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Arouet

Aprendiz de todo y experto en nada

Entre las tendencias baladí que regularmente hay en Twitter, ayer en la tarde una me llamó la atención, se refería a los cinco trabajos que hemos desempeñado; porque llevó a preguntarme sobre si hay alguna actividad en la que realmente haya sido bueno, y no, estoy convencido de que, como reza aquel dicho, he sido aprendiz de todo y experto en nada y eso se remonta a mi lejana infancia.

Creo que pocos jugaron canicas como un servidor suyo pero al mejor le llamamos Toñeca (que en gloria esté) por su capacidad para lanzar disparos de huesito o uñita en cualquier plano y hacer “chilas pelas sin su muerto” como se decía por ahí de los 70. Lo mismo me pasó con el futbol, incluso en la adolescencia tuve una breve incorporación en el futbol de alto nivel, pero en el barrio, allá en La Lagunilla fui uno del montón, bueno, bueno, según yo, desde la lateral izquierda, Raúl Cabañas o en la portería Andrés Magaña, el primero tenía una zurda enorme que nos hizo compararlo con J.J. Muñante y, al segundo, por sus lances espectaculares, con el Pajaríto Cortés. Y la cosa no varió con los madrazos, fui aferrado y gané dos o tres buenos tiros, por ejemplo contra Manuel “El Chaquetas” (háganme ustedes el favor con el apodo) y Néstor Gabriel Morales, un nerd que al paso de las años tantas maestrías y doctorados como campeonatos tiene el América, pero el caso es que a los diez años Raúl Cabañas me dio una chinga de perro bailarín, como entonces se decía.

Incluso, cuando estuve en la escolta, por allá en la escuela Luis Murillo de la Ciudad de México, no fui el abanderado sino quien daba las órdenes. Esto me conduce a la escuela; fui de los mejores pero nunca el mejor sino el ya mencionado Néstor en la primaria y Rosa Elvira Badillo Escobar, en la secundaria allá en Valle de Aragón, y de quien reproduzco su nombre completo para dejar testimonio de que es la primera mujer de la que me enamoré con locura. Por cierto, ustedes coincidirán conmigo en que nunca falta alguna maestra en primaria y secundaria que tiene el placer de hacernos pasar tremendos papelones bailando, en tablas gimnásticas o recitando, el caso es que a los 11 años me ganó un niño más feo que Memín con la bonita poesía de “Por qué me quité del vicio” y en la secundaria volví a perder claro, esta vez, con la sobrina de un profesor de la CNTE hace más de 35 años y quien desde entonces está en huelga por mejores condiciones de trabajo; quiero que quede claro que Memín y la muchacha de quienes olvidé sus nombres eran mejores, sin duda.

La única vez que estuve muy cerca de ser el mejor fue con el uso del idioma de la F, ¿Sefe afacufueferdafán? Pero Lucy, la mamá de mis dos hijos mayores, era mucho mejor para eso y para economía, historia y poesía, entre otros perfiles.

¿Bailar? Nací con dos pies izquierdos y de todos modos le entraba al ruedo pero Oney Cruz Colorado era el rey de las pistas para bailar música disco y ya después la charanga, digamos que en los cabaretes de mala muerte de las colonias Obrera y Buenos Aires gozaba de cierto prestigio pero más que por echar chancla por ser buen amigo de las amantes furtivas tanto en la noche misma del festejo como al otro día en la resaca, las pancitas de don Pepe son memorables. Fueron tiempos de estudiante y jardinero en el Hotel Kristal donde “Papá Meche” era el mejor, y también los años del grupo político en el CCH Naucalpan, en el Comité Estudiantil por la Representatividad, ¿el mejor para relacionarse con las personas, inteligente y carismático además de cantor? Sin duda fue Víctor Laison y el estratega, la persona más culta y brillante que he conocido y quien más ha influido en mi vida, Ricardo Becerra (léanlo, en serio, es de lo mejor en el país).

Pienso que soy un buen analista de medios, pero muy menor respecto del referente en estos temas, como lo es Raúl Trejo Delarbre, el profesional que más sabe al respecto, y lo mismo me para con el estudio de las telecomunicaciones, frente a Gerardo Soria, por ejemplo, entre otros expertos más como Gerardo Flores o José Yuste. También fui profesor y creo que nada malo pero sólo pienso en los maestros que he tenido como los mencionados Ricardo, Raúl o Gerardo y la cosa cobra una distancia sideral.

Qué decir de los editores, me encuentro entre los buenos, pero hay tantos y con un perfil tan acabado que no podría nombrar a menos de diez, entre Letras Libres o Nexos o además de los suplementos culturales de finales de los 80 en La Jornada y El Nacional, sólo por decir algunos. También creo que escribo bien, es más, que estoy dentro de los periodistas que lo hacen mejor, pero leo al ya mencionado Raúl Trejo, José Luis Martínez o Julio Patán y Rafael Pérez Gay son en realidad muy buenos, también entre los más destacados del país, tanto como lo son en ensayo el ya mencionado Ricardo Becerra, Fernando Escalante, José Woldenberg y Enrique Krauze.

¿Qué me queda? ¿Estar entre los mejores cocineros? No, y no sólo porque nadie va a superar la sopa de fideo con hígados y corazones de pollo de mi mamá, sino porque Arturo Lazcano, además de ser artista, guisa como los dioses (les recomiendo su bacalao). No lavo mal los trastes, a eso me dediqué cerca de los veinte en el hotel Century pero no me hago muchas ilusiones de ser el mejor. ¿El mejor vendedor de chácharas que también fui cuando tuve los veintitantos? Tampoco, el mejor le decíamos “El chacharitas”. También fui sonidero pero sin duda el más destacado es “La Changa”.

En lo dicho, he sido aprendiz de todo y experto en nada. Pero en el intento está la sal y la pimienta, sobre todo al aprender.

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