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Carlos Urdiales

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Bancarrota, crisis, situación, fracaso…

Una cosa es lo que se dice, otra lo que se quiere decir y otra, la que debió decirse. El espíritu de lo expresado debería coincidir con la palabra proferida; debería.

El Presidente electo refrenda compromisos en su gira de agradecimiento. No se retracta de lo prometido, sólo precisa que el país está en bancarrota.

Obvio, semejante afirmación trajo correcciones. Bancarrota define una situación en la que México técnicamente no está. Bancarrota no es un término adecuado ni conveniente, señal inquietante viniendo de quien viene. Cercanos al Presidente electo cerraron filas; Ricardo Monreal expande: México está en bancarrota moral, ética y económica por la corrupción, la impunidad y el bajo crecimiento económico.

La relatividad se apodera del ecosistema político nacional. ¿Atendemos a aquello que se dijo o a lo que se quiso decir?

Desde La Paz, el Presidente electo refrendó su dicho y fue al fondo del asunto, que en realidad es otro. No hay bancarrota, hay crisis, deuda, rezago, miseria. Es decir, nada nuevo en el firmamento. López Obrador afirma que la política neoliberal, rectora de la vida nacional los últimos 30 años, ha fracasado, riqueza para unos cuantos, miseria para millones.

El mandatario electo no quiere que los beneficiarios de ese periodo, que él va a cambiar a partir del 1 de diciembre, pidan perdón, pero sí que por lo menos sean autocríticos y lo reconozcan.

López Obrador va a cumplir todos los compromisos de honestidad y austeridad, sólo aclara (acaso para él mismo) que la pista de la cual despegará la cuarta transformación está dispareja y corta, recursos escasos; por lo mismo, llegar a las alturas prometidas no será sencillo. Bien dijo Peña Nieto.

Al Presidente electo molestó que muchos dijeran que se estaba poniendo el parche antes de la herida, que preparaba el terreno para estrellar promesas y expectativas. Conciliador afirmó, si tanto disgustó el término “bancarrota”, pues disculpen. Repite, amor y paz.

Lo que desconcierta es que apenas hace tres semanas el mismo Presidente electo dijo que recibía un país sin crisis política o financiera. Lo dijo. Al menos que no quisiera decir exactamente eso. Asunto de contextos, circunstancias y ganas de entender.

Sobre esa misma relatividad en las palabras presidenciales gira el asunto de la corrupción expuesta por medios y organizaciones, como Mexicanos contra la Corrupción, a lo cual López Obrador se refirió como puro circo, y respecto a los presuntos responsables, como chivos expiatorios.

Denuncias documentales como la Estafa Maestra parecen no merecerle mayor interés al próximo Presidente; minimiza u omite el papel de varios medios y ONG (fifís) en denunciar actos de corrupción.

Igual y tampoco quiso desdeñar parejo; quizá habrá algunos que sí estime y otros que no. Será cosa de comprender el espíritu, no sólo las palabras, que ésas, se las lleva el tiempo.


Este artículo fue publicado en La Razón el 20 de septiembre de 2018, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

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