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Carlos Urdiales

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AMLO y la micro oposición

La acumulación de poder en Andrés Manuel López Obrador no cesa. Será el presidente más votado de la historia, Morena tendrá mayoría en 19 congresos locales, ganó cinco de las nueve gubernaturas disputadas y a nivel federal, al partido más joven y poderoso del espectro le hacen falta solo 14 senadores y 25 diputados para poder hacer sus propias contra-reformas estructurales.

Al tiempo que la 64 Legislatura se instaló, la oposición partidista se atomizó. Las alianzas derrotadas, mueren solas. El PRI apechuga su nueva dimensión legislativa. El PVEM, rémora de oficio, anuncia enésimo divorcio. Los camaleónicos verdes, antes azules, luego tricolores, ahora son morenos.

El senador-gobernador (machincuepa constitucional de por medio) de Chiapas, Manuel Velasco, próximo líder de su fracción en el Senado y Arturo Escobar, pastor de diputados ecologistas, van al abordaje sobre la nueva Arca de Noé; serviciales, garantizan la supervivencia de la franquicia. Nueva Alianza se evapora, en septiembre el INE decretará su liquidación. Del eje PRI-PVEM-Panal, tenue recuerdo queda.

Los antiguos regentes del frente PAN-PRD-MC, que prometían coalición para largo, colapsaron. El PRD rompe con los azules. La dirigencia perredista perfila un nuevo partido regional, cápsula de escape para el clan chilango. Agustín Basave, el último líder amarillo sin apetitos estelares, renunció igual que sus antecesores y Movimiento Ciudadano muda eje de rotación a Jalisco, allá concentra su nuevo poder y futuro.

El PAN brinda un espectáculo digno de carpa política. Ricardo Anaya, vía Damián Zepeda, vía Marcelo Torres, vía Marko Cortés, impone su Maximato.

Temporada abierta para el exterminio de los opositores al anayismo, renuncias y despidos sirven por igual, emprenden la limpieza étnica, o se está con Anaya y compañía y se pliega, o está contra ellos y asume las consecuencias. Nueve gobernadores y Rafael Moreno Valle conforman un frente anti-Anaya con Héctor Larios de abanderado.

Enlaces con grupos de poder azul marginados, capacidad operativa desde sus entidades y acceso a los medios para denostar y denunciar, conforman el arsenal con que intentan darle pelea al gandallismo instalado en el CEN panista, con control del padrón y sobre su Consejo Político. Si Larios y Moreno Valle pierden, el éxodo panista será mayúsculo. Otro contendiente llega vía sangre azul, el nieto del fundador del partido, Manuel Gómez Morín.

Todo abona a la concentración de poder en manos de Andrés Manuel López Obrador. Sus opositores se fragmentan, las luchas intestinas en las efímeras alianzas anti-AMLO les ahorran esfuerzos a los operadores políticos del próximo (casi presente) poder presidencial. Morena se hace aún más grande en San Lázaro y en el Senado, gracias a rebatingas ajenas.

Para la democracia nacional los riesgos por falta de contrapesos se incrementan. Lo que ya era mucho ahora, es más. La intención del Presidente electo de no mover la Constitución se confronta con la tentación de poder hacerlo. Todo gracias a esta nueva oposición, minúscula y sectaria.


Este artículo fue publicado en La Razón el 30 de agosto  de 2018, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

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