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Tere Vale

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AMLO, Nintendo y las neuronas

El presidente de México es sin duda un hombre que vive en el pasado. Sus quereres y modos de ver el mundo son de principios o cuando mucho mediados del siglo XX y es una persona, supongo por sus acciones y declaraciones, a la que le cuesta mucho trabajo estar al día y seguramente no se siente cómodo en el mundo digital.

Me lo imagino perfectamente como personaje de una película de la “era de oro” del cine nacional, díganme si no: las madres tienen que ser sufridas y abnegadas, los papás pueden tener sus “detalles”, pero son el sostén de la casa y se vale que sean medio borrachos y violentos, ¡pobrecitos…trabajan mucho! Los abuelitos y abuelitas deben aconsejar a los nieto-delincuentes para que dejen de serlo, ocuparse de la educación de los nietos, los niños deben ver a Cachirulo en Teatro Fantástico (debo decir que yo lo veía) y comer tortas de tamal (bien dietéticas) y no atreverse jamás a probar un gansito.

Y claro, lo más importante es ser pobre, serlo te define en ese mundo amliano como bueno y sabio y que los ricos o los que quieren superarse son malos, aspiracionistas, aman el cochino dinero y, desde luego, jamás lloran. AMLO, como Mussolini, se reputa como el general de los pobres. ¡No, pues sí!

Pero este fin de semana la cosa se puso seria cuando nuestro primer mandatario dijo que los videojuegos no deben ser vistos por los niños, ya que se han usado “para secuestrar”. Habría que informarle a López Obrador algunas cosillas. En el último tercio del siglo XX estalló formalmente esta revolución que se comenzó a gestar un poco antes de la segunda mitad del siglo pasado cuando aparecieron los videojuegos. Los niños del mundo se conmocionaron al sumergirse en este mundo, pero debo aclarar que el que salió ganando con esta nueva tecnología fue el gran jugador y héroe supremo de nuestro organismo: el cerebro.

En los años 80 cayó en mis manos el hoy odiado Súper Mario Bros de una empresa japonesa desconocida entonces: Nintendo. Fue tan grande el éxito de este que la compañía no pudo cumplir ese año con la demanda que existía de esta nueva forma de entretenimiento.

Hoy en día los videojuegos son un negocio que da empleo a más de 500,000 personas en todo el mundo y que genera beneficios anuales por miles de millones de dólares. Son una industria de dimensiones gigantescas que desde 2009 se ha convertido en uno de los sectores más importantes de la economía mundial.

Ferran Nadeu

Los videojuegos fueron una revolución no sólo tecnológica sino social, antropológica, psicológica y cultural, así como en el campo de la inteligencia artificial y la comunicación. Y es que cuando disfrutamos de los videojuegos, estamos ejercitando y haciendo aerobics con todo nuestro sistema nervioso central. Las destrezas motoras en esta actividad son muy importantes, es necesaria una coordinación visomotriz perfecta para jugar; la percepción visual, la constancia de forma, los aspectos figura fondo, están activados, alertas, expectantes. Nuestro cerebro necesita planificar y diseñar estrategias ingeniosas para disfrutar los desafíos de estas aventuras. La percepción auditiva también entra en juego, y las señales sonoras nos indican peligro, triunfo y éxito en la resolución de acertijos. El jugador debe de estar muy atento y concentrado si quiere experimentar la sensación de ser el ganador. Y eso aumenta muchas capacidades de los jugadores.

En diversos estudios publicados en revistas especializadas, neurocientíficos han analizado las resonancias magnéticas de más miles de adolescentes que jugaban videojuegos. Y lo que se ha encontrado es que los jugadores presentaron una mayor densidad en la materia gris del cerebro que aquellos a quienes les entusiasmaban menos las famosas plataformas. ¡Asombroso! Muchos de estos entretenimientos computacionales se emplean en clínicas y hospitales por sus beneficios psicobiológicos, especialmente en pacientes con demencia o Alzheimer en los que se ha visto que mejoran sus capacidades cognoscitivas. Y también se emplean como terapias de rehabilitación motora y psicopedagógica en niños con problemas de aprendizaje. Al fin se ha abandonado la idea de que estos juegos virtuales son sólo un entretenimiento tonto, y comienzan a ser vistos como lo que son, unas herramientas que potencian el desarrollo del cerebro humano.

No descarto que delincuentes hayan usado los videojuegos para cometer crímenes contra menores, pero prohibirlos sería equivalente a prohibir a los menores salir a la calle porque los han secuestrado o algo peor. Esto tiene un remedio: más seguridad en las calles y el ciberespacio, así que cumpla su trabajo, señor López ¡Urge!

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