiembre de 1827, a los titulares del Poder Ejecutivo o administrativo, como también se le llama, de los tres ámbitos de gobierno y a los representantes oficiales y/o diplomáticos del país en el exterior.

Ningún otro servidor público lo hace formalmente en nombre del país o de sus localidades. Por lo tanto, por lo que representa esta sentida celebridad para el país entero, debe ser considerada como un patrimonio histórico, cívico, social, político y cultural de todos los mexicanos, como esencia y símbolo de libertad y unión nacional.

Los valores histórico-culturales son de la mayor importancia y, por lo mismo, no se deben englobar con otros de carácter meramente político-ideológico, que a veces suelen ser solamente de temporada por muy adoradores que seamos de algunas de estas siluetas de moda o del momento.  Este patrimonio histórico-cultural pertenece a todos porque a todos nos identifica, ya que no está predeterminado solo para determinados sectores de la sociedad mexicana.

Los valores que nos unen a todos los mexicanos, su debido cuidado,  preservación y respeto, debe ser una responsabilidad y obligación de la mayor importancia del gobierno, por ser esencia de nuestra identidad como nación. No hacerlo, es faltar el respeto a los héroes nacionales que nos han dado patria, y una falta de respeto a los mexicanos.

Vivimos momentos de polarización política y social, por lo que la unidad nacional está severamente fracturada; de ahí la urgencia de resarcirla. No podemos dejarla al garete y que se siga destruyendo. Vivimos momentos en los que se requiere cobrar conciencia de esta imprescindible unidad nacional. Y uno de los caminos para reencontrarnos, es  el recuerdo de nuestra historia patria fundadora que nos une en sus hechos gloriosos y que nos invita a seguir construyendo el país de libertad y bienestar que todos queremos.[23] Hay queda para la reflexión.

Dándole vuelta a la página, podemos decir que en Iguala se crearon el Ejército y la bandera de la nueva Nación en formación; y que con el nombramiento de Iturbide por parte de la Junta Provisional Gubernativa, declarándolo Generalísimo de mar y tierra y, por ende Primer Jefe de los Ejércitos Imperiales, se dio nacimiento simbólico con este nombramiento, a la Marina o Armada de México el 28 de septiembre de 1821.

Sin embargo, debemos subrayar que con base en lo dispuesto en el Artículo 32 del Reglamento Provisional del Imperio Mexicano, el 4 de octubre de 1821 se crearon formalmente cuatro ministerios: Relaciones Exteriores e Interiores, Justicia y Asuntos Eclesiásticos, Hacienda y Guerra y Marina. Luego entonces, por lo que particularmente se refiere a la Armada de México, política y jurídicamente se instituyó en ese año de 1821. Antonio de Medina fue su primer secretario o ministro de las fuerzas armadas.

Hay que señalar, que el último reducto de las fuerzas militares españolas se refugió en el Castillo de San Juan de Ulúa, pero finalmente capitularon el 17 de noviembre de 1825 y el día 23 del mismo mes y año se retiraron de nuestro país. Gracias a la Armada de México la Independencia nacional total se consolidó, alcanzando la plenitud de su crisol en el mar. Es por ello que de las fuerzas armadas, en sus brazos armados de tierra y mar, así como de la bandera nacional, también es su Bicentenario.

Pero ya que estamos hablando de bicentenarios, entonces habría que decir de paso, que también lo es de las secretarías de Relaciones Exteriores,  de la de Gobernación y de la de Hacienda y Crédito público.

Solo para hacer un paralelismo entre los dos emperadores que ha tenido México, se puede señalar que el imperio de Iturbide fue del 20 de julio de 1822, fecha en que es coronado emperador de México, imponiéndose el nombre de Agustín I, al 19 de marzo de 1823, al presentar su abdicación al trono de México ante el Congreso (ocho meses). El Congreso aprobó la decisión y declaró que la nación quedaba en libertad para constituirse como mejor le conviniera. Esto es, que este Imperio tuvo una duración de ocho meses.[24] El Imperio de Maximiliano de Habsburgo fue del 10 de abril de 1864, fecha en que aceptó la corona en el Castillo de Miramar de Trieste (dos meses más tarde llegó a México) al 19 de junio de 1867, día en que fue fusilado en Querétaro; es decir, que tuvo una vigencia de casi tres años. Los dos emperadores terminaron sus vidas fusilados: Iturbide, tiempo después de haber abdicado a la corona, y Maximiliano, en funciones de emperador, con una diferencia de 44 años.

Iturbide nació el 27 de septiembre de 1783. Maximiliano el 6 de julio de 1832. Iturbide fue emperador a los 38 años y Maximiliano a los 32 años. Los restos mortales de Iturbide están depositados en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. Los de Maximiliano descansan en la sala de los príncipes, junto a la Cripta de los Emperadores, de la Iglesia de los Capuchinos, en Viena, Austria.

v. Creación de un magno hemiciclo insurgente

Rehago la propuesta originalmente planteada en la primera parte de esta serie de artículos, para proponer mejor la edificación de un magno hemiciclo insurgente. Un gran monumento que represente a todos los padres fundadores de la patria y a los que los acompañaron en esta magna empresa. En el hemiciclo propuesto podrían también irian las placas alusivas a los acontecimientos más sobresalientes que se suscitaron en este periodo de inicio y concreción del periodo de lucha por la Independencia.

UNSPECIFIED – CIRCA 2003: Portrait of Augustin de Iturbide (Morelia, 1783-City of Mexico, 1824), Mexican soldier and politician, emperor from 1822 to 1823. Painting. Citta’ Del Messico, Museo Nacional De Historia (Photo by DeAgostini/Getty Images)

Ciertamente en el Monumento a la Independencia, ya se encuentran los restos mortales de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, José Mariano Jiménez, Pedro Moreno, Víctor Rosales, Francisco Xavier Mina, José María Morelos, Vicente Guerrero, Andrés Quintana Roo, Leona Vicario, Nicolás Bravo, Mariano Matamoros y Guadalupe Victoria.

Pero como la glorieta es la de la Independencia, y esta se debe componer de todos los que intervinieron desde que inició hasta que se consumó, falta agregar a otros, como Hermenegildo Galeana, a Ignacio López Rayón Pedro Ascencio Alquisiras, Josefa Ortiz de Domínguez y a Leonardo Bravo[25], y debiéramos reflexionar sin apasionamientos político-ideológicos, en sumar a Agustín de Iturbide y a Juan O´Donojú. Los de estos últimos, se encuentran en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México y los de Josefa Ortiz de Domínguez reposan en Querétaro.

No debemos ser mezquinos y regatear reconocimientos solo por cuestiones ideológicas, sobre todo a nuestros padres fundadores. Es de nobleza reconocer a todos los que nos dieron Independencia.

Este magno Hemiciclo del Bicentenario de la Consumación de la Independencia de México, bien podría trabajarse en dos posibles escenarios físicos: 1. En el actual espacio y en sus alrededores colindantes, que ocupa el Monumento a la Independencia, con las ampliaciones correspondientes y, 2. Erigirlo en un parque de la Avenida Insurgentes. De no existir un espacio apropiado de las dimensiones requeridas en esta avenida, entonces valdría buscarlo en otro lugar de la ciudad. De esta manera, se completaría y se cerraría el círculo virtuoso en conmemoración de la Independencia, en toda su extensión de tiempo.

En el primer escenario, la edificación del hemiciclo podría ser ampliar la rotonda de la “Columna de la Independencia”; esto es, ensanchar el contorno, pero sin deformar su arquitectura histórica actual, contando con las cuatro esquinas que forman las dos grandes avenidas que atraviesan en la Glorieta de la Columna de la Independencia, en cuya redondez esquinada se colocaría la efigie de las tres figuras omitidas, así como imágenes y leyendas alusivo a cada uno de los periodo de estos padres fundadores, así como las de los demás héroes de la Independencia en estos honores patrios. Lo ideal sería depositar los restos mortales de todos ellos en este magno monumento; pero en la hipótesis de que físicamente no fuera posible que reposen los de todos ellos en ese lugar sugerido, porque de algunos se desconoce su destino, entonces por lo menos traer a éste los de los otros tres que jefaturaron la lucha por la Independencia y los de los demás que se encuentren en otros aposentos mortuorios.

En el segundo supuesto, de no considerar el área donde se ubica el “Monumento a la Independencia”, entonces procurar erigirlo, como se acaba de decir, en un parque de la Avenida Insurgentes, que podría denominarse “Parque del Bicentenario de la Independencia de México”, para que esté a tono con el acontecimiento histórico que lleva este nombre en homenaje a los hombres y mujeres del movimiento de Independencia. De no encontrar espacio idóneo en esta avenida, valdría buscar, como igualmente se ha mencionado, un parque apropiado de buen tamaño en otro lugar de la Ciudad de México.

Todos los que participaron en la insurgencia, mandos militares y los combatientes de a pie, así como liderazgos políticos, eclesiásticos y sociales, sin discriminación alguna por preferencias políticas e ideológicas que a veces nublan, si no es que obscurecen el pensamiento y la razón, aportaron lo que pudieron y con lo que estuvo a su alcance en su tramo, tiempo y papel que les tocó en la edificación de la Independencia.

Hay muchos héroes que no son anónimos, porque existe plenamente documentada su participación y aportación, y sin embargo están olvidados. Con más razón lo están los desconocidos, pero de carne y hueso.

Tal y como lo he dicho y propuesto, en algunos artículos y en la conferencia que di en la Universidad Autónoma Metropolitana. Unidad Xochimilco. División de Ciencias Sociales y Humanidades el 19 de octubre de 2010, son dignos de reconocimiento estos hombres y mujeres sin nombre, pero valientes combatientes activos.

Y por supuesto, que en esta inmensurable gesta, tampoco puede pasar desapercibido el valiente y decidido luchador “insurgente desconocido”. Esos hombres y mujeres anónimos de carne y hueso; que fue el pueblo, con quiénes tenemos pendiente un justo homenaje, y para quien falta la erección de una simbólica efigie en su merecido reconocimiento y respeto. Esos insurgentes sin nombre ni apellidos, también fueron los grandes protagonistas que siempre fueron por delante y al frente con su humilde vestimenta, así como con sus rudimentarios y magros armamentos ante los equipados, adiestrados y bien avituallados ejércitos españoles. Prácticamente en una lucha desigual cuerpo a cuerpo. Deben estar imperecederamente en nuestra mente. Por eso, debe también estar su recordación en el hemiciclo propuesto a manera de justo y sentido homenaje, junto con los personajes del movimiento insurgente al que acompañaron en la larga y sinuosa travesía en la lucha por la libertad.[26]


[1]. El 10 de enero de 1821, Guerrero recibió la carta de Iturbide para llegar a un acuerdo.

[2]. El Ejército Mexicano, con la fisonomía que hoy lo conocemos de fuerza armada de tierra, con las variantes en algunos de sus rasgos como resultado de su evolución, se creó en 1913; hace poco más de un siglo, cuando Venustiano Carranza, Gobernador Constitucional del Estado de Coahuila, mediante Decreto 1421 del Congreso del Estado del 19 de febrero de ese año, convocó a formar el Ejército Constitucionalista, para combatir la usurpación de Victoriano Huerta. Pero su primera raíz, del México independiente, parte de 1821 con integración del Ejército Trigarante.

[3]. José Magdaleno Ocampo, originario de Iguala, fue el sastre que confeccionó la bandera, por encargo y diseño de Iturbide.

[4]. Se argumentó su incapacidad para controlar a quien se había revelado contra la autoridad virreinal: Agustín de Iturbide, así como al nuevo movimiento que había surgido y que se iba expandiendo y en crecimiento, con la formación del Ejercito Trigarante.

[5]. ¿Quién sabe por qué?, pero si indebidamente al consumador de la Independencia de raíces insurgentes, a veces se omite pronunciar su nombre en el llamado “Grito de Independencia”, igualmente está semi olvidado en estos festejos López Rayón, quien el 19 de Agosto de 1811, establece la Suprema Junta Nacional Americana en Zitácuaro, cuya función principal, además de gobernar, era administrar justicia y constituirse como una especie de secretaría de guerra, al frente de Ignacio López Rayón, así como a Francisco Xavier Mina.

[6]. Los Tratados de Córdoba, conforme a lo acordado en los mismos, fueron llevados a España para ser presentados a la corona española, sin embargo, el soberano los rechazó, con lo que se abrió el camino para la instauración del imperio de Agustín de Iturbide.

[7]. En la primera parte de esta serie de publicaciones sobre la consumación de la Independencia, titulada “El Abrazo de Acatempan y el Plan de Iguala”, por error se puso como segundo apellido de Vicente Guerrero, el de “Ascencio”; debiendo ser, como ya desde la segunda parte se corrigió, el de “Saldaña”.

[8]. Iturbide. Jefe del Ejército del Sur.

[9]. Utilizó los servicios de Picaluga para capturar a Guerrero.

[10]. Quizá en memoria de su paisano ancestral Cristóbal Colón, pero nada comparable en memoria de este descubridor de América. Uno ilustre y el otro un rufián.

[11]. No obstante que, como titulara Juan Ruíz de Alarcón a una de sus famosas obras literarias, en su narrativa figurada, no en su real literalidad, “Las paredes oyen”, lo malo es que no hablan, porque si hablaran, entonces sabríamos que le dijo Picaluga a Guerrero, que lo convenció para que aceptara la invitación.

[12]. Los registros históricos dicen que Mina murió fusilado a las cuatro de la tarde del 11 de noviembre de 1817, en el Cerro del Bellaco, Guanajuato,  acusado de traicionar a la corona española.

[13]. Desde sus orígenes insurgentes tuvo en la mira la idea republicana, pues como refiere Sabás Alarcón Robledo, el 20 de junio de 1817 le envió una carta desde Ajuchitlán a Ignacio de Ayala, Presidente interino de la Junta de Jaujilla, que hacía las veces del Congreso disuelto: “No podré significar a V. E. el regocijo que en medio de mis tribulaciones tuve cuando fui instruido…de que tenemos ya un Gobierno establecido bajo el sistema Republicano que apetecemos y de cuya dirección necesitamos para poner término a los males que nos aflige.” Sabás Alarcón Robledo. Vicente Guerrero. Edición de la Secretaría General de Gobierno del Estado de Guerrero. Colección: Cuadernos para el fortalecimiento de la sociedad guerrerense. Segunda edición. México. 2019. PP 50 y 51.

[14]. El 31 de diciembre de 1829 Bustamante entró victorioso a la ciudad, el 17 de diciembre de 1829 dejó el cargo Guerrero, y el 14 de enero de 1830 el Congreso declara a Guerrero incapaz de gobernar.

[15]. Anastacio Bustamante también estuvo en la rebelión de Santa Anna en Veracruz, contra Iturbide, por lo que se podría aventurar que en parte de su natura corría la sangre de la traición, ya fuera contra la institución del Imperio como contra la República.

[16]. Citada por José María Lafragua y tomada de éste por Sabás Alarcón Robledo. Ob. Cit. PP. 33 y 34.

[17]. Creado por Decreto del Congreso de la Unión del 15 de enero de 1869 y ordenando el día 16 del mismo mes y año su publicación el presidente Benito Juárez García.

[18]. Creado por Decreto del Congreso de la Unión del 16 de abril de 1869, ordenando al día siguiente su publicación el presidente Benito Juárez García. Se publicó el 29 del mismo mes y año.

[19]. Aún con la resistencia de los estados de México, Puebla y Michoacán para ceder territorio, finalmente se creó el Estado de Guerrero.

[20]. Esta porción territorial segregada de Yucatán y Campeche, originalmente nació con la designación de “territorio federal” con el nombre de Quintana Roo, como nueva figura político-geográfica del mosaico de entidades federativas de la Federación Mexicana, mediante Decreto de Reforma al Artículo 43 de la Constitución de 1857, publicada en el Diario Oficial de la Federación el  24 de noviembre de 1902, nombre que corresponde al apellido de Andrés Quintana Roo, un destacado yucateco del movimiento insurgente. El  8 de octubre de 1974 se erigió como Estado por Decreto de la misma fecha que reformó el Artículo 43 y demás relativos de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Diario Oficial de la Federación del martes 8 de octubre de 1974. Tomo CCCXXVI. Número 26, en el periodo de gobierno del presidente era Luis Echeverría Álvarez.

[21]. Ya se ha dicho que realmente nació en el espacio territorial  que en ese entonces pertenecía a la Provincia de México y después con el nombre de Estado de México, pero que se segregó buena parte del territorio de esta entidad federativa para honrrar con su apellido al nuevo Estado.

[22]. Como se ha dicho, la Ciudad de México,  fue la capital del Estado de México; sin embargo, ante la necesidad de crear una ciudad capital para el país recién nacido, el Congreso de la Unión decretó el 18 de noviembre de 1824 la creación del Distrito Federal, el cual fue publicado el día 20 del mismo mes y año, por indicaciones del presidente de la República, Guadalupe Victoria.

[23]. Aunque no precisamente referidas a la ceremonia del Grito de Independencia, estas ideas sobre nuestros valores histórico culturales ya las he manifestado desde tiempo atrás en algunos artículos, y específicamente en una conferencia titulada “Patrimonio cultural: esencia y símbolo de unión nacional”, que di en el Museo Nacional de Antropología e Historia, el 28 de agosto de 2006, retomada en mi libro titulado “En busca de la decencia política: El ser y el deber ser de cada día”. Edición del Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde. Gobierno del Estado de Zacatecas. México. 2013. PP. 186-190 y 214.

[24]. Antonio López de Santa Anna se levantó contra él y contra la figura del imperio con el Plan de Veracruz del 6 de diciembre de 1822, al cual se sumó Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria y Nicolás bravo entre otros connotados de la insurgencia, pocos meses después de que Iturbide desconociera al Congreso, lo cual provocó la caída de Iturbide al presentar su renuncia al trono al Congreso.

[25]. El 13 de septiembre de 1812, murió ejecutado a garrote vil en la Ciudad de México por orden del virrey Francisco Xavier Venegas. Fue constructor de materiales de guerra y administrador. Era el padre de Nicolás Bravo.

[26]. Recogida en mi libro titulado En busca de la decencia política: El ser y el deber ser de cada día”. Edición del Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde. Gobierno del Estado de Zacatecas. México. 2013. PP. 415- 417 y 427-430.

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