Cinque Terre

José Ramón López Rubí Calderón

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Politólogo, editor y consultor.

¿AMLO ganó la elección?

El 6 de junio Andrés Manuel López Obrador no fue arrasado: retendría la mayoría “simple” de diputados y ganó varias gubernaturas, la mayoría de las que estaban en juego. No se puede decir con exactitud que haya sido El Gran Perdedor de la elección.

Y sin embargo…

Él tampoco arrasó: obtiene la mayoría simple sólo con partidos aliados, sobre todo si el “Verde” sigue siendo uno de ellos; Morena, por sí misma, no ganó esa mayoría, y el presidente perdió la mayoría calificada que en la Cámara de Diputados podía reunir sólo con aliados (aunque no le servía para reformar la Constitución). Es decir, López Obrador perdió dos mayorías diputadiles de 66 por ciento: la que tenía con Morena más otros partidos que ya eran sus aliados,  y la que su propio partido no ganó. Y así Morena perdió dos mayorías: la mayoría absoluta de 50+1 y la de 66 por ciento.

Las pérdidas/derrotas relativas a la mayoría calificada tienen dos significados: 1) el partido del presidente volvió a perder/no ganar, por segunda vez, la competencia para ganar dicha mayoría, como implican las elecciones de este año y las de 2018; 2) es absolutamente imposible que el verdadero obradorismo reforme la Constitución. Lo que de todos modos, repito, nunca pudieron hacer el presidente y su partido porque sólo tenían mayoría calificada en diputados con aliados, y para hacer reformas constitucionales se necesitan mayorías calificadas por cualquier vía —partido solo o con alianzas— en ambas cámaras; lo que a su vez quiere decir, más precisamente, que Morena y el presidente nunca han tenido y nunca han podido ganar la mayoría calificada en el Congreso de la Unión (diputados + senadores).

Cuartoscuro

Además, López Obrador no sólo no ganó todas las gubernaturas sino que perdió/no ganó muchas presidencias de municipios importantes, como Monterrey, Puebla, Guadalajara, León, Morelia y Veracruz, y la mayoría de las alcaldías de la Ciudad de México. Su estrategia de deslegitimación del Instituto Nacional Electoral (INE) no funcionó como esperaba: más de la mitad de los ciudadanos electores expresaron directa o indirectamente su confianza en el instituto. Casi 53 por ciento de los votantes potenciales salieron a votar, poco más de la mayoría absoluta (50+1) que no entiende el presidente. No pudo contra el INE y después de esta elección parece que no podrá.

La elección demuestra de nuevo que México aún es un régimen democrático, a pesar de todo, y que López Obrador y su gobierno no son el régimen, y Morena no es partido hegemónico (cuando se habla de partido hegemónico se habla de un partido, no de una coalición). Los resultados del 6 de junio hacen más probable que la democracia sobreviva. No prueban que estuviera consolidada ni que esté consolidándose; la supervivencia no es condición suficiente para la consolidación democrática, es condición necesaria para consolidar y mejorar un régimen democrático. Por eso importaba e importa tanto el proceso electoral de 2021.

Correlativamente, lo que se ha vuelto menos probable es que López Obrador y Morena destruyan la democracia y se transformen en el régimen de México y en partido hegemónico. Pero el riesgo no se ha extinguido… Ahí está 2024. Horizonte que afortunadamente se le ha nublado más al presidente.

¿Quién ganó la elección? ¿López Obrador? ¿La oposición? Diría que fue un casi-empate. Desde el punto de vista del presupuesto federal, ganaría el presidente, si los “verdes” no dan una sorpresa mayúscula. Desde el punto de vista de la Constitución vigente, ganó la oposición —y la Constitución misma. En impulso y momentum, me parece que también ganó o puede ganar la oposición. Si suponemos que en general ganó López Obrador, no ganó por mucho. Y lo “poco” que perdió significa mucho democráticamente.

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