Joyeria de plata mexicana para cautivar
Cinque Terre

José Ramón López Rubí Calderón

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Politólogo, editor y consultor.

Andrés Manuel López Calderón

Siempre insisto en que AMLO no es progresista. No es –respecto al progresismo- sino un ignorante y un farsante. Él nos insulta, nosotros describámoslo. Es un político (no un misionero, un grillo) priista (no demócrata ni liberal ni de izquierda) con una parte “mocha” (socialconservador) y muy contradictorio (hoy tiene hasta una porción neoliberal), además de farsante e ignorante. Su ignorancia la ha demostrado más recientemente con su “ideario” económico, que sumado a no ser de izquierda y sí “caritativo” da como resultado una austeridad a la neoliberal. Su farsa es mucha y constante, al ser un grillo propio del priismo. El uso del discurso como tapadera de la realidad.

Una de sus farsas es la Guardia Nacional: es en esencia el ejército. Esa Guardia no ha podido, porque no puede ni podrá ser, la negación y superación de la estrategia “de seguridad” de Calderón. Por eso siempre dije que la estrategia obradorista no eran los “abrazos, no balazos” sino lo mismo que Calderón y Peña. El “descabezamiento” y el “control territorial” no son verdaderamente estrategias independientes y distintas, son realmente variaciones tácticas de la misma estrategia: mantener la Prohibición –con lo que se mantiene el negocio narco- y oponerse a ras de tierra a los narcos –o una parte de sus grupos- como eje de inseguridad y violencia, sea tomado como eje único o principal. Lo demás son ramas del mismo tronco. Y tal es el tronco de AMLO con otro discurso. Lo mismo pero disimulado, y un poco modificado. Pero lo mismo, y no mejorado, la misma esencia: “la guerra” continuada sin que por completo lo parezca. Para que el fanático lo crea. Para que el fanático no vea. Y el ingenuo tampoco. Que no vean cinco grandes hechos que son mis razones para hablar de continuidad esencial: varían los grados entre años pero continúan los riesgosos patrullajes militares por diversas zonas, continúan los decomisos de las satanizadas drogas, continúan los operativos como el mayor que por una u otra causa fracasó en Culiacán, continúa la “cooperación antinarcóticos” con Estados Unidos y su “guerra” federal, y fundamentalmente continúa la necia ilegalidad de las drogas, es decir, la Prohibición. Bajo su estilo, López Obrador conserva y continúa lo que explotó con Calderón. Y esto también es decir que López Obrador no aprendió sobre ningún fracaso, ni quería aprender. Porque no podía interesarle porque ni siquiera progresista es.

Pero eso no es todo: AMLO ha “avanzado” más en la misma dirección, esto es, ha retrocedido más: ha decretado formalmente la militarización de “las tareas de seguridad”, incluido el kafkiano “combate” al narco. Decreto con palabritas accesorias como pretendidos atenuantes y controladores de lo militar pero que, faltos de claridad y desarrollo, no significan nada bueno en una realidad como la nacional y sus inercias. No ha legalizado las drogas que con su ilegalidad fundamentan el negocio por el que pelean los violentos, aunque no sea lo único por lo que violentan, ha legalizado lo que ya se hacía y no se debía hacer. Legalizó lo que no se debía legalizar porque el problema no era que se hiciera sin pretextos de legalidad sino que se militarizara legalmente o no. Mala ley. A diferencia de lo que ahora dicen cortesanos malencarados como Eder Guevara, la acción calderonista no era equivocada por alegal, fue equivocada por peligrosa, contraproducente e ineficaz. Todo esto confirma que el apellido presidencial de Andrés Manuel es López Calderón y lo hace peor que sus antecesores. Peor porque ratifica la militarización de “la seguridad” y sigue llevando la militarización a muchos más ámbitos.

La “guerra” contra el narco/las drogas existía antes de Calderón, pues para empezar ya existía la Prohibición (como procurador delamadridista, Sergio García Ramírez llegó a hablar del narcotráfico como delito de lesa humanidad; los primeros escándalos de Bartlett vienen de las peleas narcas de los ochenta), pero Calderón escaló la estrategia prohibicionista-de fuerza militar, con su corrupción inseparable, y así escaló la violencia; Peña continuó; AMLO continuó la estrategia alterando el vestido y la intensidad y ahora ha puesto todo en su propia legalidad equivocada. Ninguna gran innovación institucional, ninguna audacia progresista. Ningún aprendizaje. Militarización, no su inicio sino su confirmación y formalización. Si el decreto no cae por la vía de la interpretación constitucional. Como sea, nunca será La Solución. La Historia, supuesta aliada del supuesto Transformador, se lo cobrará.


Referencias

https://www.etcetera.com.mx/opinion/lecciones-batalla-culiacan-sinaloa-narco-guerra/

https://www.etcetera.com.mx/opinion/amlo-es-conservador-guerra-contra-las-drogas/

https://www.etcetera.com.mx/opinion/amlo-razon-socialconservador/

 

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