Cinque Terre

Javier Solórzano

¿Así nos vamos a ir todo el sexenio?

Por menos trascendente que pudiera ser un comentario sobre el gobierno todo tiende a magnificarse.

Si las cosas de por sí se sienten y están confrontadas, el clima político se pone como el ambiente de estos días en Ciudad de México por la contaminación; todo se ve mal, gris, enfermizo y adverso.

Nuestra capacidad de respeto a lo que piensa y dice el otro se ha diluido. López Obrador está siendo un factor de consenso, pero paradójicamente de gran división. Sus opiniones y señalamientos son reinterpretados de singular forma por sus seguidores, y por quienes lo apoyan a través de las redes.

Hemos sido testigos y parte de lo que desde hace tiempo ha sido denostar y defender causas, sin que el razonamiento y las ideas prevalezcan. El insulto ya está entre nosotros como parte de nuestras relaciones.

Los riesgos de esto van creciendo, los insultos y la falta de respeto entre nosotros van a aumentar, lo que va a provocar, de hecho ya lo está provocando, que se incrementen las diferencias, que el clima se vaya enrareciendo aún más, y que se vayan diluyendo las posibilidades de entendernos.

Estamos entrando como sociedad en un callejón sin salida. Por una parte quienes quieren ver a López Obrador como eje de los males, exigen resultados como si fuera posible tenerlos en el poco tiempo que lleva en la Presidencia. Lo que no ayuda en esto al gobierno es su forma de responder y, sobre todo, concebir las cosas.

No tiene sentido que se la pase responsabilizando al pasado, al neoliberalismo, de todos los problemas que tenemos. El tiempo corre desde algunos meses a favor o en contra del gobierno, según se quiera ver.

Con el gran apoyo social que tiene el gobierno, a lo que se suma la mayoría que tiene en el Congreso, y el que se va construyendo en la Corte, López Obrador tiene una capacidad de maniobra que no se había tenido en el país en décadas. Quiere decir que los resultados se exigen con mayor prontitud, en razón de que tiene un control, hasta cierto punto inédito.

La intransigencia, de la cual ya le hemos estado hablando, ha ido creciendo y no hay indicador alguno de que vaya a desaparecer. El entorno no ayuda ni tantito, el propio Presidente mantiene un uso del lenguaje confrontativo que al ser reinterpretado, por los que están a favor y en contra, termina generando un clima poco propicio para el debate.

Lo que está echado a andar desde hace tiempo son los ataques entre los furibundos seguidores del Presidente y los anti-AMLO, y en el camino terminan por estar, a querer o no, los analistas, la crítica y la comentocracia. Todo está revuelto y no se ve que vaya a cambiar el estado de las cosas, da la impresión que así nos vamos a ir los seis años.

López Obrador no va cambiar ni el tono ni el estilo. Lo grave es que ante los escenarios que tenemos se van a ir perdiendo las posibilidades de encontrar vasos comunicantes. Van a prevalecer las confrontaciones, porque ante lo que hemos estado viendo y estamos viviendo hay ya una muy larga lista de agravios que no va ser nada fácil arreglar o componer.

Los comentarios de Brozo sobre la mañanera, y la reacción que ha provocado, muestran en lo que estamos. Es cuestión de revisar lo que ha pasado por los medios y las redes para percatarse cómo están las cosas entre nosotros. El “hilo” en Twitter de lo que se dice sobre lo que comentó Brozo es un todo contra todos en medio de enojos, insultos y el descrédito.

Para un país tan desigual en lo social y económico las confrontaciones pueden crear riesgos incontrolables, las redes ya lo están señalando.

Todo indica que así será todo el sexenio.

El serénense es para todos y por todos.

RESQUICIOS.

Es un acierto que el gobierno asuma como lo está haciendo el tema de las fosas clandestinas. Hacerlo es pensar en las víctimas y también en visibilizar lo que se ha querido esconder durante años. Las fosas son una consecuencia más de las erráticas políticas que se han instrumentado todos estos años.


Este artículo fue publicado en La Razón el 15 de mayo de 2019, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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