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Antonio Limón López

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AMLO y sus beneficios colaterales

FOTO: MISAEL VALTIERRA / CUARTOSCURO.COM

Doce años después de perder por primera ocasión en 2006 –volvió a probar la derrota en 2012–, Andrés Manuel López Obrador no sólo encontró el camino de la victoria, sino que barrió a sus contrincantes. Obtuvo 30 millones de votos, el 52% del total de los emitidos, y sus tres competidores se dividieron tristemente la fracción residual. En el carro de la victoria subió a todos los candidatos que le juraron fidelidad eterna y capturó no solo el olivo de la victoria, sino un poder tan absoluto en los estados y en los congresos que ni Donald Trump lo tiene ahora, ni Obama lo tuvo jamás.

La inusual victoria de López Obrador, y por ende la inusual derrota de los partidos tradicionales, ofrece la posibilidad de obtener beneficios colaterales inesperados, pues ahora los partidos de siempre e incluso a MORENA (el partido creado por López Obrador), deben cambiar, pues todos adolecen de los mismos males: antidemocracia, caudillismo, dedazos, desprecio a las reglas del juego y acuerdos de espaldas de los militantes. Es claro que los partidos tradicionales han fracasado.

El mismo López Obrador se enfrenta al dilema tradicional, el de dar independencia a su partido o el de seguir siendo su dueño autoritario como es lo común. A partir del año próximo inician las elecciones locales y luego las federales en tres años, y en seis más MORENA tendrá que presentar candidato a suceder al propio López Obrador, por lo que es muy probable que MORENA sea otro partido ordinario, en especial porque la única argamasa que une a MORENA fue la de llevar a Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia. Sin embargo, aun siendo improbable el camino democrático, la necesidad de democratizar a MORENA es tan grande como lo es para los restantes partidos.

Otro beneficio colateral es el de poner fin a la demanda de los seguidores de López Obrador, pues durante 12 años han insistido momento a momento en su honestidad absoluta y en la corrupción de todos los demás; durante doce años López Obrador ha anunciado que obligaría a EU a un trato de igual a igual, que se pacificaría al país y se pondría fin a la delincuencia homicida sin necesidad de aplicar la fuerza del estado contra los delincuentes; ofreció que terminaría con la corrupción endémica sin necesidad de juzgar a nadie, solo con su ejemplo, prometió una República nacionalista, patriótica, amorosa, productiva, eficiente, transparente, donde todos tengan seguridad médica y social, donde todo el que quiera estudiar cuente con la puerta abierta de todas las universidades públicas, con trabajo e ingreso digno garantizado para todos y con una drástica reducción de impuestos.

Este segundo gran beneficio colateral pondría fin a la irritación social, al precio de que Andrés Manuel López Obrador gobierne, y que con ello ponga fin a todos nuestros grandes males, de “que lo dejen gobernar”, “porque ya le toca”, y así beneficiarnos todos o sufrir todos la decepción de que sea otro presidente ordinario, desbocado en las promesas y magro en los resultados.

Si todo sale bien, habremos cambiado y por fin caminaremos a la Democracia y al Buen Gobierno; si no salen las cosas bien, o volvemos al sentimiento de impotencia y frustración o bien tendremos que cambiar por nosotros mismos.

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