Cinque Terre

María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Australia y el coronavirus

Australia es un remoto país del Pacifico Sur con un extenso territorio escasamente poblado. En el momento de escribir estas líneas, el país tiene poco más de 21 mil casos confirmados de SARSCoV2, agente causal del COVID-19 y 313 defunciones. A pesar de la baja tasa de letalidad de la enfermedad, en fechas recientes se han confirmado nuevos casos, en particular en Melbourne, la segunda ciudad en importancia del país.

Australia tiene una población de 25 642 700 habitantes. Con un producto interno bruto (PIB) de 1 423 billones (trillions) de dólares, es la 19ª economía a nivel mundial y posee un ingreso per cápita de 54 799 dólares -medidos ambos en términos del poder adquisitivo. Australia ocupa la 6ª posición en los índices de desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) con un desarrollo muy alto. Figura en el 16° lugar -en un listado de 141 países- en el índice de competitividad global del Foro Económico Mundial correspondiente a 2020.[1] En el índice de libertad económica de la Fundación Heritage, Australia se encuentra en la 4ª posición.[2] En el índice de percepción de corrupción de Transparency International, Australia se ubicó en el 12° lugar entre 198 países en 2019.[3] En el índice de paz global de 2020, la remota nación está en el 13° lugar en un listado de 163 países.[4]

Un poco de historia

Cuando en 1964 Donald Horne publicó su célebre The lucky country (El país afortunado), puso en manos de los lectores australianos (o bien los aussies) una serie de planteamientos que eran (y son) del dominio público, pero de los que pocos se atrevían (y atreven) a hablar. El título de la obra, ironiza en torno a la percepción que se tiene de que Australia es un país muy afortunado, sin mayores contradicciones en el interior, y que disfruta de una posición geográfica privilegiada, alejado de las ambiciones geopolíticas y geoeconómicas de las grandes potencias.

Horne, en un estilo ácido que contribuyó a hacer de esta obra un bestseller asegura que “Australia es un país afortunado dirigido por personas de segunda que comparten su suerte. Vive de las ideas de otras personas, y aunque sus habitantes ordinarios son adaptables, la mayoría de sus líderes (en todos los campos) carecen de la curiosidad sobre los acontecimientos que los rodean y que a menudo los toman por sorpresa. Una nación más preocupada con estilos de vida que con los logros ha sido capaz de forjar lo que podría considerarse la sociedad más próspera en el mundo. Esto lo ha hecho en un ambiente social carente de originalidad y del deseo por la excelencia (salvo en las actividades deportivas). De acuerdo con las reglas, Australia no ha merecido la fortuna que ha tenido.”[5]

 

Ese aparente sentimiento de inferioridad de los australianos ha sido acotado por numerosos estudiosos del país, quienes refieren la tendencia de los aussies a considerar que lo que provenga del exterior (sea británico, francés, estadunidense) es, por definición, mejor que lo Made in Australia. Horne apunta como dos grandes desafíos para la gigantesca isla austral, las presiones de Asia y el cambio tecnológico. Cuando Horne publicó por primera vez esta obra, corría el año de 1964, en el que el mundo era muy distinto del actual. Con todo, los acontecimientos en Asia se han tornado crecientemente importantes para Australia, que debe lidiar con la primacía geoeconómica de la República Popular China (RP China) en la región, más los desequilibrios en la vecina y convulsa Indonesia[6], por citar sólo dos casos de países asiáticos que atraen considerablemente la atención de los australianos. Por otro lado, también Australia ha debido efectuar reformas económicas profundas, motivadas, entre otras razones, por el cambio tecnológico y la necesidad de adecuar el funcionamiento de sus sectores económicos a las condiciones de productividad, competitividad y eficiencia que exige el mercado internacional. Otrora una nación esencialmente agropecuaria, hoy tiene a los servicios como responsables del 62. 7 por ciento del producto interno bruto (PIB), el sector de la construcción del 7. 4 por ciento; la minería del 5. 8 por ciento; el sector manufacturero del 5. 8 por ciento; y la agricultura del 2. 8 por ciento.[7]

Algo que llama la atención de la reflexión de Horne, sin embargo, es que la parte correspondiente a la historia de la colonización de Australia, no recibe atención. El hecho de que Australia fue convertida por la corona británica en una colonia penitenciaria, y que a partir de esa realidad fue fundado el país en su etapa “occidental”, es pasado por alto en las reflexiones de Horne. Afortunadamente otros autores, preocupados por esas frecuentes omisiones –atribuidas a distintos factores- se han dado a la tarea de documentar esa parte de la historia.

Así, como complemento al bestseller The Lucky Country, el estudioso de Australia deberá revisar, sin falta, el análisis, también clásico, de Geoffrey Blainey, The Tyranny of Distance. How Distance Shaped Australia’s History (La tiranía de la distancia. Cómo la distancia permeó la historia de Australia). Publicado por primera vez en 1966, y reimpreso en innumerables ocasiones, el trabajo de Blainey es mucho más académico que el de Horne con todo y que ambos autores han pasado parte de sus vidas trabajando en universidades. Mientras que para Horne, lo más importante es ironizar en torno a lo que Australia tiene y no aprecia, y aquello que podría tener pero no lucha por conseguir; Blainey tiene una obsesión: explicar por qué, existiendo otras opciones, los británicos decidieron crear un sistema penitenciario en un lugar tan remoto como Australia.[8] Para Blainey, sobre decirlo –a juzgar por el título del libro de referencia-, la distancia ha delineado la historia de Australia de manera determinante, y ese debe ser un elemento explicativo a ponderar cada vez que se estudie a ese país.

Terra australis incognita

Hace aproximadamente unos 50 000 años, los primeros asentamientos humanos llegaron a la terra australis incognita (latinismo para referirse a la desconocida tierra del sur que posteriormente sería denominada Australia[9]) procedentes del sureste de Asia. Todavía en la actualidad los antropólogos debaten si estos pobladores constituyeron un grupo homogéneo o no. Estos grupos denominados aborígenes por los colonizadores europeos hablaban más de 260 lenguas distintas y tenían culturas diversas, si bien todos eran cazadores semi nómadas. La tierra era un bien común y no existía una estratificación social, más que a partir del prestigio ganado a partir de la práctica de ciertos ritos religiosos.

Se calcula que en el momento en que llegaron los europeos existían en Australia alrededor de 300 000 indígenas[10], o bien una persona por cada 10 millas cuadradas. Se estima hasta en 900 el número de tribus al arribo de los británicos, si bien algunas cifras se ubican, en promedio, en 500. A diferencia de los tahitianos y los maoríes, los indígenas australianos iora, por ejemplo, no eran agricultores sedentarios. Dado su nomadismo, tenían y requerían una baja densidad demográfica, de manera que para evitar la carga que representaría tener más de un hijo (el cual debería ser transportado y cuidado por la madre en los lugares a los que los iora se desplazarían) se inducía el aborto en las mujeres, fuera con hiervas, con golpes contra la matriz, o bien, si eso no daba resultado, el niño era asesinado al nacer. Los niños con defectos de nacimiento eran estrangulados o ahogados. Si la madre moría al dar a luz, o mientras alimentaba al bebé en los primeros años, el infante era incinerado con la mujer una vez que el padre le hubiera destrozado la cabeza con una piedra. A pesar de la crueldad de estas acciones, en la lógica de los iora era entendible a fin de garantizar la supervivencia de la comunidad en condiciones hostiles.[11]

En el año de 1606, el navegante español Vaez de Torres exploró el estrecho que hoy lleva su nombre, y que se ubica entre Australia y Papúa Nueva Guinea. En 1609, otro español, Fernández de Quirós, se convirtió en el primer europeo en posar sus ojos sobre el territorio australiano. Empero, la colonización no se produciría sino hasta después del arribo del ahora célebre capitán británico James Cook a finales del siglo XVIII.[12]

En el año de 1788 llegaron a Australia los primeros asentamientos británicos para establecer una colonia penitenciaria. Australia se convertiría, a partir de entonces, en una válvula de escape para las tensiones sociales que se generaban en todo el imperio británico y también con motivo de las consecuencias de la rápida industrialización que experimentaba la metrópoli.

Australia, por tanto, fue una gigantesca cárcel a cielo abierto, el estiercolero británico al que fueron enviados numerosos convictos por robo, desertores de la Marina Real y miembros de grupos irlandeses opositores a Londres. La corona británica definía a todos estos individuos como “la negación humana del Támesis” y se les obligó a cumplir sus sentencias proporcionando mano de obra barata para los europeos libres que poseían tierras.[13]

Una prisión que se encontraba a 20 000 kilómetros de distancia de las cortes que sentenciaban a las personas, era una empresa costosa. De ahí que los historiadores de Australia debatan con tanto ahínco las razones por las que la corona británica se decidió a favor de la enorme isla del Pacífico Sur, lejos de todo y cerca de nada… Con todo “es clásico el malentendido que los primeros inmigrantes eran prisioneros en espera de pena de muerte. Si bien es cierto que eran Prisoners of his Majesty (POM) o prisioneros de su majestad, la mayoría habían sido condenados por crímenes menores, usualmente relacionados a su bajo nivel socio económico. Australia era una promesa, el sueño de un nuevo comienzo. Estaba la promesa de que a su llegada a Australia no sólo se les perdonarían sus penas, sino que emprenderían una nueva vida como terratenientes. Sin embargo, la vida no fue fácil para estos primeros inmigrantes que tuvieron que soportar condiciones durísimas a su llegada a las antípodas.”[14]

 

Geoffrey Blainey naturalmente analiza este tema dado que le permite defender la tesis de que la comprensión de la Australia de hoy no es posible si no se hace una evaluación de la tiranía de la distancia. La distancia puede ser un valor estratégico, pero también una vulnerabilidad. En determinadas circunstancias puede generar una sensación de protección, dado que lo remoto del lugar no haría tan fácil, ni siquiera a los más ambiciosos, aventurarse a una conquista. En otro sentido, puede evitar una interlocución con el resto del mundo, y confinar al territorio a un aislamiento con consecuencias muy desfavorables.

Blainey, al igual que los autores compilados por Ged Martin en su The founding of Australia. The argument about Australia’s origins (La fundación de Australia. El argumento en torno a los orígenes de Australia) buscan más allá de la noción Benthiana de que la mejor manera de quitarse un problema de encima es “expulsándolo”, y prueban otros razonamientos de carácter económico, militar, político y naturalmente estratégico. Blainey tiene la virtud, respecto a otros autores, de buscar una explicación multidimensional, esto es, en la que confluyen numerosos factores, e inicia descartando los lugares que habrían podido rivalizar con Australia para el establecimiento de la colonia penitenciaria. En ese sentido acota que “en el siglo XVIII, la práctica británica de transportar a muchos de sus convictos se basaba en la idea de que deberían ser sirvientes útiles, más que parias del Estado contra el que habían pecado. La transportación no sólo era una manera de castigarlos sino también constituía una importante política económica. Luego de que las colonias de América del Norte se rebelaron, la Gran Bretaña literalmente entregó sus convictos a contratistas quienes, a su vez los embarcaban a Maryland, Georgia, y a otras colonias del sur, donde los vendían a los dueños de las plantaciones para obtener una ganancia. Así, Gran Bretaña se beneficiaba de la emigración de los criminales. No tenía que pagar por su deportación. No tenía que alimentarlos, ni vestirlos, ni cuidarlos mientras durara su condena, y su fuerza de trabajo fortalecía a la economía colonial.[15]

Ciertamente “… Inglaterra necesitaba una nueva base naval y un puerto de reabastecimiento a fin de fortalecer su imperio comercial en Oriente. Botany Bay[16] (…) debería ser esa base marítima. Sería un puerto de embarque y abastecimiento para los barcos respecto a cuatro tipos de actividad comercial. Uno de ellos era el comercio de té con China, fuente vital del comercio y el confort británico (…) Alrededor de la misma ruta podrían llegar los barcos británicos con destino a las costas del noroeste del continente americano donde el comercio marítimo de pieles de nutria estaba floreciendo (…) Botany Bay también podría convertirse en una base de operaciones para los barcos balleneros (…) Finalmente, Botany Bay sería el lugar ideal para que los barcos británicos emergieran discretamente para traficar y sabotear el rico comercio español que vinculaba a las Filipinas con México y Sudamérica.”[17]

A juzgar por los intereses de otras potencias, más valía que Gran Bretaña se apresurara a asentar su dominio en Australia, toda vez que los franceses estaban muy interesados en la zona. Por ejemplo, 40 años antes de que desembarcaran los británicos con el primer grupo de convictos, los franceses ya habían concretado cuatro expediciones en el Pacífico Sur. Hombres como Jean-Francois de la Pérouse, Bruni de Entrecasteaux, y Nicolas Baudin tuvieron la osadía de rebautizar varias partes de los territorios que ya habían sido reclamados por la corona británica, y los Golfos de Spencer y St. Vincent fueron llamados Golfe Bonaparte y Golfe Josefine. Lo que es más, una expedición francesa en 1814 exploraría otra parte de Australia a la que llamaría Térre Napoléon. Todo apuntaba a que, de no haber vencido Gran Bretaña en las guerras napoleónicas, Australia tendría un paralelismo con Canadá: su propio Québec. Hay que decir también que los holandeses desarrollaban esfuerzos análogos por allegarse territorios en la región, lo cual hace todavía más relevante el hecho de que el continente entero quedó en manos de los británicos.[18]

 

La terra nullius y el problema aborigen

Desde su arribo a Australia, los ingleses se apropiaron de las mejores tierras y las arrebataron por diversos medios a los aborígenes, quienes se convertían en mano de obra barata al servicio de los colonizadores. La colonización primero se produjo en las zonas costeras, por las propias necesidades de navegación y abastecimiento de los británicos. Pero el dominio del interior del territorio australiano se inició a continuación y se caracterizó por el desconocimiento de los derechos de propiedad de las comunidades indígenas ahí asentadas. De hecho, los británicos acuñaron el infame concepto de la terra nullius (o bien tierra deshabitada) como si los aborígenes no existieran.[19]

En cierto sentido, el baño de sangre contra los indígenas era inevitable, dado que las mejores tierras indígenas eran justamente las mejores para que los recién llegados llevaran a cabo actividades agrícolas. La tala de árboles y la eliminación de piedras, significaba trastornar lugares considerados como sagrados para los indígenas. La caza de canguros y de emús para consumir su carne, significaba quitar a los indígenas su carne. No hay que perder de vista que mientras que los ingleses disponían de la comida indígena en las cantidades que lo desearan, a los indígenas no se les permitía matar ni al ganado ni a las ovejas de los colonizadores. La lucha por la tierra se transformó en el centro de la disputa entre las dos culturas.[20]

Los pueblos indígenas se identifican a sí mismos como los “primeros pobladores” a quienes pertenece una sociedad tradicional gobernada por leyes antiguas y una relación con la tierra que no tiene similitud con la cultura que sirve de apoyo a las comunidades no indígenas. Los pueblos indígenas e isleños del Estrecho de Torres poseen sus propios códigos normativos y antes de que llegaran los ingleses no existía un sistema administrativo en el sentido europeo, ni ninguna institución que se pareciera a las imperantes en Occidente. Buena parte de los valores filosóficos de las comunidades indígenas australianas pueden encontrarse en las investigaciones antropológicas efectuadas al día de hoy, así como en los trabajos de connotados historiadores e investigadores como Henry Reynolds.[21]

El conocimiento que los indígenas tenían sobre su país fue una ayuda invaluable para los colonizadores a la hora en que debieron subsistir en el enorme continente. Una vez que los colonizadores aseguraron sus asentamientos, modificaron las leyes británicas para satisfacer sus necesidades económicas particulares. En ese sentido, los colonizadores eligieron en las zonas costeras, las tierras más fértiles, y aplicaron la normatividad en materia de herencia y manejo de su patrimonio con el desarrollo de infraestructura que les permitió asegurar derechos de propiedad. Los indígenas fueron desprovistos de sus tierras y para el momento en que se iniciaba el siglo XX, las seis colonias habían llegado al acuerdo de crear una federación, y con el nacimiento de la Commonwealth of Australia, todas las tierras, independientemente de si se regían a partir de legislaciones particulares o si se encontraban en arriendo o administración, pasaron a ser jurisdicción de la corona.[22]

Así, los indígenas fueron empujados al centro del país, donde las tierras son áridas, desérticas y las condiciones de vida son difíciles. También, las autoridades aplicaron políticas de asimilación que consistían en sustraer a los niños indígenas de sus hogares para llevarlos a vivir y “educar” con familias u órdenes religiosas de blancos, para que “aspiraran a convertirse en personas.” En ese contexto fueron víctima de toda clase de abusos físicos y psicológicos y esta práctica se siguió desarrollando hasta la década de los 70 del siglo pasado.

No sería sino hasta 2008, cuando, tras muchas presiones de la sociedad, el gobierno de Australia presidido por el laborista Kevin Rudd, pidió perdón por los abusos perpetrados contra las comunidades indígenas. “La declaración de perdón es una medida de contenido simbólico encaminada a romper definitivamente con las políticas de antiguas administraciones y a intentar una unión entre blancos y aborígenes de cara a los retos del futuro. La disculpa se refiere en particular a la llamada generación robada, los hijos de aborígenes que fueron criados por familias blancas tras ser arrebatados a sus padres. Entre 1915 y 1969, miles de niños aborígenes fueron sacados de sus hogares y entregados a familias blancas o instituciones. El objetivo era fomentar la integración entre los aborígenes y las comunidades blancas.”[23]

Esta disculpa, la cual difícilmente puede reparar el daño causado es, de todos modos, importante, sobre todo porque permite visibilizar la problemática de las comunidades indígenas del país, mismas que enfrentan rezagos de índole económico, educativo y de calidad de vida. Un hecho significativo se produjo en 2019 cuando el Tribunal Supremo del país sentenció que el Territorio del Norte debía compensar con 2. 53 millones de dólares australianos a las comunidades indígenas Ngaliwurru y Nungali por la pérdida del título nativo de propiedad en la ciudad de Timber Creek.[24]

Gráfico 1

Fuente: Naciones Unidas.

 

Situación demográfica y epidemiológica

Australia cuenta con una población de 25 642 700 habitantes en un territorio de 7 692 024 kilómetros cuadrados, por lo que la densidad demográfica es de 3. 3 habitantes por kilómetro cuadrado. La población se asienta especialmente en las zonas costeras, siendo Sídney la urbe más importante, con 5 612 163 habitantes, seguida de Melbourne con 5 978 193 personas, y en tercer y cuarto lugares figuran Brisbane y Perth, ésta última en la costa occidental, con 2 514 184 y 2 085 973 habitantes, respectivamente.

Gráfico 2

 

Fuente: Banco Mundial.

 

Las comunidades indígenas que hacia 1788 -momento de la colonización de Australia- pudieron haber ascendido a millón y medio de personas, hoy son unas 745 mil personas, o bien, el 3. 3 por ciento de la población total del país.[25]

 

El 60. 2 por ciento del crecimiento anual de la población obedece a la inmigración, en tanto el incremento natural es de 39. 8 por ciento.[26] La tasa de fertilidad en 2018 es de 1. 74 hijos por mujer. Como se puede observar en el gráfico 1, la pirámide demográfica es estrecha en la base y se ensancha en los rangos de edad de 30 a 34 y 35 a 39 años.

Las comunidades indígenas que alguna vez habitaron en todo el territorio, hoy viven mayoritariamente fuera de las grandes ciudades del país, a razón de un 62 por ciento. 12 por ciento de las comunidades indígenas y de los isleños del Estrecho de Torres viven en áreas consideradas como muy remotas.[27]

 

Gráfico 3

Fuente: Banco Mundial.

 

La esperanza de vida en Australia es de las más altas del mundo, habiendo pasado de 70. 81 años en 1960 a 82. 74 años en 2018. Una mujer nacida en Australia tiene la posibilidad de vivir 84. 9 años, en tanto un hombre 80. 7 años. Para las comunidades indígenas, la esperanza de vida promedio es 8. 6 años y de 7. 6 años, para hombres y mujeres respectivamente, inferior respecto a las de los no indígenas. Una mujer indígena tiene una esperanza de vida de 75. 6 años, en tanto un hombre indígena de 71. 6.[28] Asimismo la tasa de mortalidad es 1. 7 veces mayor para los indígenas que para los no indígenas.[29]

Gráfico 4

Fuente: Australian Institute of health and Welfare.

 

En el gráfico 4 se muestran las cinco principales causas de defunción en el país, estando en primer lugar las enfermedades del corazón, más letales en hombres que en mujeres; la demencia, incluyendo la enfermedad de Alzheimer que para las mujeres duplica el número de defunciones respecto a los hombres; las enfermedades cerebrovasculares, que impactan un poco más en mujeres; el cáncer pulmonar, un problema más severo en hombres; y por último, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, con cifras muy similares para hombres y mujeres.

En el caso de las comunidades indígenas y de los isleños del Estrecho de Torres, las enfermedades crónico-degenerativas no transmisibles que los aquejan ocurren en proporciones más altas que para los no indígenas. La diabetes mellitus es un factor de riesgo responsable de 12 veces más muertes entre los indígenas que entre quienes no lo son.[30]

El suicidio es un serio problema de salud pública. Diariamente, seis hombres y dos mujeres deciden quitarse la vida en el país. Se estima que, en la siguiente década, la cantidad de suicidios crecerá en un 40 por ciento en el país.[31] De hecho, en la actualidad Australia tiene la tasa de suicidios más alta en una década, en una proporción de 12. 6 personas que se quitan la vida por cada 100 mil habitantes. ¿Qué provoca los suicidios? Se especula que el alto endeudamiento de las personas -por adquirir créditos, por ejemplo, hipotecarios u otros- explica la angustia que lleva a muchos a terminar con sus vidas dado que temen perder los empleos y no poder cubrir sus compromisos financieros. El acoso cibernético también es mencionado como razón.[32]

De nuevo, en las comunidades indígenas y los isleños del Estrecho de Torres, la problemática es más grave. El suicidio se acentúa en adolescentes indígenas que representan el 30 por ciento de todos los suicidios del país. La falta de perspectivas y oportunidades de una mejor calidad de vida son señaladas como la principal frustración.[33]

 

Gráfico 6

Fuente: Statista.

El sistema de salud de Australia

El sistema de salud australiano o Medicare, es administrado por las autoridades federales. Nació en 1984 y mediante él se pueden pagar los costos médicos y ambulatorios, prestaciones hospitalarias, y en algunos casos también tratamientos odontológicos y oftalmológicos.[34] El Medicare es financiado por el Estado, el cual destina el 1. 5 por ciento de los impuestos al programa. Los ciudadanos y residentes tienen acceso al programa el cual permite acceder de manera gratuita a los hospitales públicos y también posibilita apoyos para acceder a servicios de salud privados. También se subsidian los medicamentos y se cubre a los inmigrantes.[35] Los hospitales públicos son administrados por el Estado, en tanto la mayor parte de los servicios hospitalarios son proporcionados por el sector privado.[36]

Gráfico 7

Fuente: Banco Mundial.

 

Australia destina el 10 por ciento del PIB en salud (datos para 2018), lo cual denota un aumento respecto a 2008, cuando se canalizaba el 8. 8 por ciento del PIB.[37] En términos del gasto en salud per cápita, el país eroga 5 331. 81 dólares estadunidenses (datos para 2017), cifra que denota un incremento sustancial respecto al año 2000, cuando se destinaban 1 632. 42 dólares.

El gasto de bolsillo como porcentaje del gasto total en salud ha declinado desde el año 2000, cuando representaba el 20. 99 por ciento, mientras que para 2017 era del 18. 15 por ciento.[38] Es importante destacar que, pese a lo que la cifra podría sugerir, los gastos de bolsillo son significativos trátese de visitas a especialistas, acceso a servicios de patología, radiología, odontológicos, implementos médicos, medicamentos, y costos asociados a la accesibilidad de los servicios médicos, por ejemplo, gastos de viaje y alojamiento en los lugares a donde los pacientes deben acudir o trasladarse cuando requieren tratamientos más especializados a los que no pueden acceder en sus lugares de origen.[39]

 

Gráfico 8

Fuente: Banco Mundial.

En aras de mejorar el acceso a los servicios de salud para las comunidades indígenas, las autoridades gubernamentales gastan 57 centavos por cada indígena frente a 53 centavos destinados a no indígenas, lo cual denota un esfuerzo por reducir la brecha entre unos y otros sectores de la población, si bien la calidad de vida para los primeros es tres veces más deficiente que para los no indígenas. Asimismo, “la mitad de la población indígena morirá antes de cumplir 50 años de edad, y (…) las principales causas de muerte (serán) las enfermedades respiratorias y circulatorias, diabetes, cáncer y heridas.”[40]

Al igual que en otros países, el acceso a los servicios de salud es menos equitativo en las zonas rurales. Si bien el 86 por ciento de la población australiana habita en zonas urbanas, el restante 14 por ciento se asienta en zonas rurales con la consecuente dificultad para acceder a servicios médicos. Es paradójico saber que Australia cuenta con suficientes estudiantes de medicina pero que la distribución en el país es altamente desigual.[41] La disponibilidad de médicos por cada 1 000 habitantes se triplicó entre 1961 y 2017, al pasar de 1. 1 a 3. 67. También ha crecido el personal de enfermería por cada 1 000 habitantes, siendo de 10. 36 en 1996 y, en 2017, de 12. 55.

Gráfico 9

Fuente: Banco Mundial.

Australia cuenta con 11 galardonados con premios Nobel, de los que siete corresponden a fisiología y medicina, dos a física, 1 a química y 1 a literatura. Entre los premiados figuran personajes como Howard Walter Florey, quien desarrolló investigaciones en torno al hongo de la penicilina descubierto por Alexander Fleming y fue galardonado con el Premio Nobel en fisiología y medicina en 1945 por sus aportaciones. Frank Macfarlane Burnet recibió el codiciado premio, por el análisis sobre la tolerancia de tejidos trasplantados. El neurofisiólogo fue premiado en la misma área en 1963. Otros personajes ilustres a quienes se les ha distinguido con el Premio Nobel en el ramo de fisiología y medicina incluyen a John Carew Eccles, Peter Doherty, Robin Warren, Barry Marshall, Elizabeth Blackburn y Brian Schmidt.

 

Gráfico 10

Fuente: Banco Mundial.

 

La investigación científica y tecnológica es financiada por el Estado especialmente en áreas consideradas como estratégicas, entre ellas salud e investigación médica, ciencias marinas, cambio climático, agricultura, energía, recursos y defensa nacional. La Organización de Investigación Industrial y Científica de la Commonwealth (CSIRO) es una de las instituciones de investigación más grandes del mundo en que la mitad de su presupuesto es aportada directamente por las autoridades. El Consejo Nacional de Investigación Médica y Salud (NHMRC) y el Consejo Australiano de Investigación (ARC) constituyen las dos agencias más relevantes responsables de administrar los recursos a nombre del gobierno.[42] Asimismo, la investigación médica y de salud es apoyada no sólo por el gobierno de la Commonwealth, sino también por los gobiernos estatales, institutos y empresas de investigación médica y la filantropía. Los australianos pueden contribuir directamente al sector médico, sea a través de donativos voluntarios o como participantes en pruebas para ensayar terapias, medicamentos y/o tratamientos para diversos padecimientos. Australia destina aproximadamente 6 mil millones de dólares a la investigación médica.[43]

Australia y el coronavirus

El 25 de enero se confirmó el primer caso de SARSCoV2 correspondiente a un ciudadano chino procedente de Wuhan, República Popular China (RP China), quien llegó al país el 19 de enero y recibió tratamiento en la ciudad de Melbourne. El mismo día, otras tres personas, también procedentes de Wuhan, fueron confirmadas como casos en Sídney. A medida que se produjeron más contagios, Australia tomó la decisión de cerrar por completo las fronteras a todos los extranjeros el 20 de marzo. Esta acción fue concertada también con las autoridades de Nueva Zelanda, de manera que los primeros ministros, el australiano Scott Morrison y la neozelandesa Jacinda Ardern, establecieron canales de comunicación para aplicar las medidas y también para compartir información sobre la evolución de la pandemia en sus territorios y en la región.[44]

La lejanía geográfica y la baja densidad demográfica han sido factores que han posibilitado la contención de la pandemia en ambos países. Sin embargo, mientras que Nueva Zelanda ha presentado pocos casos confirmados -1 569- y escasas defunciones -22 al 10 de agosto- en Australia se ha presenciado un resurgimiento con 21 397 casos confirmados, aunque con pocas defunciones -313- para una tasa de letalidad de las más bajas del mundo, 1. 46.

Gráfico 11

Fuente: Statista.

A pesar del resurgimiento de casos confirmados, en especial en Melbourne, segunda ciudad en importancia del país, se puede afirmar que las autoridades han desarrollado un trabajo de contención basado en inteligencia epidemiológica, como se puede corroborar con las cifras de pruebas efectuadas para confirmar -o descartar- casos de COVID-19. Así, al 8 de agosto de 2020, el país había conducido 4 918 546 pruebas, de las que 0. 4 por ciento, en promedio, resultaron positivas. Esto significa que Australia tiene una tasa de pruebas realizadas que equivale a la quinta parte de su población total, lo cual denota un trabajo impresionante de parte de las autoridades de salud del austral país.[45]

Gráfico 12

Fuente: Government of Australia-Department of Health.

Con todo, el resurgimiento de casos en Melbourne revela una problemática más compleja respecto a la percepción de incertidumbre económica que se está acentuando en la población. Se ha argumentado que lo que está pasando en Melbourne es porque muchas personas no están acatando la cuarentena y también se atribuye al flujo de viajeros internacionales. Sin embargo, se tiene identificado que muchas personas se han contagiado porque no pueden trabajar desde sus hogares.[46]

Melbourne, que se localiza en el estado de Victoria, ha vivido un confinamiento estricto a cargo de la policía. Ante lo que se percibe como un rebrote, el confinamiento estricto se volvió a aplicar por seis semanas a partir del 8 de julio.[47]

No se puede soslayar lo preocupante del efecto psicológico provocado por la pandemia en la población. Los expertos consideran que la tasa de suicidios se podría disparar, al menos, en un 25 por ciento, de cara al desempleo, la incertidumbre económica y el estrés que genera el confinamiento. En una sociedad donde el suicidio es un problema importante de salud pública, algunos señalan que las autoridades deberían mirar más allá de la coyuntura y de las medidas para mitigar la pandemia, toda vez que será necesario dar un enorme apoyo psicológico a miles de personas en esta crisis.[48]

[1] Klaus Schwab (2020), World Competitiveness Report 2020, Geneva, World Economic Forum, p. xiii, disponible en http://www3.weforum.org/docs/WEF_TheGlobalCompetitivenessReport2019.pdf

[2] The Heritage Foundation (2020), 2020 Index of Economic Freedom, Washington D. C. The Heritage Foundation, disponible en https://www.heritage.org/index/country/australia

[3] Transparency International (2019), Corruption perception Index 2017, Berlin, Transparency International, disponible en https://www.transparency.org/en/cpi/2019/results/australia

[4] Institute for Economics and Peace (2020), Global Peace Index 2020. Measuring Peace in a Complex World, Sydney, Institute for Economics and Peace, disponible en http://visionofhumanity.org/indexes/global-peace-index/

[5] Donald Horne (1998), The Lucky Country, Victoria, Penguin Books, p. 233.

[6]  Las relaciones entre Australia e Indonesia serán analizadas en el tercer capítulo.

[7] World Bank Group (2020), Australia. Economy profile. Doing Business 2020, Washington D. C, World Bank Group, disponible en https://www.worldbank.org/content/dam/doingBusiness/country/a/australia/AUS.pdf

[8] Geoffrey Blainey (1996), The Tyranny of Distance. How Distance Shaped Australia’s History, Sydney, Sun Books.

[9] El nombre Australia, versión en inglés del latinismo ya citado, fue usado por primera vez para referirse a la totalidad del continente, por el navegante Matthew Flinders en 1805.

[10] Hay discrepancias en torno a estos datos. Por ejemplo, Christine Fletcher señala que en la actualidad existen en Australia alrededor de 280 000 indígenas, pero que antes del arribo de los primeros asentamientos británicos se calculaba entre 500 000 y 1 000 000 de indígenas la población nativa. Se tienen evidencias arqueológicas acerca de la presencia de indígenas en Australia desde hace 70 000 y quizá hasta 175 000 años antes de que se tuviera contacto con los europeos. Véase Christine Fletcher (1999), “Living Together but not Neighbors. Cultural Imperialism in Australia”, en Paul Havemann (editor), Indigenous Peoples’ Rights in Australia, Canada and New Zealand, Auckland, Oxford University Press.

[11] Robert Hughes (1988), The Fatal Shore: The Epic of Australia’s Founding, New York, Vintage, p. 17.

[12] Ibid,

[13] Ibid.

[14] Nicolás Oddone (julio 2010), Sistema de salud en Australia, Médicos Uruguayos por el Mundo, disponible en https://www.smu.org.uy/publicaciones/noticias/noticias157/art3.pdf

[15] Geoffrey Blainey (1994), A shorter history of Australia, Sydney, Random House Australia, p. 20.

[16] Hoy Sydney.

[17] Geoffrey Blainey, Op. cit., pp. 25-26.

[18] John Chambers (2018), New Zealand and the South Pacific Islands, Auckland, Interlink Pub Group. Pp. 51-52.

[19] Jonathan Bordo (1997), “The terra nullius of wilderness. Colonialist landscape art (Canada and Australia) and the so-called claim to American exception”, en International Journal of Canadian Studies, pp. 5-12, disponible en https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2408631

[20] John Chambers, Op. cit., p. 57.

[21] De Reynolds son recomendables su Why Weren’t We Told?, publicado en 1999 por Penguin Books y también Frontier. Reports from the Edge of White Settlement, publicado en 1987 por Allen & Unwin.

[22] George Fletcher Moore (2012), Diary of Ten Years Eventful Life of an Early Settler in Western Australia: And Also a Descriptive Vocabulary of the Language of the Aborigines, Sydney, Ulan Press, p. 338.

 [23] El País (11 de febrero 2008), “Australia pide perdón a los aborígenes”, disponible en https://elpais.com/internacional/2008/02/12/actualidad/1202770806_850215.html

[24] IGWIA (25 de mayo 2020), El mundo indígena 2020: Australia, disponible en https://www.iwgia.org/es/australia/3762-mi-2020-australia.html

[25] IGWIA (25 de mayo 2020), El mundo indígena 2020: Australia, disponible en https://www.iwgia.org/es/australia/3762-mi-2020-australia.html

[26] Australian Bureau of Statistics (December 2019), Australian Demographic Statistics, Canberra, disponible en https://www.abs.gov.au/ausstats/[email protected]/Latestproducts/3101.0Main%20Features2Dec%202019?opendocument&tabname=Summary&prodno=3101.0&issue=Dec%202019&num=&view=

[27] IGWIA, Ibid.

[28] Australian Institute of Health and Welfare (7 August 2020), Deaths in Australia, disponible en https://www.aihw.gov.au/reports/life-expectancy-death/deaths/contents/life-expectancy

[29] En Australia es más probable que un indígena vaya a la cárcel que una persona no indígena. Hacia 2019 la tasa de indígenas en prisión por 100 mil habitantes era 13 veces superior respecto a las personas no indígenas. Véase IGWIA, Ibid.

[30] IGWIA, Ibid.

[31] Silvia Rosas (11/09/2019), “Aumentará un 40% el número de suicidios en Australia en la próxima década”, en SBS Español, disponible en https://www.sbs.com.au/language/spanish/aumentara-un-40-el-numero-de-suicidios-en-australia-en-la-proxima-decada

[32] Marcia de los Santos, Rosemary Bolger (14/11/2018), “¿Por qué subió la tasa de suicidios en Australia?”, en SBS Español, disponible en https://www.sbs.com.au/language/spanish/por-que-subio-la-tasa-de-suicidios-en-australia

[33] Adélie Pojzman-Pontay (20 de marzo 2016), “Australia: crisis humanitaria por la ola de suicidios de aborígenes”, en Diario UChile Internacional, disponible en https://radio.uchile.cl/2016/03/20/australia-ola-de-suicidios-aborigenes-son-una-crisis-humanitaria/

[34] Expatclick (s/f), El sistema de salud australiano, disponible en https://www.expatclic.com/el-sistema-sanitario-australiano/?lang=es

[35] Biblioteca del Congreso Nacional de Chile (21 diciembre 2012), Medicare: el reputado sistema de salud australiano, Santiago, Gobierno de Chile, disponible en https://www.bcn.cl/observatorio/asiapacifico/noticias/sistema-de-asistencia-medica-de-australia-medicare

[36] Emily J. Callander, Haylee Fox y Daniel Lindsay (11 March 2019), “Out-of-pocket healthcare expenditure in Australia: trends, inequalities and the impact on household living standards in a high-income country with a universal health care system”, en Health Economic Review, disponible en https://link.springer.com/article/10.1186/s13561-019-0227-9

[37] Australian Government (2019), Australia’s Health Expenditure: an international comparison, Canberra, Australian Institute of Health and Welfare, disponible en https://www.aihw.gov.au/getmedia/ba3f6a4c-3059-4340-b1ca-b4ddd5630e4f/aihw-hwe-75.pdf.aspx?inline=true

[38] Stuart Babbage y Dana Hutchins (s/f), Australia’s out of pocket health care problem, PCW Australia, disponible en https://www.pwc.com.au/health/health-matters/out-of-pocket-healthcare.html

[39] Ibid.

[40] IPS (5 de diciembre de 2000), Salud de Australia: discriminación de aborígenes tiene alto costo, disponible en http://www.ipsnoticias.net/2000/12/salud-australia-discriminacion-de-aborigenes-tiene-alto-costo/

[41] Marcia de los Santos y Rhiannon Elston (22/02/2019), “Crisis de médicos en zonas regionales de Australia”, en SBS Español, disponible en https://www.sbs.com.au/language/spanish/crisis-de-medicos-en-zonas-regionales-de-australia

[42] Science in Public (s/f), “The Australian Science and Technology System”, disponible en https://stories.scienceinpublic.com.au/usa/the-australian-science-and-technology-system/

[43] Research Australia (s/f), “Australian Health and Medical Research”, disponible en https://researchaustralia.org/health-medical-research/

[44] DW (20 de marzo 2020), “Coronavirus minuto a minuto: Australia y Nueva Zelanda cierran sus puertas a extranjeros”, disponible en https://www.dw.com/es/coronavirus-minuto-a-minuto-australia-y-nueva-zelanda-cierran-sus-fronteras-a-extranjeros/a-52832540

[45] Australian Government (10/8/2020), Total COVID-19 Tests Conducted and Results, Canberra, Department of Health, disponible en https://www.health.gov.au/resources/total-covid-19-tests-conducted-and-results

[46] Frances Mao (31 July 2020), “Coronavirus: why is Melborune seeing more cases?”, en BBCNews, disponible en https://www.bbc.com/news/world-australia-53604751

[47] BBC News (July 8, 2020), “Coronavirus: the tenants enduring Australia’s toughest lockdown”, disponible en https://www.bbc.com/news/world-australia-53316097

[48] Shannon Molloy (July 25, 2020), “The silent death toll of COVID-19 revealed: huge 25 percent jump in suicides each year”, en News, disponible en https://www.news.com.au/lifestyle/health/health-problems/the-silent-death-toll-of-covid19-revealed-huge-25-per-cent-jump-in-suicides-each-year/news-story/b4154626a16c9cc25c3b79b7880041ef

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