Cinque Terre

Rubén Cortés

Periodista y narrador. Director General de La Razón

Anaya todavía no está perdido

Muchos consideran que Ricardo Anaya está acabado, porque perdió el momentum de su campaña, ante la necesidad de aclarar (un día sí y otro también) cómo se convirtió en un hombre adinerado, siendo que, en la actualidad, ser político y tener dinero es visto como una deformación.

Pero quizá estén errados: el atasco actual puede ser el punto de quiebre para que Anaya despeje todos los caminos hacia la Presidencia, al igual que se le despejaron a AMLO en 2004, luego de que el intento de desafuero lo victimizó ante el electorado.

 Y la solución para Anaya no está sólo en que logre deslindarse del caso de lavado de dinero de 54 millones de pesos, por la venta de una nave industrial a un empresario que está amparado ante cualquier acción de la justicia, y que tiene una alerta migratoria y una cita este martes en la PGR.

La solución para Anaya también está en que, quienes lo acusan, puedan involucrarlo formalmente en un delito y el asunto no quede solamente en una guerrita de lodo y de chispeantes videos en las redes, que demuestran la cercana amistad de Anaya con el presunto lavador.

 Porque si Anaya no es vinculado a proceso, y el asunto queda solamente en una guerrita de lodo y de chispeantes videos en las redes, que demuestran la cercana amistad de Anaya con el presunto lavador, entonces el candidato del PAN-PRD saldrá fortalecido.

 Y volvería a ser un contendiente formidable, por aquello de que lo que no mata… engorda. Sí, para no refinar el tema con la cita de Nietzsche: “Lo que no te mata te hiere de gravedad y te deja tan apaleado, que luego aceptas cualquier maltrato y te dices a ti mismo que eso te fortalece”.

 De hecho, antes del socavón por el caso Barreiro, Anaya se preocupó en extremo por trivializar su campaña, con discursos sin densidad intelectual, palomazos con Juan Zepeda, spots cantando y hasta aquello de subirse a una torre de sonido en medio de un acto.

 De manera paradójica, fueron las frivolidades lo que mejor le funcionó en la campaña (hasta el socavón por el caso Barreiro) a uno de nuestros políticos más estructurados en el manejo de la palabra hablada, en la esgrima verbal y el de mejores resultados hasta ahora en el debate.

 Fue quizá este rapto de frivolidad lo que hizo cavilar a Anaya que una campaña presidencial sería una fiesta y afirmar, ahora, que es víctima de una guerra sucia por parte del PRI porque él va adelante en las encuestas.

 Pero así son las campañas. Y cada día algunos candidatos las rebajan más. El error de Anaya fue creer que todo siempre sería…

 Una espotiza.


Este artículo fue publicado en La Razón el 27 de febrero de 2018, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.

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