Cinque Terre

Óscar Constantino Gutierrez

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Doctor en Derecho por la Universidad San Pablo CEU de Madrid y catedrático universitario. Consultor en políticas públicas, contratos, Derecho Constitucional, Derecho de la Información y Derecho Administrativo.

Arturo Herrera: la María Antonieta de la 4T

He tomado la convicción de Jacob Palmer y no voy a llenar mi plato con la agenda lopista: como no deja de ser de interés público, sólo ocupará la mitad del espacio de esta colaboración.

Hoy el presidente perpetró su segundo desinforme y únicamente resaltaré una perla del joyero de Palacio: ante la ausencia del Fiscal General y el presidente de la Corte, López señaló que los tiempos han cambiado y que esos dos funcionarios hoy “tienen la ARROGANCIA de sentirse libres”. No es lapsus del presidente: es subconsciente que se revela.

De lo demás, basta con señalar que el caudillo tropical se mantiene en su realidad alterna. López dijo que todo va requetebién y volvió a saludar con sombrero ajeno: el de los estados y los contribuyentes.

Y, para no hacerle el juego al dictador de la agenda pública, hoy escribamos de algo que no le gusta a la secta informal del morenismo: las propuestas y acciones absurdas de Arturo Herrera, ocupante de la silla de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Lo de ocupante es un término preciso: al igual que en los peores tiempos del echeverrismo, la economía se maneja desde la Presidencia.

Pero esta indigna posición del okupa de Hacienda no demerita la estulticia de alguna de las sugerencias que ha cometido el secretario, incluso desde su anterior cargo y de las que hemos dado cuenta en esta columna: por ejemplo, el aciago episodio en el que el entonces subsecretario propuso el retorno de la tenencia y por el que López Obrador lo tundió en la mañanera.

Pongamos en su debida dimensión esta ocurrencia de Herrera: los malos economistas quieren resolver los problemas cobrando más impuestos, son como un adolescente que quiere mejorar sus finanzas con un aumento de mesada de sus progenitores. Obviamente, Arturo es un jovencito irresponsable y nosotros, los contribuyentes, somos sus padres.

FOTO: MOISÉS PABLO/CUARTOSCURO.COM

En esa lógica predatoria, Herrera, ya en su carácter de secretario emergente, nos recetó una medida del mismo corte estólido: activar los impuestos a servicios digitales en plena pandemia. Acudió al expediente facilón de sacar más sangre a los contribuyentes cautivos, en lugar de regularizar a la mitad de la Población Económicamente Activa (PEA), esa que no paga un peso de impuestos.

Y la metáfora de la sangre es precisa: Hacienda actúa como las sanguijuelas, mosquitos o vampiros, que viven y se reproducen mediante la succión a sus víctimas. También debe decirse que, al igual que sus colegas del mundo animal, el gobierno se beneficia de causar daño a sus presas. Ningún impuesto causa bienestar: algunos son un mal necesario y el resto son peores que la COVID-19.

La última ocurrencia nociva del secretario se dio durante la agonizante Conago, en la que Obrador le encargó plantear soluciones a la petición de un nuevo pacto fiscal, requerida por los gobernadores opositores. Herrera nos regaló otro sketch reciclado de su repertorio cómico: ¿los gobiernos locales quieren más recursos? Fácil: que cobren nuevos impuestos.

Si la propuesta cobrona de Herrera era ofensiva en tiempos normales, en época de pandemia es una reverenda mentada de madre. Sólo alguien extremadamente tonto podría respaldarla.

Con más de 12 millones de empleos perdidos, una caída de más de 17 puntos del PIB y un entorno mundial incierto, cobrar más impuestos equivale a ponerle sanguijuelas a un paciente agonizante.

Y, aunque a la nada inteligente secta morenista le disguste, la actitud de Herrera recuerda la leyenda (falsa) de María Antonieta, que relata un episodio en que la gente le dice que no tiene pan y ella les responde que coman pasteles. Lo del actual secretario de Hacienda no es un relato ficticio: a la petición, legítima y justa, de que a los estados les regresen un poco más de los recursos fiscales que generan, porque no hay dinero, Herrera respondió que cobren nuevos impuestos.

Las mejores prácticas internacionales deben ser consultadas cuando hay este tipo de problemas públicos: en España, de cada euro recaudado por IVA y el equivalente de su ISR, la nación se lleva 50 centavos y la otra mitad es para los gobiernos locales.

Y antes de que algún ignorante venga a decir que Cataluña se quiere independizar por recibir poco presupuesto, hay que recordarle que los estados mexicanos reciben menos porcentaje fiscal que los catalanes. Por cierto, los gobernadores mexicanos se conforman con un arreglo como el que tienen Cataluña o Andalucía, no esperan uno especial como el Euskadi.

Para México, la única receta adecuada es la contracíclica: apoyo a empresas y consumidores, redirección del gasto a infraestructura e I+D y, en la medida de lo posible, reducción de impuestos y trámites. Herrera le apuesta a todo lo contrario: a gastar como siempre y cobrar más que nunca. En economía es el equivalente de Hugo López-Gatell: un doctor muerte.

Planteado en breve: con este gobierno, si no nos morimos por la COVID-19, nos matarán con los impuestos.

Mientras Carlos Urzúa alcanzó su cargo por su categoría y trayectoria, Arturo Herrera lo mantiene por su abyección y falta de dignidad. Uno tiró el arpa porque no le dejaban trabajar, el otro soporta humillaciones presidenciales en público para mantenerse en el cargo. Por el bien de México, ojalá que Herrera recupere un gramo de dignidad y renuncie, porque si sigue aguardando una salida calculada como la de Urzúa, nos espera un largo rato antes de que lo inviten a la dirección de asuntos siderales en El Colegio de México…

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