Manuel Cifuentes Vargas

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Doctorante en Derecho por la UNAM.

Bicentenario de la Consumación de la Independencia de México: Primera parte

El Abrazo de Acatempan y el Plan de Iguala

Aunque “a toro pasado”, como refiere el ingenio popular en el uso cotidiano del lenguaje, no quiero pasar por alto, por tratarse no de un año más en la sumatoria de cumpleaños de acontecimientos significativos del país, sino del bicentenario de dos sucesos memorables convertidos en todas unas efemérides de la más alta trascendencia en la formación de nuestro país, porque, juntos con otros precedentes y posteriores a este hecho que se dieron en once años de batallar por un sinuoso camino de “sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas”[1] de nuestros padres fundadores, son los momentos cumbres en los que se funden y sintetizan las dos visiones sobre el destino del Virreinato de la Nueva España, y se ponen las raíces y tronco del alumbramiento de México. Por eso considero que es muy digno de exaltarlo, porque no lastima a ninguna de las dos visiones sobre los orígenes de México, sino por el contrario, enaltece.

“Recordar es volver a vivir” dice el aforismo popular; y yo diría que además celebrarlo con realce, se vive con mucha más intensidad cuando verdaderamente se lleva en la sangre el amor al país donde se nació y se vió la primera luz. Y, sin embargo, salvo una que otra mención por ahí perdida en el bumerán de la vida diaria y una modesta ceremonia oficial en los lugares de los hechos, pasaron desapercibidos por medio mundo, a pesar de que se trataban de acontecimientos que debieron ser festejables con mayor plétora y exalto. Así lo creo, “con pompa y platillo” como popularmente luego decimos, por tratarse de la primera piedra de la anhelada culminación de la Independencia y de la erección de México.

“El abrazo de Acatempan”,[2] como históricamente se le denomina al que protagonizaron el  10 de febrero de 1821[3] Vicente Guerrero y Ascencio y Agustín de Iturbide Arámburo; el primero como Caudillo y en representación de la llama viviente del movimiento insurgente de Independencia y, el segundo, del Ejército realista virreinal[4] opuesto a la misma, viene a constituirse en el encuentro de dos cosmovisiones, objetivos y causas de origen distintas, para unirse y forjarse sólidamente en una sola visión de futuro cierto, pero realizable casi de manera simultánea, que desembocaría en unos cuantos meses, en la grandiosa creación formal de México. Este fue el primer venturoso paso.

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El segundo paso hacia el cumplimiento de este objetivo, es precisamente la Proclamación y firma del Plan de Iguala. Así, la entonces Provincia de Tecpan, con el territorio cedido por el Estado de Mèxico, de donde Vicente Guerrero era nativo, hoy Estado de Guerrero en honor y homenaje merecido a este ilustre patricio que, metafóricamente, mantuvo encendida hasta el final la flama de la causa de la Independencia, con estos dos acontecimientos su tierra tuvo el privilegio de instituirse en el basamento del fin del movimiento por la libertad e Independencia, y de la fundación de nuestro país, que culminaría en breve tiempo.

Yo no creo, como a veces se suele hacer creer con un afán ideológico y político maniqueo, que uno tenga más mérito que el otro en la conclusión de una lucha armada protagonizada por estos dos bandos opuestos, así como en la concreción, por fin, de la edificación del nuevo país. Yo creo que los dos personajes, al margen de sus posteriores inclinaciones políticas, tienen el mismo peso, estatura y merito en la firme y decidida voluntad de concretar un solo proyecto de formar un país, con su propio rostro e identidad de nación libre, independiente y soberana.

Otra cosa distinta es el curso diametralmente opuestos que después de consumada la Independencia, tomaron los hechos en la dirección, orientación y destino del país, como también por veredas distintas las que caminaron estos dos actores principales de esta gesta. Iturbide con ideas imperiales y convirtiéndose en Emperador y Guerrero contra corriente, transitando por un sendero republicano. Y esto fue precisamente lo que distanció a Guerrero de Iturbide, al proclamarse Emperador.

El 10 de enero el jefe del Ejército Insurgente del Sur, había recibido una carta del Iturbide, en su carácter de Comandante en Jefe de las fuerzas realistas del sur, haciéndole las primeras propuestas. Me costaría trabajo creer que Guerrero no estuviera al tanto de lo que se venía fraguando, y quizá por eso el exhorto a Iturbide en su respuesta. Creo que Guerrero ya sabía que se venía madurando la idea independentista en las altas esferas virreinales y en las de los jefes militares jefaturados por Iturbide. Dudaría que en un guerrero de su talla no estuviera informado de los aconteceres del gobierno virreinal y de la milicia de éste, y que le haya caído de sorpresa la propuesta de Iturbide. Quienes andan en estos menesteres, no son tan ingenuos como para no enterarse y pensar en las intenciones de sus adversarios.

Pero veamos en sus propias palabras, lo que estos dos personajes se mensajeaban en sus primeros tanteos y escarceos para procurar un acercamiento tendiente a hacer posible un México libre, independiente y soberano.

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“Se dice que “el 10 de enero pasado, Vicente Guerrero, jefe del Ejército Insurgente del Sur, había recibido una carta de Iturbide, comandante en jefe de las fuerzas realistas, en la que le pedía se sometiera al gobierno y a cambio, le serían reconocidos su grado, su ejército y el territorio que dominaba. Diez días después, Guerrero responde negándose a aceptar tal proposición y conmina a Iturbide a pelear por la independencia:

Concluyamos con que usted equivocadamente ha sido nuestro enemigo, y que no ha perdonado medios para asegurar nuestra esclavitud; pero si entra en conferencia consigo mismo, conocerá que siendo americano, ha obrado mal, que su deber le exige lo contrario, que su honor le encamina a empresas más dignas de su reputación militar, que la patria espera de usted mejor acogida, que su estado le ha puesto en las manos fuerzas capaces de salvarla y que si nada de esto sucediera, Dios y los hombres castigarían su indolencia […] qué pues, hace retardar el pronunciarse por la más justa de las causas? Sepa usted distinguir y no confunda: defienda sus verdaderos derechos […], decídase usted por los verdaderos intereses de la Nación, y entonces tendrá la satisfacción de verme militar a sus órdenes […]. Compare usted que nada me sería más degradante como el confesarme delincuente y admitir el perdón que ofrece el Gobierno contra quien he de ser contrario hasta el último aliento de mi vida, más no desdeñaré ser subalterno de usted en los términos que digo […] porque nuestra única divisa es libertad, independencia o muerte […]. Obre usted como le parezca, que la suerte decidirá, y me será más glorioso morir en la campaña, que rendir la cerviz al tirano”.

“A su vez, Iturbide le había respondido que sólo les queda acordar, “por un plan muy bien sistema do, los medios que nos deben conducir indudablemente, y por el camino más corto. Cuando hablemos usted y yo se asegurará de mis verdaderos sentimientos […] no debe dudar que ninguno en la Nueva España es más interesado, ni la deseo con más ardor, que su muy afecto amigo que ansía comprobar con obras esta verdad y que su mano besa”. Cuando Guerrero e Iturbide se reúnen en Acatempan, Iturbide rinde homenaje a Guerrero por su valor a lo cual respondió:

“Yo señor felicito a mi patria porque recobra en este día un hijo cuyo valor y conocimientos le han sido tan funestos”, después de esto, se pusieron de acuerdo y Guerrero explicó a sus soldados la presencia de Iturbide: “¡Soldados! Este mexicano que tenéis presente es el señor don Agustín de Iturbide, cuya espada ha sido por nueve años funesta a la causa que defendemos. Hoy jura defender los intereses nacionales; y yo que os he conducido en los combates, y de quien no podéis dudar que moriré sosteniendo la independencia, soy el primero que reconoce al señor Iturbide como el Primer Jefe de los Ejércitos Nacionales: ¡Viva la independencia! ¡Viva la libertad!”.

Finalmente, el 10 de febrero se entrevistan para afinar y arreglar el acuerdo del cese a la guerra que venían protagonizando, así como para arreglar la liberación de España y forjar la libertad de la nación mexicana, con el fin de edificar al nuevo país, lo cual se selló con el legendario “Abrazo de Acatempan”, por ser este lugar donde se celebró la reunión y, después de ésta, le  seguiría la Promulgación del Plan de Iguala, momento en el cual, dentro del marco de ese memorable acto, se conviene la unificación de ambos ejércitos (insurgente y realista), con lo que se daría paso a la formación de una sola fuerza armada del naciente país (que a su vez viene a significarse en el origen del ejército mexicano); esto es,  del “Ejército Trigarante” o “Ejército de las Tres Garantías”, como también se le conoce, para así consumar la Independencia de México.

Pero Iturbide tenía que dar pruebas de que el proyecto iba en serio y dar muestras de la firme y decidida voluntad de que estaba plenamente convencido de que se declararía la independencia de España en la formación del nuevo país, por lo que, con motivo de la declaración del Plan de Iguala, simboliza y manda el mensaje de garantía de esa voluntad, no solo con la promulgación del Plan de Iguala y de la unificación de los ejércitos en uno solo, sino además lo hizo con la confección de la nueva bandera que enarbolaría el nuevo ejército del país.[5] Es oportuno señalar, que se dice que durante la ceremonia de la Declaración del Plan de Iguala, Iturbide ya llevaba la Bandera Trigarante elaborada con los hoy ya tradicionales colores: blanco, verde  y rojo en franjas diagonales, que originalmente representaban, en ese orden, la religión, la independencia de México de España y la unión e igualdad de todos los mexicanos, españoles y castas asentadas en el país. Realmente, es el primer antecedente de nuestra actual Bandera Nacional, ya como país independiente.[6]

Veamos ahora brevemente la esencia de lo que dice el “Plan de Iguala”, en el cual va inserto el “Plan de la Independencia”, cuyo nombre original es “Plan de la Independencia de América Septentrional”, como también se le denominaba a esta región territorial del Virreinato, en voz de sus originales actores y redactores en tinta y papel.

Previo al formal juramento de fidelidad al Plan de Iguala, se convocó a una reunión con los jefes militares, acordándose que al día siguiente se hiciera este acto solemne; reunión en la que Iturbide, acompañado por Guerrero, tomó la palabra para informar que la declaración de Independencia iba en serio y estaba en camino, y que esta decisión tomada era inalterable. Asimismo, agregó que también era el deseo de las provincias. Hizo una exposición de motivos y razones sobre la decisión del proyecto independentista y les dijo:

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“Los deberes que a la vez me imponen la religión que profeso y la sociedad a la que pertenezco, estos sagrados deberes sostenidos con la tal cual reputación militar que me han conciliado mis pequeños servicios, en la adhesión del valeroso ejercito que tengo el honor de mandar; y para no hacer mención de otros apoyos en el robusto que me franquea el general Guerrero, decidido a cooperar a mis patrióticas intenciones, me han determinado irresistiblemente a promover el plan que llevo manifestado. Esto es hecho, señores, y no habrá consideración que me obligue a retroceder. El excelentísimo señor Virrey está ya enterado de mi empresa; lo están muchas autoridades eclesiásticas y políticas de diferentes provincias, y por momentos espero el resultado. Entre tanto, he provocado esta junta, para que V. SS. se sirvan exponerme su sentir con la franqueza que caracteriza a unos oficiales de honor. Libres para obrar cada uno según su propia conciencia, el que desechare mi plan, contará desde luego con los auxilios necesarios para transportarse al punto que fuese de su agrado, y el que guste de seguirme hallará siempre en mí un patriota que no conoce más intereses que los de la causa publica, y un soldado que trabajará constantemente por la gloria de sus compañeros.” Hasta aquí las palabras de Iturbide.

“Inmediatamente el capitán del regimiento de Tres Villas, Don José María de la Portilla, leyó en voz alta y perceptible el plan, el oficio con que se acompañó al excelentísimo señor Virrey, y la lista nominal de los individuos propuestos para componer la junta de que allí se trata. Concluida esta lectura, fue unánime la aprobación, celebrando, a cual más de los concurrentes, un plan tan sabiamente meditado, tan conforme a los principios de la razón y de la justicia, y tan acomodado a las circunstancias críticas del día.” De la junta celebrada y de las manifestaciones correspondientes de los presentes, se da constancia en el acta que se levantó por parte de Agustín Bustillos, el día 1 de marzo de 1821.

Y tal y como ya se había determinado, en efecto, al día siguiente se realizó el juramento al Plan de Iguala tanto por Iturbide como por todos los oficiales. De las cuatro partes de que consta el juramento, cabe destacar el segundo que dice: “¿Juráis hacer la independencia de este imperio, guardando para ello la paz y unión de europeos y americanos? – Sí, juro.” Lo anterior, también se hizo constar en el acta que levanto Agustín Bustillos, el día 2 de marzo de 1821.[7]

Ahora bien, ya específicamente por lo que respecta al cuerpo del Plan de Iguala, éste en su parte medular prescribe lo siguiente:

“2. La absoluta independencia de este reino.

“3. Gobierno monárquico templado por una Constitución análoga al país.”

“5. Habrá una junta, ínterin se reúnen Cortes que hagan efectivo este plan.”

“9. Sera sostenido este gobierno por el ejercito de las Tres Garantías.

“10. Las Cortes resolverán si ha de continuar esta junta o sustituirse por una regencia mientras llega el emperador.

“11. Trabajaran, luego que se reúnan, la Constitución del imperio mexicano.”

“16. Se formará un ejército protector que se denominara de las Tres Garantías, y que se sacrificaran del primero al ultimo de sus individuos, antes que sufrir la más ligera infracción de ella.”

“23. Como las Cortes que se han de formar son constituyentes, deben ser elegidos los diputados bajo este concepto. La junta determinara las reglas y el tiempo necesario para el efecto,”[8]

El Plan está fechado el 24 de febrero de 1821 en Iguala y firmado por Agustín de Iturbide. El Plan está integrado por tres partes: una Proclama, 23 puntos que compone el Plan, y una exhortación final.

Tanto el famoso “Abrazo de Acatempan” como el “Plan de Iguala”, en este mes de febrero están cumpliendo años. Son nada menos que doscientos años de su glorioso suceso. Y aunque en el caso de Iturbide me queda claro que no es muy bien visto ni muy aplaudible para muchos por el camino que finalmente eligió, fundando el primer Imperio Mexicano y erigiéndose en su Emperador, considero que debemos dejar fuera chauvinismos y actitudes excesivas de antipatías y rencores históricos, que no construyen en la arena de la nobleza y magnanimidad de la democracia, porque si algo también debemos tener claro, es que, nos gusten o no, no podemos negar nuestros orígenes y pasajes de nuestra vida como país, porque así como en otros hechos no tenemos claroscuros, en este tema tampoco todo es blancos y negros. Los acontecimientos se dieron y ahí están registrados, y aquí está parado México. Nos agraden o no, al final del día son nuestras raíces y es nuestra identidad política, social y jurídica como nación y como país.

Quiero apuntar igualmente que este suceso de la Proclamación del Plan de Iguala, como sucede año tras año, siempre se ve un tanto cuanto disminuido u opacado, si no es que olvidado en nuestra mente, porque este mismo día se escogió, y estimo que con sobrada razón como consecuencia del mismo hecho histórico del Plan de Iguala, para consagrarlo como el “Día de la Bandera”[9] y homenajear a nuestro lábaro patrio. Y es correcto y acertado que se haya seleccionado este día para rendir honores y festejar a nuestra Bandera Nacional, porque ya desde la Proclamación del Plan de Iguala, además de poner la primera piedra para la Independencia final del país, también se sembró la primera raíz del árbol genealógico de nuestra Bandera Nacional. Como ya hemos dicho, ese día en que se concretó el Plan de Iguala, se dió a conocer la Bandera que enarbolaría el nuevo ejército nacional que se estaba fundando, con la unión del ejército insurgente y el realista, comandados por Guerrero e Iturbide respectivamente.

Ahora bien, aunque quizá lo ideal hubiera sido en este mes de febrero en que se cumplieron dos siglos de estos dos acontecimientos,[10] deberíamos de reflexionar ya con la serenidad que el caso amerita y sin ningún tipo de  xenofobias ideológicas y políticas, en esta idea-propuesta, que espero no la vayan a tachar de “loca”, pues ya con los ánimos calmados después de transcurridos dos siglos, solo se trata de aceptar, reconocer y celebrar un hecho histórico de la máxima trascendencia de nuestro país, pues se trata nada menos que de los primeros síntomas y aviso parturiento  de su alumbramiento, de erigir un magno hemiciclo conmemorativo de la consumación de la Independencia y nacimiento de México, en el cual se colocaran las dos efigies de estos ilustres personajes y, en medio de ambas, otra con el famoso “abrazo de Acatempan”. Incluso de ser posible, para darle mayor realce, hacer las exhumaciones de los restos mortuorios de ambas celebridades históricas,[11] para trasladar y reunir las urnas en una peregrinación solemne al monumento de las características mencionadas, donde estuvieran en pedestales y criptas separadas los dos forjadores finales de México. El hispano mexicano porque ya nació aquí, en el hoy Estado de Michoacán y el afro mexicano que lo hizo en el actual Estado de Guerrero.

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Considero que sería, metafóricamente hablando, el símbolo solemne del acta de nacimiento de México, compuesto por las tres raíces genéticas primigenia de nuestro mestizaje: la indígena, la española y la africana. Pero “nunca es tarde para empezar”, dice la voz popular, por lo que, de ser aceptable esta idea, aún faltan otros hechos por conmemorar en esta misma ruta del surgimiento de nuestro país, como es el caso del 27 de septiembre, fecha en que se conmemora la culminación de la Independencia, para hacerlo y darle vida en este conmemorativo y significativo Bicentenario de la consumación de la Independencia de México. ¡Hay la dejo, eh!

28 de febrero de 2021


[1]. – Esta expresión es de la autoría de Winston Churchill, contenida en su discurso pronunciado ante la Cámara de los Comunes (Cámara Baja) del Parlamento del Reino Unido, el 13 de mayo de 1940, en su jerarquía de Primer Ministro.

[2]. – Lugar ubicado en el Municipio de Teloloapan, Estado de Guerrero. Acatempan significa en náhuatl “en la orilla de las cañas”.

[3]. – Los historiadores no han terminado de ponerse de acuerdo sobre el día en que se verificó este encuentro, pues mientras algunos sostienen que se realizó el día 10, que es la afirmación dominante, otros sostienen que fue el día 15. Pero no solo eso, pues hay hasta quienes dudan o niegan que se haya realizado éste. Mi opinión es que este evento sí se llevó a cabo, pues no logro pensar que después de varios mensajes para poderse encontrar, con el fin de pactar el cese de las hostilidades y acordar un plan de esta naturaleza y tamaño de la empresa a realizar, no se hubieran reunido previamente a la Proclamación del Plan de Iguala, para tratar sobre su contenido. Y, por otra parte, en el supuesto de que no se hubiera realizado, ¿entonces cómo hubieran cambiado impresiones y acordar un plan de esta magnitud? Yo creo que la reunión si se realizó y que el abrazo si se lo dieron. Era en ese entonces, y sigue siendo muy normal, que se lo den las personas en sus encuentros como muestra de aceptación y gusto o jubilo, y con más razón en aquellos tiempos y máxime tratándose de un hecho de esta magnitud. Con más razón en esos tiempos que eran más protocolarios que ahora. Yo dudaría que cuando se encontraron persona a persona y cuando concluyó la entrevista, no se hubieran saludado y abrazado, o que únicamente lo hubieran hecho de mano. Debieron darse un abrazo.

[4].- Iturbide era el jefe del Ejército del Sur, nombrado por el virrey Juan Ruíz de Apodaca, quien le  encargó la misión de combatir a los insurgentes.

[5]. – La bandera fue confeccionada por el sastre José Magdaleno Ocampo, conocido igualmente como José Cecilio Ocampo, por encargo de Agustín de Iturbide.

[6]. – La simbología y significado en su diseño y colores ha evolucionado y cambiado con el tiempo en base a otros hechos históricos, por lo que en la actualidad el verde representa esperanza, el blanco significa la unidad de los pueblos mexicanos y el rojo simboliza la sangre de los héroes nacionales. La Bandera es una expresión auténtica de nuestros orígenes y un símbolo unificador del espíritu de los mexicanos. Personifica a México.

[7]. – Las actas pueden verse en Felipe Tena Ramírez. Leyes Fundamentales de México 1808-1975. Editorial Porrúa, S. A. Sexta edición. México. 1975. PP. 109-113.

[8].- El Plan de Iguala, también puede verse en Tena Ramírez. Obra citada. PP. 113-116.

[9]. – El “Día de la Bandera” fue estatuido en 1934, pero oficialmente reconocida hasta 1940, por Decreto del presidente Lázaro Cárdenas del Río. La idea surgió por el hecho de que Iturbide tuvo que dar garantías para la Declaración de la Independencia, y estas las representó y simbolizó en una Bandera que portaría el Ejercito Trigarante. Se afirma que en el acto solemne de la Declaración de Iguala, ya llevaba la Bandera Trigarante; evento en el que estaba presente Guerrero.

[10]. – En la presentación oficial que hicieron en la conferencia de la mañana que da el Gobierno de México en Palacio Nacional, el Secretario de Relaciones Exteriores y el Director General del Instituto Mexicano del Seguro Social, sobre las celebraciones históricas que se tendrán este año (en total 15), las cierran el 30 de septiembre. Entre ellas no se encuentra el que se festejara el Bicentenario del “Abrazo de Acatempan”; pero sí el del Plan de Iguala. En este calendario de festejos, igualmente está ausente el del 20 de noviembre, que es el día que se conmemora el inicio de la Revolución Mexicana. ¿Omisión, o será que no se va a celebrar, siendo un hecho trascendental? Creo que, sin desmerecer a ninguno de los enunciados, el del 20 de noviembre es, sin lugar a dudas, de mayor estatura que algunos de los que aparecen en el listado. ¿Ya no es importante recordar y celebrar esta gesta de envergadura nacional, con la cual empezó la tercera transformación de México? Es pregunta eh. Las presentaciones de ambos servidores públicos están contempladas en el espacio de noticias denominado UNO TV.com www.unotv.com. Ambas las reprodujo el miércoles 24 de febrero de 2021. La de Marcelo Ebrard Casaubon fue el 5 de febrero de 2021, en la que dio a conocer las fechas de los hechos más significativos de nuestra historia que se recordarán. También la de Zoé Robledo es del 5 de febrero, cuya intervención matutina tuvo el mismo fin de enlistar las fechas a recordar.

Asimismo, cabe subrayar, que con excepción del aniversario luctuoso de Guerrero y el del natalicio de Morelos, no se festejarán los demás héroes nacionales, pues no aparecen en el calendario, aunque sí el luctuoso centenario de nuestro poeta Ramón López Velarde y el del nacimiento de Simón Bolívar el 24 de julio; es decir, la de un personaje no mexicano. Sin dejar de reconocer la estatura de Bolívar por el amplio trabajo libertario que llevó a cabo, ¿acaso lo de Bolívar es un mensaje subliminal?  El aniversario de la Constitución tampoco se menciona, pero suponemos que se dió por hecho, toda vez que se celebró más tarde, del día que dieron a conocer el listado de efemérides.

[11]. – Tengo entendido que los restos de Vicente Guerrero se encuentran resguardados en el “Panteón de San Fernando” y que los de Agustín de Iturbide están depositados en la “Catedral Metropolitana de la Ciudad de México”.

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