Cinque Terre

José Ramón López Rubí Calderón

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Politólogo, editor y consultor.

AMLO y su neoliberalismo fiscal. Primera parte

Como un pobre mago de circo, disfrazado de tragafuego, en una de las carrozas, entre payasos enharinados, chuscos, chalanes, trompetas, bombos y platillos.

Miguel Ángel Asturias, El hombre que lo tenía todo, todo, todo.

Dice que es liberal pero no hace ni dice nada a favor de la legalización de drogas (el verdadero final de la “guerra contra el narco”), ni del matrimonio gay (verdadera extensión igualitaria del matrimonio civil y del Estado ídem), ni del aborto con respaldo científico (feminismo verdadero). Dicen, en su contra, que es lo mismo que Cuba, el chavismo y ahora Pedro Castillo, sin entender ni querer entender que la coincidencia es en el populismo de la retórica pero no en la izquierda real: López Obrador no es, en la práctica, ni esa izquierda que no defiendo ni las izquierdas liberales, socialdemócratas y liberalsocialistas –Norberto Bobbio- que sí defiendo: AMLO está dentro del capitalismo a la PRI, no del socialismo ni del comunismo, y lo acompaña de un populismo conservador, autoritario y derechoso.

Con su pobre magia discursiva –favorecida por problemas sociales y la tendencia de tantos a buscar la confirmación imaginaria de prejuicios- el presidente ha engañado a muchos en la izquierda y la derecha. Más que a los hechos van a los dichos, y dan por hechos sólo esos dichos con los que creen demostrar que AMLO es la izquierda heroica y paradisiaca o la izquierda infernal y criminal. El engaño tiene muchas formas y lugares y así ocurre que el mexicano López Obrador sea visto por amantes y odiadores como lo mismo que el peruano Castillo porque éste, malinformado y en arrebato superficial, le copia a aquél la payasada de abandonar la residencia presidencial oficial; la “pequeña” diferencia es que Castillo dijo que abandona la residencia que es equivalente a la que López Obrador NO abandonó: uno saldría del palacio colonial y otro se mudó al palacio colonial; nuestro presidente vive y decide en un palacio mucho más lujoso que Los Pinos, un palacio adoptado en 1562 como sede del poder virreinal y que ha visto más representantes monárquicos que republicanos, y aun menos republicanos democráticos. Ya se ve: ¿idénticos AMLO y Castillo? No, ni en cuanto a vivienda… Las coincidencias serían algunas y más en discurso que en otra cosa. Otro engaño (es)pejista: la lucha contra el neoliberalismo.

Esa lucha existe principalmente en la retórica. No creo que López Obrador entienda bien qué es y qué no es el neoliberalismo, pero entiende que hablar en su contra sirve: sirve para engañar a muchos izquierdistas, para que lo apoyen, y a muchos derechistas, para que lo resistan derechistamente. A veces resulta muy cierto que lo que resiste apoya, como dijera Jesús Reyes Heroles, y comprarle todo el discurso a este presidente para resistirlo mediante el fundamentalismo antiizquierda le sirve para posar izquierdistamente, obtener relativamente la imagen de héroe histórico que anhela, pero ahorrándose el costo político y económico de llenar esa imagen de sustancia legislativa y de política pública, y para que se endurezca el apoyo de sus partidarios. La oposición que se cree más realista es la más funcional a las farsas presidenciales, por su enervamiento ante todas las críticas al neoliberalismo y por su antiizquierdismo excesivo e irracional incapaz de evitar simplismos y generalizaciones totales, es decir, incapaz de distinguir los tipos de izquierda y las responsabilidades históricas que les corresponden (por ejemplo, la desgracia soviética se debe a un tipo de izquierda y la alta calidad de vida escandinava se debe a otro tipo de izquierda). Creyentes de izquierda en la supuesta izquierda de AMLO y creyentes de derecha en lo mismo se abrazan en una creencia ramal: el presidente es antiliberal porque es antineoliberal. Unos y otros creen que el liberalismo es la defensa de la libertad de los ricos y/o los empresarios, lo que a unos les disgusta y otros les gusta, pero ninguno se da cuenta cabal de dos verdades: 1) el liberalismo no puede ser tal –si se le busca como entidad válida tanto lógica como empíricamente- si no es la libertad realizable y/o real de todos los individuos como individuos; 2) López Obrador no ha hecho ninguna reforma fiscal, por lo que conserva la fiscalidad neoliberal.

El presidente repite una y otra vez que cumple su promesa de no subir impuestos, como si fuera una promesa eminentemente de izquierda e inherentemente pro democracia. Pero si no sube impuestos a nadie, es obvio que no los sube a los más ricos, en tanto individuos ricos, con lo que protege su riqueza excesiva y conserva la estructura fiscal de lo que él mismo llama el periodo neoliberal. Si el neoliberalismo tiene una mano fiscal –una mano visible a favor de los más ricos, enguantada con la narrativa de menos impuestos para que inviertan más-, y a esa mano AMLO no le ha cortado ni un buen centímetro, ¿cómo es que ya nos sacó de “la larga noche neoliberal”? De hecho, ¿cómo salir de ahí sin una reforma fiscal adecuada? Y respecto al otro extremo: ¿cómo puede ser comunista o socialista o progresista ese gobernante al que critican si hace sobre impuestos casi exactamente lo mismo que los gobiernos que defienden?

Para sustituir de veras el modelo neoliberal –que no es lo mismo que salir del capitalismo- se necesita sustituir el modelo fiscal vigente. Dado que en el gobierno “antineoliberal” y “transformador” no se ha transformado la fiscalidad porque no se ha hecho ninguna intervención en el conjunto fiscal que lo remodele de fondo (no se ha hecho ninguna Reforma Fiscal), el modelo neoliberal no ha sido desmantelado y superado. Con eso, más algunas inercias “macro” de Hacienda, ahí está la dimensión neoliberal en la mezcla que es el muy contradictorio AMLO: su neoliberalismo fiscal. Es un priista populista con bastante conservadurismo social, un tanto de neoliberalismo y apenas una pizca de izquierda. La retórica es retórica y las creencias son creencias…

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