Cinque Terre

Pablo Majluf

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Periodista.

Asalto doctrinario

A nadie debe extrañar que los centros de pensamiento y ciencia en México estén bajo ataque. Las embestidas sistemáticas y sostenidas contra el Conacyt, la UNAM y el CIDE no son querellas meramente políticas, ni tampoco presupuestarias. Hay un poco de eso, sin duda: al interior de esas instituciones hay grupos de poder con intereses que incomodan al gobierno; acaso algunos perfiles en la cúpula de la UNAM son antagónicos al obradorismo, tal vez en el CIDE hay adeptos de los gobiernos de la transición, y en el Conacyt vínculos partidistas. Pero, al igual que la machacada austeridad, todo ello es trama coyuntural, pretextos para ocultar el trasfondo: una purga con tufo ideológico, de revolución cultural, de captura doctrinaria. Y ésa es la nota, al menos la que debería importarnos.

Bakal

Hay quienes sostienen que nada de esto podía imaginarse, al menos no en tal magnitud. Pero un análisis serio sobre las filas y filias del régimen revela suficientes inspiraciones revolucionarias. Hay ahí biografías de lo peorcito del jacobinismo. De eso se trataba “mandar al diablo a las instituciones”. Basta recordar que así fue la gestión en cultura y educación durante la jefatura de gobierno del líder, cuyas carteras quedaron en manos de ideólogos radicales como Enrique Semo y Raquel Sosa, quienes ven a éstas como parte de la superestructura burguesa. Además, decenas de programas y fondos fueron cancelados para remar todo a proselitismo clientelar.

No podemos ignorar que lo que sucede forma parte de un deliberado revisionismo demagógico de la historia. La promesa de campaña en materia educativa fue destruir la reforma de la mano del magisterio polpotiano, cambiar los libros de texto, y redactar una cartilla moral para adoctrinar niños y jóvenes. Esto –junto con los exhortos a España, la sustitución de estatuas, la propaganda monográfica, la modificación de fechas e hitos, el allanamiento del lenguaje– está perfectamente alineado con las pulsiones dogmáticas que hoy arremeten contra las instituciones educativas y de investigación. La tirada es dominar el discurso, contar los cuentos, cambiar los significados.

Le guardo un especial pendiente con la democracia a los doctos que no previeron que de eso se trata el populismo y aun le dieron una textura de admisibilidad, sobre todo a quienes pertenecen a las instituciones hoy atacadas. Ya está asentado que algunas élites académicas nos fallaron y se fallaron a sí mismas. Pero sobran razones para defender, más allá de los ingenuos, a las instituciones; no sólo por sus propias labores y patrimonios y acervos, sino porque está en juego algo mucho más delicado: las formas, lo permisible en el ejercicio del poder, las ideas, la democracia.

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